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Fontana de Trevi

Bueno, bueno, bueno … ¡Con tanto viaje no me da tiempo a actualizar el blog de viajes! Mientras escribo algo pasable, me voy a inventar una categoria nueva por la cara: ¡topicazos por el mundo! ¿Os habeis sacado ya la foto que todos tenemos en ese sitio en particular? ¿y estabais haciendo lo mismo que todos los que os rodean? Pues no os corteis, posteadla aqui en los comentarios de las mias, que asi nos reimos juntos.

Empezamos con la Fontana de Trevi, en la que se baño Anita Edbger y a la que hay que tirar la tipica moneda para volver a Roma. Y funciona, ¡vaya que si funciona! Minimo dos viajes al año durante los últimos 3 o 4 xD

Eso si, para verla vosotros solos tendreis que ir a las tantas, en invierno y durante una ola de frio. ¡Pero esa foto tambien la tengo! 😀

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Sirvase usted mismo: Gasolineras romanas

Inagurando hoy una sección, porque tengo el timo calentito, niños y niñas, procedo a daros indicaciones de lo que NO debeis hacer o, si haceis de todos modos, al menos hagais advertidos. Y no, no es eso en lo que estais pensando sino … ¡LAS TOMADURAS DE PELO VIAJERAS! Y, si, muchas las he sufrido en carne propia y otras las he visto en primera persona, porque por mucho que uno corra siempre hay otro que va más deprisa, pero, aprended de mi experiencia y tened miedo. Muuucho miedo.

Empezamos en Roma, ciudad donde lo último que alguien con dos neuronas en términos conversacionales debe hacer es alquilar un coche. Y, aún asi, lo hacemos. Como todo el mundo sabe, devolver un coche al rent con el depósito a medio llenar puede costarnos no ya un ojo de la cara, sino incluso uno de esos organos pequeñajos que dan cosas acabadas en -ina (como la gasolina). Evidentemente, llenar fuera de Roma o dentro puede significar hasta 20 céntimos por litro, pero lo peor no es eso. Nooooo. Son … ELLOS.

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Normalmente, dentro de Roma no hay gasolineras de verdad, con sus chicles, y su anticongelante y todos sus complementos, sino surtidores automáticos que, agárrese usted, no valen para llenar, sino que dan el importe justo que uno le ha metido usando los billetes más planchados que tenga a mano en los bolsillos. Pero no están solas … Allí acechan … ¡los timadores gasolineros!

Cuando uno llega a la gasolinera, allí sentado está este especimen a la espera de su presa que, ingenua, piensa que el individuo en cuestión es un trabajador de los surtidores. Pero no. Es un tipo anónimo que, silla plegable en mano y chaleco reflectante de los chinos al cuerpo, se acopla allí todo el día y espera al conductor pardillo, explicándole como funciona el cacharro y solicitando amablemente que apoquine el dinero que pensaba meterle al depósito. Cuando acaba, ándense con ojo, el individuo le pedirá UNA PROPINA por algo que hubiera preferido hacer usted solo. Y cuidadito con escatimar, o el predador lo perseguirá por la via al grito de stronzzo hasta que pise el acelerador.

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Sin embargo, lo más grave no es eso. Los más avispados ya habrán notado el truco del asunto, pero una servidora se lo encontró por primera vez anteayer. Generalmente, con mi metro ochenta y pocos aprovecho cualquier parada de coche para salir y estirar piernas, con lo que suelo estar de frente al siniestro gasolinero mientras lleva a cabo su labor. Sin embargo, con el tormentón del Roma del día de todos los Santos y por aquello de que ya me había duchado ese día, mi compi de pardillaje y yo optamos por, ya que de la propina no nos salvaba ni el tato, permanecer en el interior del coche mientras este individuo introducía los 20 euretes que le habíamos dado para completar el depósito. Ni un minuto más tarde, toque a la ventanilla y

-“Presto”

-“¿Yaaaa?”

-“No se ha llenado”

-“No. Deme otros 20 euros”

Y, efectivamente, una comprobación del depósito muestra que apenas ha subido. Y aunque seamos medio tontos, no somos tontos del todo. Cuando uno no mira la cantidad que el sujeto en cuestión ha metido en el depósito mientras lo hace, la probabilidad de que la mayor parte de ésta vaya a parar a su bolsillo es directamente proporcional a la cara de extranjero que uno tenga. Asi que, niños y niñas, si vais a Roma rellenad el depósito ANTES de llegar a la ciudad en surtidores de los de toda la vida y, si no podeis evitarlo, hacedlo vosotros mismos y no acepteis jamás la ayuda de estos tipos. Y, si tampoco ésto podeis evitar, no despegueis la vista del indicador del surtidor durante todo el proceso. O, como última instancia, consolaros sabiendo que estais pagando la universidad de los hijos (de p***) de estos tipos.


Maravillas del Mundo (I): El Coliseo

Por aquello de tirar de lo obvio, hoy nos vamos de Maravillas del Mundo, para mostrar que no le guardo (demasiado) rencor a que no nos incluyeran la Alhambra en el grupo y metieran un pufo como el Cristo Redentor. Quejas a un lado, empezamos por el Coliseo en Roma, que para eso pilla a mano, ponen buena pasta y hablan parecido a nosotros, cosa que nunca está de más.

