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Maravillas del Mundo (II): Petra

Basicamente porque estuve alli en Semana Santa, hoy nos vamos a Petra, la ciudad que sale en todas las pelis desde Indiana Jones y la Ultima Cruzada.

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Petra es la capital del antiguo reino nabateo, fundada en el VII aC, y se llama asi, no por estar construida con Piedra sino esculpida en ella. Se encuentra en Jordania, al este del valle de la Aravá y sus edificios mas conocidos son el Khazneh (el Tesoro) y el Deir (el Monasterio), este ultimo despues de chorrocientos escalones empinados.

La ciudad tuvo un gran auge comercial, gracias a las caravanas que llevaban incienso, especias y otros productos de lujo entre Siria, Egipto, Arabia y el sur del Mediterraneo. En el siglo I se anexionó -a la fuerza, claro- por el imperio romano, pero en el VIII, debido a terremotos y al abandono de rutas, se abandono el asentamiento hasta que en 1812 la encontro Johann Ludwig Burckhardt, si bien la poblacion local sabia de su existencia.

El tesoro

El monasterio

Petra tiene también una visita nocturna en días alternos de la semana. La visita incluye un espectáculo que no aporta gran cosa, pero sólo el entorno vale la pena. Eso sí, hay que caminar a oscuras todo el trecho hasta el Tesoro y sólo se visita eso.

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Maravillas del Mundo (I): El Coliseo

Por aquello de tirar de lo obvio, hoy nos vamos de Maravillas del Mundo, para mostrar que no le guardo (demasiado) rencor a que no nos incluyeran la Alhambra en el grupo y metieran un pufo como el Cristo Redentor. Quejas a un lado, empezamos por el Coliseo en Roma, que para eso pilla a mano, ponen buena pasta y hablan parecido a nosotros, cosa que nunca está de más.

El Coliseo, con capacidad para 50000 espectadores, es el mayor de los anfiteatros que se construyó durante el Imperio Romano, en particular sobre el 70 dC bajo el imperio de Vespasiano. Ahí dentro hubo desde la clásica batalla de gladiadores hasta el papeo de reos por fieras corrupias, pasando por llenar el lugar de agua para jugar a los barquitos al estilo antiguo. Vamos, muy al estilo de la peli Gladiator que, curiosamente, da una imagen bastante acertada de como debió ser el lugar y, de hecho, lo del emperador Comodo dándose guantazos con los gladiadores es estrictamente cierto. Se calcula por encima que debieron de caer unas 500000 fieras y humanos en los juegos que se celebraron allí, para alegría y alborozo del público de la época.

En realidad, el anfiteatro se llama Flavio, por la familia de este emperador y Tito, que fueron los artífices, pero todo el mundo lo conoce como Coliseo por la gigantesca estatua dorada de Neron que se supone que estaba construida a su lado, el Coloso. Al Coloso lo transformaron en Apolo y otros tantos los que vinieron detrás de Nerón, por el sencillo procedimiento de cambiarle la cabeza por otra a tal uso y dejar el resto tal cual. Al menos hasta que alguien decidió darle mejor uso al bronce de que estaba fundido. Nerón, de hecho, básicamente había tirado de esa zona para hacerse un loft, la Domus Aurea, y quedarse con una buena parcelita en el centro de Roma, así que Vespasiano básicamente le devolvió el lugar al pueblo, tirando de donde había estado la piscina de éste.

Lo mejor del lugar para una servidora es la cantidad de cacharros, poleas y cuerdas que convirtió al lugar en un muestrario de la ingeniería de la época. Desde el hipogeo, una red de pasadizos debajo de la arena, se podían subir en plataformas tipo ascensor a golpe de fuerza hidraúlica los decorados, las fieras, los combatientes y lo que quiera que se le ocurriera al jefe de fiestas del momento. Por túnel, estaba conectado con la escuela de Gladiadores (Ludus Magnus) al otro lado de la calle. Como llenaron aquello de agua para las batallas navales, ya es algo que se me escapa.

El Coliseo ha sobrevivido rayos, incendios y terremotos, aunque lo ha llevado peor con los sucesivos constructores que pensaron que el mármol travertino y los piedrolos con que estaba hecho les vendrían de escándalo para su producción de VPO de la época. Aún se ven perfectamente los palcos del Emperador y las Vírgenes Vestales, el podium para los senadores y los maenianum primum para los equites y secumdum para plebeyos, así como los vomitoria, para salir a vaciar el estómago y poder seguir comiendo en el equivalente al botellón de la época.

El Coliseo está situado a distancia de paseo de San Giovanni Laterano y la tarta que llaman el palacio de Vittorio Emmanuelle, donde hay autobuses a cascoporro. Hay también comunicación con metro, pero es importante recordar que, como en Roma das una patada y te salen cuatro templos, el tema de los transbordos no está muy conseguido, asi que un paseito por el foro nos lleva hasta los autobuses mencionados y encima nos deja al lado de la plaza de Bernini, la loba capitolina y el Corte Trajano, el centro comercial de la epoca.

Es mi recomendación particular hacer la visita guiada, aunque cueste un pico más y no venga incluida en el multipase de la ciudad. La diferencia entre verlo con o sin explicaciones es bastante significativa.


Cuadernos de viaje: Camboya (III)

Y, por ultimo en esta serie, una de las nuevas maravillas del mundo: ¡Angkor Wat!