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Hacia las Torres del Payne

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Se ve que hacía tiempo que no iba de montaña y se me había olvidado, porque el caso es que de verdad que cuando tuve la oportunidad de acercarme a la Patagonia hace poco, subir al mirador de las Torres me pareció una idea buenísima. Y eso dice mucho más de mi que de la excursión en si. Muy, muy complicado no es que sea, yo iba en vaqueros y zapatos (Panama Jack de suela gruesa, eso si) y con un chubasquero lo peor del viento se quita. Pero, vaya, a la tercera hora trepando pendientes empieza uno a plantearse que en foto también se ve muy bonito. Y desde tu sillón.

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El camino (para arriba) arranca desde el Hotel/Refugio las Torres, última parada con baños y cafetería para el intrépido visitante. Intrépido el que se atreva a tomar algo allí, porque una cervecita local viene a salir por 12 euros. Alegría para el cuerpo. El camino hasta el hotel, eso si, es bien chulo y en las proximidades hay bastantes guanacos, así que atentos a las proximidades de la carretera (por así llamarla).

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Y ahora viene la parte divertida: el caminito hasta el Mirador. Y que conste que considero esto publicidad engañosa; mirador suena así como novela de Jane Austen, que te acercas dando un paseito agradable con flores, pajaritos y una copa de champán a apoyarte en una barandilla y decir “qué bonito, qué bonito”. Hombre, lo de bonito es cierto, pero no llegas a decirlo porque necesitas los pulmones para intentar respirar después de la última subida. Y digo la última porque hay un desnivel de más de 700 metros a salvar en tres cómodos tramos: del hotel al refugio chileno, desde ahí al campamento de las Torres y -unas risas- los 480 metros finales, ligeramente empinadillos, por decir algo.

Total, 8 kilómetros, de los cuales 3 son razonablemente llanos (16, si tienes idea de volver y tal). Tiempo medio estimado 8 horitas ida y vuelta. Aunque hay riachuelos a partir del segundo tramo, imprescindible botella de agua y bocata de jamón.

El primer tramo es sencillo (o eso te parecerá más adelante): básicamente se trata de salvar una primera subida de unos 300 metros por la ladera de una montaña. Al principio parece un caminito rupestre muy mono, de esos de llevarse mantel de cuadritos y cesta, pero no nos engañemos, en cuanto se pierde de vista el Hotel, viene la gravilla. Y se va a quedar un buen rato, me temo. Este terreno resbala bastante, como comprobarán los que siempre que piensan en andar por el campo se calzan unas zapatillas de deporte. Cuidando los tobillos, lo peor que puede pasar es un culetazo o rasparse manos y rodillas. Por lo demás, es una subida constante hasta llegar al Refugio Chileno. Buenas vistas a derecha e izquierda, pero casi mejor mantener la vista en el suelo cuando sea posible.

El tramo del Refugio Chileno le gustará a todos los que no estén en super-forma (yo misma) porque es básicamente llano y transcurre en el interior de un bosquecillo, es decir, ni frío ni viento excesivo. Para que uno se confíe, vamos. Este tramo tiene la dificultad habitual del típico paseo por el bosque: zonas húmedas que resbalan, raíces que sobresalen, etc, etc. Empieza a haber riachuelos más arriba y hay un par de puentes que recomiendan pasar de uno en uno. Estos son tus 3 km en llano, así que disfrútalos. Falta te hará luego.

Ultima etapa: el subidón. En fin, ya para lo que queda una se resigna a subir. Aunque pinta regulera. A mi en particular que me gusta más trepar rocas que subir caminos empinados no me pareció lo peor, pero aquí hay una pendiente respetable y más vale que el calzado sea medianamente bueno. Lo peor, sin duda, el viento. Hay zonas donde te arranca del suelo si te descuidas (y eso que yo no soy precisamente tamaño XS). Recomendables gafas de sol, más que por el sol, porque te vas a hinchar de comer polvo y piedrecillas gracias al viento antes mencionado. Y la temperatura será más baja que en el resto de las etapas, así que si vas a pararte a tomarte el bocata, una de dos: espera hasta el lago del mirador y te refugias debajo de alguna de las lajas de piedra que hay por allí o antes de subir o a la bajada déjate caer por el refugio de las torres, que está dentro de un bosquecillo que para bastante el aire.

Llegados a este punto, me gustaría poder decir que no vale la pena y ahorraros el mal rato, pero para que nos vamos a engañar …

Eso si, aunque no lo parezca aquí arriba hay más gente que en la guerra, así que no penséis que va a ser una experiencia zen de meditación y paz. Lo normal es que haya tres excursiones de chiquillos (en mejor forma que nosotros, evidentemente) un escuadrón de gente sacándose selfies y el típico batallón de abuelos alemanes que sube las paredes de roca caminando en vertical. Aún así, un gustazo.

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Y, para el que crea que bajar es fácil, recordarle que tenemos unas cosas que se llaman rodillas y que van a soportar nuestro peso entero, enterito, entero, durante las próximas 3 horas y pico. Por no hablar de los tobillos y los alegres resbalones que nos vamos a echar, sobre todo ahora que las piernas han decidido que ya hemos abusado bastante y que ahora haga el trabajo otro músculo.

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En resumen, 6 horas 20 minutos de diversión. Creo que me gané una cerveza de las de 12 pavos. O, por lo menos, me la eché sin remordimientos. No os perdáis esta excursión. Es estupenda.


