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En busca de … la Quinta de Regaleira

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Todo el que haya estado varias veces en Lisboa es más que probable que haya visitado -si no se ha echado a perder en el enorme Outlet de las afueras- los preciosos pueblos que hay en los alrededores, como Cascais o Sintra. A mí, en particular, me gusta este último, que tiene un poco de todo, especialmente de castillos y palacios de todos los colores y sabores. Lo que no había visto hasta hace poco es la divertidísima Quinta de Regaleira, un caserón rodeado de un enorme jardín que hace el equivalente a un parque de atracciones para los fans de Indiana Jones.

Diseñado hace unos 100 años por encargo de Carvalho Monteiro al famoso arquitecto de la época Luigi Manini el palacete del conjunto tiene cosas tan divertidas como una librería suspendida en el aire -gracias a un ingenioso juego de espejos-, un observatorio de cristal o una cueva artificial, pero la parte fuerte está en los enormes jardines.

Para empezar, es inmediato constatar que el dueño del chiringuito era, sin duda, masón, en cuanto encontramos en la fuente de entrada la figura del Cristo que se utiliza en la logia (un pelícano picoteándose el pecho para alimentar con su sangre a sus crías), al igual que ocurre en otros lugares curiosos como la cripta de la orden del Cardo en la catedral de Edimburgo. A partir de ahí, no es raro encontrar cosas tan curiosas como la enterrada Torre de la Iniciación, de la que sobresalen a nivel de suelo apenas 50 cms de sus cuatro o cinco plantas.

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Eso si, para entrar en ella, hay que buscar el camino a través de cualquiera de los muchos pasajes secretos que horadan el terreno y tienen entradas ocultas detrás de fuentes y cascadas, en desvíos en cuevas artificiales o detrás de puertas falsas ocultas en las paredes. Recorrer todos los recovecos de la Quinta bien puede llevarnos una mañana entera, y eso contando con el mapa que nos dan a la entrada y que permite localizar con cierta rapidez la mayoría de los accesos secretos en el recinto. Por lo demás, sólo recordar que la arquitectura es de la época de Gaudí, con lo que más o menos sabemos qué esperar. ¡Para sentirse como Lara Croft durante un rato!

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¿Hay algún doctor por aquí?

En el aniversario de nuestro periplo del 2009 por el castillo de Drácula, este año decidimos, como no, dejarnos caer por el de Frankenstein. Con un poco de suerte, en 2011 estaremos escribiendo ésto desde la tumba de la momia o la peluquería del hombre lobo, a saber. Por aquello del completismo, comentaré que el doctor Frankenstein, nacido de la imaginación de la escritora Mary Shelley en una noche de juerga -a saber lo que bebieron- con Lord Byron y su futuro esposo, no tenía otra afición mejor que devolver la vida a cuerpos inanimados, pero como nadie es perfecto, casi que lo mejor es coser varios cadáveres para obtener el combo ganador. Y en lugar de salirle Jude Law, pues le quedó el monstruo ese de los tornillos en la cabeza, lo que dice mucho de la apreciación estética masculina por otros tíos. Y como las pilas por aquel entonces no eran de litio-cadmio, para traérselo de vuelta a la vida, tiró del consabido pararayos en lo alto de su castillo, con consecuencias de lo más amenas para la población local. No os lo perdais, de estreno desde 1818 en todas las librerías 😛 😀

El caso es que, de pura casualidad, tenía yo que pasar por Wroclaw unos días -casualidades de la vida, hay vuelo directo a Málaga con mi adorada Ryanair- y, tras descubrir que por esa zona hay más castillos que en la Tierra Media, se impuso salir el fin de semana y ver que podíamos encontrar. Y, mire usted por donde, nos encontramos con el castillo de Frankenstein en mitad de la baja Silesia. Dios los cría y los frikis se juntan. El pueblo en cuestión (copiao con CTRL+C) es Ząbkowice Śląskie, o, lo que es lo mismo, Frankenstein in Schlesien, que suena bastante a schloss o castillo en alemán. Parece ser que en a principios del siglo XVII una plaga redujo la población en un tercio, y de ahí viene la leyenda (negra) de Frankenstein.

El caso es que después de perdernos por todas las carreteras rupestres de la zona, esquivando baches de los que miden la profundidad en pies y con la inestimable ayuda de Thomas, el GPS sin sentido de la orientación, ya ocutándose los últimos rayos de sol, como corresponde a un buen relato de terror, conseguimos doblete: no sólo alcanzamos el pueblo de marras, sino que llegamos a la gasolinera antes de que estallara el motor. Y eso que la bajada de la montaña la hice en punto muerto. Perdón, vitalmente discapacitado.