El Coliseo, con capacidad para 50000 espectadores, es el mayor de los anfiteatros que se construyó durante el Imperio Romano, en particular sobre el 70 dC bajo el imperio de Vespasiano. Ahí dentro hubo desde la clásica batalla de gladiadores hasta el papeo de reos por fieras corrupias, pasando por llenar el lugar de agua para jugar a los barquitos al estilo antiguo. Vamos, muy al estilo de la peli Gladiator que, curiosamente, da una imagen bastante acertada de como debió ser el lugar y, de hecho, lo del emperador Comodo dándose guantazos con los gladiadores es estrictamente cierto. Se calcula por encima que debieron de caer unas 500000 fieras y humanos en los juegos que se celebraron allí, para alegría y alborozo del público de la época.

En realidad, el anfiteatro se llama Flavio, por la familia de este emperador y Tito, que fueron los artífices, pero todo el mundo lo conoce como Coliseo por la gigantesca estatua dorada de Neron que se supone que estaba construida a su lado, el Coloso. Al Coloso lo transformaron en Apolo y otros tantos los que vinieron detrás de Nerón, por el sencillo procedimiento de cambiarle la cabeza por otra a tal uso y dejar el resto tal cual. Al menos hasta que alguien decidió darle mejor uso al bronce de que estaba fundido. Nerón, de hecho, básicamente había tirado de esa zona para hacerse un loft, la Domus Aurea, y quedarse con una buena parcelita en el centro de Roma, así que Vespasiano básicamente le devolvió el lugar al pueblo, tirando de donde había estado la piscina de éste.

Lo mejor del lugar para una servidora es la cantidad de cacharros, poleas y cuerdas que convirtió al lugar en un muestrario de la ingeniería de la época. Desde el hipogeo, una red de pasadizos debajo de la arena, se podían subir en plataformas tipo ascensor a golpe de fuerza hidraúlica los decorados, las fieras, los combatientes y lo que quiera que se le ocurriera al jefe de fiestas del momento. Por túnel, estaba conectado con la escuela de Gladiadores (Ludus Magnus) al otro lado de la calle. Como llenaron aquello de agua para las batallas navales, ya es algo que se me escapa.

El Coliseo ha sobrevivido rayos, incendios y terremotos, aunque lo ha llevado peor con los sucesivos constructores que pensaron que el mármol travertino y los piedrolos con que estaba hecho les vendrían de escándalo para su producción de VPO de la época. Aún se ven perfectamente los palcos del Emperador y las Vírgenes Vestales, el podium para los senadores y los maenianum primum para los equites y secumdum para plebeyos, así como los vomitoria, para salir a vaciar el estómago y poder seguir comiendo en el equivalente al botellón de la época.

El Coliseo está situado a distancia de paseo de San Giovanni Laterano y la tarta que llaman el palacio de Vittorio Emmanuelle, donde hay autobuses a cascoporro. Hay también comunicación con metro, pero es importante recordar que, como en Roma das una patada y te salen cuatro templos, el tema de los transbordos no está muy conseguido, asi que un paseito por el foro nos lleva hasta los autobuses mencionados y encima nos deja al lado de la plaza de Bernini, la loba capitolina y el Corte Trajano, el centro comercial de la epoca.

Es mi recomendación particular hacer la visita guiada, aunque cueste un pico más y no venga incluida en el multipase de la ciudad. La diferencia entre verlo con o sin explicaciones es bastante significativa.


Domus Sessoriana

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A la hora de visitar Italia, y más en particular, la Ciudad Eterna, la pregunta clave no es qué ver, sino dónde dormir, salvo que no nos importe que las cucarachas nos roben las sábanas o que la parada de metro más cercana se encuentre en Sebastopol. Y es que los hoteles romanos son, en general, caros, algo sucios y ubicados en las zonas más ingeniosas de la ciudad. Afortunadamente, a la última siempre va la vencida y hemos encontrado el bueno después de unos pocos cientos de intentos: el Domus Sessoriana. Situado a 100 metros escasos de San Giovanni Laterano, recibe automaticamente las 5 estrellas de la Guia Cris por limpio, chulo y bien situado. Ojo, no es barato desde un punto de vista absoluto, pero visto lo que se mueve por la ciudad, el precio es mas que adecuado.

Aquí, nuestro corresponsal Peula recibe el honor de presentarlo por hablar italiano y ser el más fotogénico:

A alguno le sonará la puerta, porque es donde se llevó a cabo la maratón de lectura de la Biblia en octubre del 2008. Sip, justo cuando nosotros estábamos allí, para no variar. Si alguien piensa que es demasiado bueno para ser cierto y que por dentro cambiará de registro (es decir, ha estado ya en Roma antes :P), aquí va la recepción:

Las habitaciones son un poco pequeñas, aunque muy limpias y decoradas con buen gusto, ya que el hotel aprovecha las estancias de un antiguo convento al lado de la iglesia de la Santa Croce. Además, así tiene unos pasillos de lo más interesante, aunque a veces de un poco de repelús imaginar a un crío con triciclo en los pasillos y las dos gemelitas vestidas de rojo invitándonos a jugar. Sobre todo, porque en Roma los fantasmas en los hoteles se pagan aparte, seguro.

Y, por si fuera poco, encima está en zona arqueológica y desde la terraza del último piso tenemos este pedazo de vistas.