Cuadernos de viaje: Pascua (III)

Hoy dentro de la sección de Cuadernos de viaje, seguimos con la Isla de Pascua, en Chile. En este caso, con los sombreros de los moai, que se pueden ver en varios sitios de la isla.

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En realidad, parece ser que no se trata de sombreros, sino de la representación del cabello rojo de los pobladores, lo que se observa mucho mejor en color.

Moai con sombrero

En muchos casos, el “sombrero” se ha caido del moai o se rompió cuando fueron derribados y no se ha podido recolocar al levantarlos, pero parece ser que era habitual que lo llevaran todos, de ahí las cabezas planas.

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4500 en los Andes

Chile, como pais que se ha quedado con toda la playa del oeste de sudamérica, es uno de esos sitios que hay que ver por partes, y una parte divertida es cruzar (parte de) el desierto de Atacama en 4×4 y ver que pasa. En particular, se puede empezar en la frontera con Peru, subiendo hasta el lago Chungará. Cuidado, eso si, con donde alquilais el coche, amiguitos. Lo barato aquí se paga caro.

Chungará es uno de los lagos más altos del mundo, junto al volcán Parinacota (6,348 m.) y el Pomerape (6,222 m. de ná). Es bonito como él solo, pero recordad que si subís del nivel del mar, hay que parar cada cierto tiempo para ir aclimatándose a las alturas y tomarse un tecito de coca. Aún así, servidora se apunó tanto que tuvieron que untarme en aguardiente (por fuera y por dentro) para que pudiera ponerme de pie lo justo para una foto (y aprovecharon para venderme todo lo que pillaron, claro está). La zona tiene pueblos andinos muy chulos y llamas y alpacas por el camino.

También en los cuatromiles, cerca del pueblito de San Pedro de Atacama, increiblemente bien preparado para el turismo (alternativo), se encuentra El Tatio(el agüelo), con más de 80 geiseres activos, el tercer campo de este tipo más grande del mundo después de Yellowstone, USA, y Dolina Giezerov, Russia. Y está bastante más alto que esos dos. Lo malo es que la hora buena para verlo es el amanecer, que es cuando más suben los chorros y cuando, al menos cuando estuve yo, se puede encontrar una a 25 bajo cero y sin ninguna alegria. Hay que subir en caravana, en oscuridad casi absoluta y por una carretera regulera para llegar a esa hora, lo que supone arrancar como a las 4 de la mañana. El espectáculo, congelación aparte, lo merece, e incluso se puede calentar una un cafelillo en los vapores y aguas termales si va preparada.


Playas en Rapa Nui

Siguiendo con la linea de cosas en la Isla de Pascua, ¿alguien ha oido lo de que las costas del norte de las islas son pedregosas y agrestes y en las del sur hay unas playazas de morirse? Pues es completamente cierto. Y para muestra, un boton. Aqui va un video de la costa norte de Pascua

Y aqui la Playa Prometida, en el sur:

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¡Ya sabeis donde bañaros gente! Lo malo es que los tiburones lo sepan tambien 😀


Cuadernos de viaje: Pascua (II)

Por lo visto, en toda la isla de Pascua hay un único moai que mira hacia el mar, cerca de la única ciudad -por asi llamarla- del lugar.

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El tema tiene cierto sentido, ya que los moais eran considerados protectores de los enclaves poblados y, por tanto, miraban sobre aquello a lo que protegían. Esto llegaba al punto de que sólo se le ponían los ojos una vez ya estaban instalados en su destino, para evitar que vieran nada antes de su poblado.

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Logicamente, antes de atacar un enclave lo natural es desprotegerlo, por lo que cuando las tribus se enfrentaron debido a la falta de alimento, tumbaron a consciencia los moais de sus enemigos. Por este motivo, la mayoría están caidos o, si se han erigido de nuevo, tienen el cuello roto.

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Cuadernos de viaje: Pascua (I)

Puestos a ir a sitios raros, y aprovechando unos dias de curro en Santiago, no hay mejor lugar que visitar que la famosa isla de Pascua, donde no hay conejos con huevos de chocolate, pero si moais como los de las peliculas.

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Si es por moais por lo que estamos alli, hay que visitar Rano Raraku, donde se esculpian los bichos estos. Se estima que se llegaron a tallar hasta unos 1000, de los cuales quedan in-situ unos 400. Por lo que vi por alli, se tallaban tumbados y luego, para detallar las caras, se hacian rodar hasta un agujero, donde se enterraban hasta la altura de la cabeza.

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Una vez tallados, se hacian rodar sobre troncos hasta donde encartara, sistema por el cual se agotaron, o eso cuentan, los bosques de la isla y dejaron al personal con mas piedra que manduca.

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Rano Raraku esta emplazado en un crater, en alto y desde derca del punto desde donde se puede ver todo el contorno de la isla.

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Navidades mexicanas

Hace unos años, tuve la ocasión de ir a Mexico por navidad, y, la verdad, fue estupendo. Espero tener la ocasión de ir allá el día de los Muertos uno de estos años, porque lo más cerca que he conseguido estar por esas fechas es en San Diego y no es igual. Esta es una acuarela de Taxco, un pueblo cercano a las famosas minas de plata y cuyas calles estaban llenas de guirnaldas navideñas.

Y, aunque de esto por razones obvias no hay acuarelas, nada mejor que celebrar las navidades con bebidas de colorines. ¡Tequila Sunrise y villancicos para todos!

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