Pero no iba a acabar ahí la cosa, no señor. Tres vueltas más tarde, y sin atisbar siquiera el castillo prometido, llegamos a la triste conclusión de que, bien el doctor Frankenstein vivía en un VPO, bien estábamos conduciendo en círculos, lo que conociendo al doctor y conociéndonos a nosotros, sonaba mucho más plausible. La solución obvia, parar y preguntarle a alguien, no era viable, porque, ¡pardiez! Al caer la noche, las calles se habían quedado desiertas. En ausencia de peatones, bien valen camareros. La cosa estaba clara: aparcar, cenar y preguntar. Lo que no estaba tan claro era dónde, porque tampoco parecía haber nada abierto. Finalmente, en la plaza del pueblo, dimos con una pizzeria-hamburguesería -o algo así-, donde había luz. Tenue, pero luz. Y allí que enfilamos, felices como perdices, hasta que encontramos al clásico abuelillo sentado en la puerta que, mirándonos con sorpresa, nos increpó en polaco en lo que probablemente significaba “ahí no se puede aparcar”, pero a estas alturas a nosotros nos sonó a algo como “insensatooooos”. Y, claro está, cuando entramos allí estaban los clásicos parroquianos de la Hammer, a sus labores, que en lugar de dardos era una máquina tragaperras y en lugar de beber la birra en jarras usaban tubos, pero por lo demás la escena podía haber estado rodada en blanco y negro. Y, claro que si, todos se giraron al vernos entrar, se hizo el silencio más absoluto y luego volvieron a lo suyo. Como nosotros si que hemos visto todas esas pelis de terror cuya existencia sus protas ignoran, optamos por una retirada rápida hasta que dimos con un pub-pizzeria (luego dicen que cayó el Imperio Romano) donde nos hinchamos de pizza -o eso la llamaban ellos- de salchicha y papas y de videos de Katy Perry en la MTV y hasta nos dijeron como llegar al castillo. Y allá nosotros.

El saber donde estaba, sin embargo, no minó nuestra predisposición a perdernos en absoluto. Le dimos 7 vueltas más al pueblo (que consistía en 5 calles) y, finalmente, salimos a la autovía a rodearlo. Fue entonces que, tras ver un cacho de muralla perdido entre los árboles y ningún acceso aparente, sacamos el coche de la carretera lo más cerca que pudimos, dejamos los faros encendidos por aquello de que ya no se veía nada y, abriendonos paso entre los matojos y los arbolicos, por fin llegamos al maldito castillo, ya con ganas de coger antorchas y hoces aunque sólo fuera por la mano de vueltas que habíamos dado para llegar. ¡Y bien grande que era, el tío! ¡Como para no verlo! Eso si, en ruinas del todo. Pero bueno, por el bien del orgullo friki, damos la visita por buena 🙂


Reino Unido (XXVI): Urqhart

Generalmente, los viajes por el lago Ness llegan hasta el castillo de Urqhart, la ruina más famosa de la zona. Parece que el castillo se construyó para controlar el paso entre Moray Firth en el norte y Loch Linhe en Argyll. Originalmente, el lugar lo ocupaba una fortaleza picta e incluso puede que hubiese antes alguna construcción de la Edad del Hierro. El el 1230, Alan Durward es nombrado lord de Urquhart -nombre aparentemente derivado de “air” and “cairdean” (en los bosques) y que terminó en “Orchar”, pronunciado “Urchart”- y comienza la fortificación. A finales de siglo, Eduardo de Inglaterra ocupa el castillo en su marcha por Escocia y deja allí una guarnición, que duraría lo justo hasta que Robert de Bruce reconquista Escocia algo más tarde. En 1308, Robert regala el castillo a su amigo Sir Thomas Randolph, Earl of Moray, que lo defiende frente a los ataques de Edward Balliol. Eventualmente, el castillo volvería a la corona y jugaría un importante rol en la guerra contra los Lores de las Islas que, no obstante, lo conquistaron fugazmente a mediados del siglo XV. En el XVI, Urqhart siguió cambiando de mano, como la falsa moneda, y destruyéndose poco a poco en el proceso. No volvería a los Urqhart hasta el siglo XVII, cuando éstos lo reconstruyeron. Sin embargo, los Covenanters lo atacaron, robaron y machacaron en 1644, dejándolo prácticamente en ruinas. Ya en el siglo XX el castillo pasaría a manos del estado, que lo abrió al público y lo habilitó tal como está hoy en día. El castillo incluye las ruinas de una torre de homenaje del XVI, portones, edificios de viviendas, murallas mirando el Lago Ness y restos de una gran sala y una capilla a lo largo de 150 metros. Si bien generalmente hay niebla, desde el castillo puede haber una excelente vista del lago y el paseo es bastante agradable de echar.

