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Cuadernos de viaje: Turquía

Para abrir la semana, os dejo uno de mis cuadernos de viaje completos: Turquía. Siempre había tenido ganas de ver la Capadocia, pero al final la sorpresa fue Estambul, que me gustó mucho más de lo que esperaba. ¡Me lo apunto para volver!


Dibujando en Turquía

Buff, hace siglos que no actualizo esto, con aquello de que hay que trabajar para comer y todas esas cosas. Voy a intentar retomar las buenas costumbres y, por lo menos con cierta frecuencia, dejar constancia de por donde voy dejándome caer estos tiempos.

Para coger velocidad y arrancar, voy a empezar con algo fácil: mi cuaderno de viaje de este verano, de los días que eché en Turquía, desde la Capadocia hasta Estambul. A pesar del calor, una ruta interesante, si bien claramente mejor si la hace uno por su cuenta en lugar de en viaje organizado. Sobre viajes organizados ya hablaré más adelante …


De comilona en Shanghai

Una de las cosas que primero os dirán en Salud Exterior cuando tireis para China es que no tomeis agua, ni alimentos frescos, ni nada que compreis de los puestos de la calle. Y en lo del agua se puede uno apañar, pero la mitad de la gracia de ir a un sitio distinto es probar lo que por allí se cuece, en este caso literalmente. Y es que la comida china de verdad es de toma pan y moja, nunca mejor dicho. A los que no soportan el picante hay que recomendarles que esquiven los platos cantoneses y a los que lo adoren, que no se lo pierdan. Por lo demás, lo suyo es probarlo todo, cuanto más raro mejor, y rezar por no reconocer lo que uno se está comiendo.

Para los aprensivos, hay que decir que no se preocupen, la globalización ya hace tiempo que llegó a China y podemos encontrar Mc Donalds, Pizza Huts y Coca Colas por doquier, pero se perderán la gracia de comer por sorpresa.


En general, el restaurante chino a pie de calle tiene una pinta como esta, con su menú plastificado, sus botes de soja y salsa picante y una caja de servilletas tipo kleenex. Diría que esta es la versión cutre (aunque en Shanghai hay restaurantes de 25 tenedores y nada caros), pero lo mejor está por venir.


Lo primero que aprendí en Shanghai es que el pato lacado es especialidad de Beijing, pero aquí no lo hacen bueno: montones de huesos y no le ponen las crepes para envolverlo 😦 Al principio pensamos que era culpa del restaurante cutrón, pero luego lo comimos en uno de los caros y pasó igual. Conclusión: nada de pato de Shanghai. Eso si, con picante todo está más bueno. Especialmente si las cervezas son de tamaño familiar y además un estilo en cuanto a fuerza a las españolas. A partir de aquí empezamos a coleccionar las cervezas locales, a ver cuantas nos daba tiempo a probar.

Una gracieta a la hora de pedir es que ni nosotros hablamos chino, ni en Shanghai se habla inglés (es más, la mitad de los chinos tampoco los entienden), así que salvo en restaurantes “buenos” donde te traducen la carta, hay que indicar por señas si eres alérgico a algo. O emplear la técnica de “the chulet”, que mi amigo JuanPe usó magistralmente para que yo pidiese en los garitos más recónditos 😀

Al final localizamos nuestro garito de cabecera muy cerca del apartamento que teníamos alquilado. Se trataba de un cuartucho, alicatado como los baños del metro, con cajas por todos lados y manteles de papel, donde hacían unas comidas que quitaban el hipo, en particular las setas y champiñones. Básicamente, el menú consistía en encogerse de hombros y enseñarles el dibujo de antes y, a partir de ahí, diversión y platos sorpresa.

Para más alegrías, en la misma calle estaba nuestra tienda de zumos de confianza, que lo mismo te batía una cosa que parecían renacuajos que unos frutos sin nombre, todo buenísimo. Lo único malo es que cerraban a las 10, así que había que darse prisa con la cena en vista de los horarios hispanos.


Aparte de cualquier cosa que vendan por la calle, otra cosa local a probar es la comida uighur, que viene de una cultura mezcla de chino y turco emigrante y se parece mucho a la de nuestros restaurantes marroquís, sólo que con una mezclilla oriental muy curiosa. Como curiosos son los restaurantes, que siempre tienen montada una juerga simpática más el clásico culebrón de fondo de todas las TV chinas.

El otro sitio donde ir a comer es Qibao: aunque lo suyo ahí es comer por los puestos de la calle más que sentarse en un restaurante, las vistas merecen la pena si se quiere comer más tranquilito. Hay un montón de pastelitos de arroz envueltos en hojas, algunos salados y otros dulces, todo tipo de cosas fritas -incluyendo algunas que no invitaban precisamente a consumir- y pinchitos bastante variopintos.


