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Reino Unido (XXVII): Up, into the Skye!!

Una vez superada Inverness, el siguiente destino lo suponían las Hébridas, empezando por Skye no sólo porque pillaba más a mano sino por tener un nombre tan bonito.

Las Hébridas, en la escarpada costa oeste escocesa, tienen una población aproximada de 80000 personas, en su mayoría pescadores. Alrededor del siglo XIX, para acelerar su crecimiento económico, en una decisión muy británica se desalojó a los habitantes más pobres, que fueron mayormente sustituidos por inmigrantes galeses. En la práctica lo que se cosiguió es despoblarlas bastante, lo que, no obstante, las hace un lugar muy agradable de visitar. En general, los ferry hacia las islas son gratuitos y salen con frecuencia, lo que facilitó mucho acercarse a Skye en cuanto nos apeamos del tren. Justo estabamos en el ferry cruzando hacia Skye cuando, de repente, una voz nos llamo la atención desde la otra punta de la cabina.

-¡Merr-se-desss, Merr-se-desss!

Aquello comenzaba a rayar lo kafkiano. Es decir, pase que en Granada la muchacha conozca a todo el mundo: cabe dentro de lo normal ya que, al mejor estilo de las novelas de Garcia Marquez, está emparentada de una u otra forma con las tres cuartas partes de sus habitantes, pero allí, en mitad de ninguna parte… Es así que McLaren y yo observamos de hito en hito a un señor en tweed y en edad de biznietos engancharse en una animada conversación con nuestra amiga, que en estas situaciones se encuentra en su salsa. Resultó, ni más ni menos, que el hombre, a quien Mercedes no había visto en su vida, había sido durante una brevísima visita a España, un pretendiente de una tía-abuela suya que, además de parecerse terriblemente, en virtud a la evidencia, a su sobrina-nieta, resultaba llamarse igual. En aquella época, pretendiente venía a ser algo así como acompañarla a misa junto a toda la familia los domingos, pero se ve que la mujer le dejó huella. A mi la gente más bien intenta olvidarme rápido …

El caso es que encuentros inesperados aparte, pronto nos encontramos en la isla. Se supone que se formó a partir de la lava de una antiquísima erupción -posiblemente del Hekla- entre el continente y lo que más tarde se convertiría en Islandia y, de hecho, sus montañas de Cuillin son de piedra porosa volcánica.

Los primeros pobladores de Skye fueron muy probablemente grupos reducidos de monjes celtas, pero muy pronto fueron desplazados por vikingos noruegos allá por el 800 dC. Los vikingos, en lugar de dedicarse al pillaje como corresponde a honrados piratas, estaban buscando establecerse en otros lares y tenían en su punto de mira Islandia, así que las Hébridas les pillaban sumamente cómodas para hacer escala. El hecho de que predominara la cultura gaélica en la zona se debe probablemente a que las esposas de los noruegos eran locales y, por tanto, los niños crecían hablando gaélico [37]. No obstante, todavía quedan por ahí nombres noruegos en la isla, como Os, Eyre o Uig.

La isla de Skye, dado su tamaño, tiene también asociada una buena dosis de folklore. Sirva como ejemplo la leyenda del ganado de Gesto, que las hadas regalaron a Murdo McLeod en 1365 por haber salvado el antiguo Dun Taimh de la destrucción cuando uno de sus hombres intentó tomar piedras del fuerte para construir un establo nuevo. Las hadas que vivían debajo le obsequiaron con suficientes animales como para llenar el establo [38]: 50 vacas blancas lanudas de las Tierras Altas con cuernos negros que durarían 500 años. Eso es una garantía y no lo de los electrodomésticos. Skye también tiene su dosis de monstruos acuáticos -en los lagos Scavaig y Brittle-, el hombre de piedra de Storr, en Trotternish, petrificado al parecer por un par de ogros un tanto antisociales.

Abundan además los puentes de hadas. El más conocido tal vez es el Beul-Ath nan Tri Allt, camino de Dunvegan, que repele al ganado. Allí, el cuarto jefe de los McLeod, Ian Ciar, se casó con un hada. Esta costumbre era típica en las hadas ya que, según la tradición, perdieron con el tiempo la capacidad de procrear y recurrían a emparejarse con humanos. Con muchos humanos. Al cumplir un año su primer hijo el hada volvió con los suyos. Ian Ciar la acompañó hasta el puente Beul-Ath nan Tri Allt y le suplicó que no lo abandonara, pero ella se negó. Sin embargo, le entregó una pieza de seda, encomendándole que la agitase caso de encontrarse en peligro él o los suyos. No obstante, no debería usarla una tercera vez so pena de traer desgracia a su clan. Un año más tarde, regresaría para llevarse a su hijo mientras Ian Ciar estaba en una batalla. Desde entonces, los McLeod siempre llevaron la seda a sus combates, si bien se supone que la han agitado sólo dos veces hasta la fecha. La bandera se conserva aún en Dun Beaghan.

Cuando nosotras nos dejamos caer por Skye, hacía un frío que pelaba y estaba lloviendo a intervalos (es decir, lo normal en esa zona), así que no pudimos apreciar el paisaje tanto como me hubiera gustado. Lo que si apreciamos en su justa medida fue una especie de salón de piedra donde servían te y unos scones buenísimos que nos sentaron de escándalo. Skye es sobre todo, territorio de los McDonald de las islas, a pesar de compartir Duirinish con los McLeod que, siendo inmortales, es mejor no desalojar. Es así que aquella cafetería tan fashion no podía referirse como otra cosa que … en fin, McDonald. Esto hizo terriblemente difícil explicarle a la gente que hacía tan fantástico aquel sitio. En particular, porque costaba hacerse entender por encima de sus carcajadas. Supongo que sólo nos faltaba la cesta con las gallinas para convertirnos en la version sureña de Paco Martinez Soria. Nos dió igual. Como comprobaríamos más tarde, es más fácil tomarse las cosas a guasa con el estómago lleno.

¡Maldito, maldito verano escoces!


(37)¡Ya sabeis quien llevaba los pantalones en casa, chicos!
(38)El misterio real de este asunto es: ¿y para qué construía un establo nuevo sin tener desde el principio animales con que llenarlo? Cabe preguntarse si McLeod no sabía desde el principio los inquilinos que tenía en sus tierras.

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