Salvo por la falta de delicadeza del monstruo, el lago Ness estaba muy bien. Sin embargo, carecía de algo importante: un McDonald. En honor a la verdad, las tres odiabamos las hamburguesas de plástico y las patatas congeladas, pero algo hay en estos sitios que no se encuentra en ningún otro: un baño de señoras donde no hay que dar explicaciones para entrar. Esta interesante característica había convertido a Mercedes en un detector humano de McDonalds, pero, claro, de donde no hay no se puede sacar [34]. A punto de volver a la furgoneta y con un buen rato de camino por delante, mi amiga decidió hacer de tripas corazón y usar una cabina portatil que había por allí suelta. Y debía llevar por ahí suelta bastante tiempo, porque, oye, en cuanto cerró la puerta despertó al ejército en pleno del avispero que se había montado detrás y allí empezaron a dar vueltas a la cabina como X-Wings en torno a la Estrella de la Muerte. Para colmo de males, la furgoneta hizo sonar el claxon. Era hora de recoger amarras. Sin embargo, Mer había oido el nada tranquilizador zumbido en el exterior y se había cerrado en banda y en cerrojo. Y, con los nuevos amigos que la revoloteaban, no era cuestión de aproximarse y echar la puerta abajo [35].

-¿Qué es eso? ¿Qué es esoooo?

-¡Nada, nada, sal, que se va el coche!

-Eso, sal, sal ya.

Habría sonado más convincente de no haberlo dicho desde una prudencial distancia de doscientos metros. El caso es que no coló. Mercedes me conoce demasiado. No obstante, la posibilidad de dormir en el lago, con o sin monstruo, agudiza el ingenio y es así que conseguimos atraer al gaitero lo suficiente como para que Mer no distinguiese las avispas de la gaita.

-Eoooo, Mercedes, ya no hay nada, ¿ves? Corre, sal.

-Eso, sal o nos vamos sin tí.

Más que confiada, resignada a su suerte, Mercedes acabó por salir en plan demonio de Tasmania y sin esperar demasiado a ver si le habíamos dicho la verdad. Gracias a esa desconfianza, no obstante, las avispas no le picaron. Al menos no mucho.


(34) Esto no es estrictamente cierto. La burguesía ha encontrado la forma de negar de este pricipio: la tarjeta de crédito. Mi hermana tiene una solución alternativa: mi madre.
(35) O el hombro abajo, lo que llegue primero.


Hola, vecino. ¿Tendrá una tacita de RH+?

Cuando a uno le toca currar en Bucarest un lunes, lo mejor que puede hacer es viajar en sabado, que sale mas barato, y pasar el domingo en Brasov, que es mucho mas bonito y tiene al lado, al lado el castillo de Bram, mas conocido popularmente como el castillo de Dracula. Y, milagros de Internet, aqui lo puedes ver en 360º al crepusculo sin arriesgar el pescuezo ni recargar el bocata de mayonesa de ajo.

Aunque en realidad Vlad Tepes como mucho pasó allí un par de días encerrado por los turcos en una mazmorra, ya que Bram Stoker lo tomó de base para su más que famosa novela, se ha popularizado como tal y está llenito de carteles de pelis de vampiros y fotos de Gary Oldman. Y eso que, por mucho que me guste la peli y la cantidad de detalles geniales que tiene -ver para muestra ésta presentación-, más que Dracula de Bram Stoker, Coppola se curró Dracula de Corin Tellado. ¿Pero es que a los vampiros no les han dicho sus mamis que no se juega con la comida, señores? Y es que la novela original –aqui en español y gratis o, en su versión original en Proyecto Gutemberg-, más que de amor iba de gastronomía.

En realidad, Stoker basó su novela en las más que cuestionables hazañas de Erzsébet “Elizabeth” Báthory una noble transilvana de finales del siglo XVI que se adelantó al Cosmopolitan en tratamientos de belleza sólo que, en lugar de caviar de ese, pensó que la sangre de doncella estaba por aquel entonces más barata. Se le atribuyen, de hecho, más de 600 crímenes antes de que fuera emparedada como castigo -ya que a los nobles de entonces no se los podía ajusticiar-, aunque no muy curiosamente, la sentencia llegó por motivos políticos más que por sus victimas, que, para la consciencia de la época, no dejaban de ser plebeyas. Y es que la mujer, a la muerte de su esposo -el Caballero Negro de Hungría- controlaba un pedazo de tierra bastante codiciado.