Por último, un consejillo que también viene bien para el que se acerque a los pueblos acuáticos. Igual que en el resto del mundo, si uno se aparta de los sitios turísticos, como, por ejemplo, el río, la comida saldrá mucho más barata y probablemente será mejor. Y no os dejeis llevar por las apariencias. En general, por cutre que sea el garito, en China se come muy bien.


Kung-fusión en la Opera China

Si bien todo el que pasa por Shanghai o Beijing trata siempre de ir a ver el Circo Chino -que viene a ser como una versión Matrix del Circo del Sol-, es justo y necesario acudir igualmente a la Opera China, que es un gustazo visual y, además y por increible que parezca, una mano de reir. En particular, y para nosotros los extranjeros no chino-parlantes, se recomienda el show de Highlights, es decir, un poco de todo. Para los locales, creedlo o no, subtitulan la sesión (?). Por lo que he oido, el dialecto de Shanghai no lo entienden ni ellos, pero, total, a mí me sonaba todo igual.

Lo cierto es que la Opera china, aparte de la voz, se basa muchísimo en los gestos y en el movimiento. Parece increíble que los actores puedan hacer cabriolas con los aparatosos trajes multicolores que llevan puestos, pero se las apañan más que bien. Si alguien pensaba que esto iba de dos señores entradillos en carnes que se plantan en una esquina del escenario con un foco, no podía estar más equivocado. Y, por supuesto, para seguir la obra lo mejor es verles las caras, que son un show en si mismas. Una entrada en las primeras filas viene a salir por unos 20 EUR al cambio y merece bastante la pena. Por 10 EUR se tiene butaca de patio, si vamos cortos de pelas.

El espectáculo es bastante largo y hay que tener mucho ojo, porque el intermedio es casi al final y la parte fuerte viene después. En el intermedio se queda la sala casi vacía y se puede caer en el error de pensar que se ha acabado todo, y entonces nos perderíamos la magnífica, magnífica obra cómica de la Joya que Robaron 3 Veces, que va de un bandolero al que desafían a robar un tesoro en las narices del guarda 3 veces seguidas (de ahí el nombre, claro) y que concluye con más de 10 minutos de combate con y sin armas, volteretas, saltos mortales y no se qué más que demuestran que Jackie Chan no necesita dobles y que los FX en las pelis chinas sólo sirven para poner los monstruos (espero :P)

Para concluir, sólo comentar que, al contrario que en occidente, aquí la opera empieza a eso de las 13:30 y no hay sesiones todos los días, así que lo mejor es dejarse caer por un teatro y pedir el programa de antemano. Y si hacen la obra de la Joya, tanto mejor 🙂


Cambodia & Angkor

Buenas noches a todos,

Antes de coger carretera para el fin de semana, os dejo una recomendacion literaria: Cambodia & Angkor, por Chavanat, Elsie y Creedy Smith. Se trata de un cuaderno de viaje bastante completito e ilustrado con acuarelas, polaroids, tickets, billetes, sellos y todas esas cosas que me gustan. Esta narrado en primera persona en plan historieta y me dejo con ganas de haber echado bastante mas tiempo en el pais.

El libro esta editado por Edmbooks, aunque yo lo pille por Amazon despues de comprobar que llevaba el equipaje un poco cargado y que estamos hablando de tapa dura. Seguramente se pueda conseguir mas baratito por eBay o, a lo peor, sin gastos de envio en Book Depository. Yo me hice mi propia libretilla, pero cada vez que veo el libro, me entran mas ganas de coger los TRIA y pintar algo a color …


La montaña amarilla

Una acuarelilla de Huang Shan, la montaña de Tigre y Dragon y choporrocientas mil pelis de artes marciales, al sur de China.

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Cuadernos de Viaje: Japon (IV)

Con el jaleo de trabajo de fin de año, hace tiempecillo que no tengo tiempo de escribir, asi que os dejo con otra entrega de mis cuadernos de viaje, esta a color y todo y en directo desde Kyoto. Primero, el palacio Imperial, que al contrario que el de Tokyo, si que existe. Para ir a visitarlo hay que sacarse una acreditación, gratuita, pero pasaporte en mano, en la delegación de gobierno que tienen justo al lado, y las horas de visita estan limitadas, asi que siempre es buena idea reservar primero.

Japan

Esta pagoda tan chula, de las más altas de Kyoto, está en un conjunto monumental muy cerquita andando de la estación de tren. Aquí si que toca apoquinar, según la costumbre, pero tiene un parquecito muy majo y un par de templos de madera al lado. De todas formas, a estas alturas que más da pagar un templo más o menos 😛

Kyoto Japan travel sketchbook watercolors