Archivo de la categoría: San Petersburgo

Cuadernos de viaje: San Petersburgo (II)

Por ir actualizando un poco, voy a subir otros tres dibujetes de San Petersburgo: dos a rotulador y una acuarela

Este primero está hecho desde los canales.Al igual que Venecia o Amsterdam, San Petersburgo está rasgado por canales navegables y un clásico del turisteo es coger el típico barquito para que te den un garbeo. Aunque no está a la altura de Venecia para mi gusto, si que merece la pena, sobre todo a partir de la incorporación al Neva.

 

Y hablando del Neva, aquí tenemos el shore line, con su submarino y todo, que resulta que cuando estuve por allí era el día de la Marina y estaba todo lleno de barcos, acorazados, submarinos y, como no, marineros.

Este último es uno de mis favoritos, aunque está hecho en 10 minutos. Se trata de la Catedral de Kazan, en pleno centro de la ciudad. No es que sea un edificio particularmente chulo, pero tiene unos claro-oscuros muy interesantes a la hora de abocetarlo.

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Cuadernos de viaje: San Petersburgo (I)

Si, lo reconozco, estoy hecha una floja y no escribo nada últimamente en el blog, pero así termine con unas cuantas cosas del curro me pondré al día. Mientras tanto, os dejo con una nueva entrega de mis cuadernos de viaje, que ahí hay que escribir poco.

El primero es el Hermitage, probablemente el museo más famoso de Rusia. Está ubicado en lo que era el Palacio de Invierno hasta que invitaron a los Romanov a una ración de plomo del bueno aprovechando que el clima tenía la ciudad aislada del campo, donde estaban la mayoría de sus partidarios. Tiene una colección impresionante, pero no tan rusa como otros museos de Moscú. En general, de hecho, San Petersburgo es bastante europea.

Esta es la calle principal de San Petersburgo, donde están la mayoría de comercios, negocios y, en particular, la carísima cafetería de la librería desde donde hice este dibujo, que no le recomiendo a nadie que no sufra de alguna adicción masoquista a los bandoleros. Bonita si que es, pero casi mejor verla de fuera.

El monumento más llamativo de la ciudad es, muy probablemente, la catedral de la Sangre Derramada o, como suelen llamarla los turistas, de la cebolla, por motivos obvios. El nombre le viene por un atentado al zar de turno que tuvo lugar en la zona. Aunque está más chula por fuera que por dentro, merece la pena entrar. Y hasta se puede uno comprar recortables del edificio de esos que se hacen sin tijeras ni pegamento (aunque con mucha, muuuucha paciencia)