En Báthory basó antes su novela Carmilla Sheridan Le Fanu (1872) -y si, tambien la he encontrado en español y en ingles gratis para vosotros, niños- y probablemente de ésta también tiró Bram Stoker, ya que Drácula es el 1897, si bien se cargó, con gran corrección política, toda la connotación homoerótica -y es tan obvia que hasta la pilló una servidora, que vivió muchos años creyendo que Tomates Verdes Fritos era una peli de misterio- y cambió a la prota por un tío, para hacerla en plan best seller de la época, como si de Dan Brown se tratara. Y lo consiguió, vaya que si lo consiguió.

En cualquier caso, el conde Drácula original poco tiene de vampiro -que sepamos, claro :P- y mucho de héroe nacional, si tenemos en cuenta que la posición geográfica de Rumanía la hacía equivalente a bañarse en ketchup y saltar a una piscina de pirañas. El tipo en realidad se llamaba Vlad III (Vlad en rumano significa conde) y obtuvo el sobrenombre de Tepes por su pintoresca costumbre de empalar a sus enemigos, todavía vivos, como pinchitos morunos y sembrar con ellos la carretera a sus tierras, en el equivalente en turco a la señal de stop. Y es que cuando el enemigo es más fuerte que tú, el único recurso que te queda es acongojar al soldado de a pie, o lo que en la guerra se llama “represalia inaceptable” y en el patio del cole se denomina “ya te pillaré yo luego”. Lo de Drácula le viene de la orden del Dragón -que, mire usted por dónde, tenía como parte de la parafernalia el uso de una capa negra-, a la que pertenecía por parte de padre,  fundada por Segismundo de Luxemburgo precisamente para plantarle cara a los otómanos. Por aquello del Dragón -que lo más probable es que viniera de Ouroboros- se conoció también como orden de San Jorge, lo que resulta divertido si tenemos en cuenta de dónde sacó Coppola la armadura (ver “Cruzando oceanos de tiempo” en este mismo blog, amiguitos). Sin embargo, lo que le hizo gracia a Stoker es que Dracul también se puede traducir como “diablo”, aunque el vocablo original no lleva connotaciones negativas y va más en plan “diablos de la velocidad” y cosas de esas.

Pero volviendo al castillo en si y de acuerdo a los carteles que hay en su interior, la idea parecía ser similar a la de Troya: controlar un paso frecuente para comerciantes y cobrar las tasas correspondientes. Mete a cinco ingenieros en un lugar aparentemente inofensivo y tendrás un montón de respuestas a cuestiones que, para empezar, nunca te habías preguntado. Como para qué sirve un castillo en un llano y por qué no tiene espacio para refugiar a unos campesinos que, en un lugar que en realidad vive de los impuestos del comercio, importan menos que un pito. Y, ya puestos, cómo el sistema de canalización se utiliza para echar líquido hirviendo en forma de cortina a los que intenten tomar la fortaleza. O como el patio interior con entreplantas en espiral permite aumentar el número de tiradores con que puedes acribillar a los invasores que hayan conseguido atravesar la puerta. Diversión sin fin, vamos.

En fin, Bram no es ni mucho menos el castillo más bonito de Rumanía -ese honor corresponde muy probablemente a Pele, pero Brasov bien vale una misa -y una visita de fin de semana- y Bran pilla a tiro de piedra para quitarse la espinita friki que todo el mundo tiene más o menos oculta. Eso si, avisado queda el personal que en sus mejores momentos se puede llegar a 17 bajo cero, asi que una visita al Decatlon a por pantalones de pre-esqui y camisetas para traje seco nunca estará de más si vais en invierno.


Castillos de Hielo y Fuego

Aprovechando que estoy releyendo Canción de Hielo y Fuego, que estuve en las Highlands de vacaciones y que el Pisuerga pasa por Palencia, he pensado compilar un puñao de castillos de este verano que me recordaban a los de Juego de Tronos de una forma u otra, para que los disfrute el lector friki y el visitante casual.

Escocia tiene un par de abonos para visitar castillos sin apoquinar las 8 libras de rigor en cada puerta. Un poco mas barato es agenciarse un ticket de amigo de los castillos, por unas 40 libras puede entrarse en todos los castillos afiliados que se quiera durante el siguiente mes. Por unas 28 se puede obtener lo mismo para 7 dias en 15, en plan concentrado. Eso si, castillos gordos mas alla de Urquhart, Edimburgo y Stirling hay que pagarlos aparte porque están afiliados a otra sociedad, algo como amigos del patrimonio y tal, en plan La vida de Brian.

Y dicho ésto, ¡castillos a cascoporro!

Edinburgh castle The Red keep

And above it all, frowning down from Aegon’s high hill, was the Red Keep; seven huge drum-towers crowned with iron ramparts, an immense grim barbican, vaulted halls and covered bridges, barracks and dungeons and granaries, massive curtain walls studded with archers’ nests, all fashioned of pale red stone.

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Esta es la fortaleza más grande y mejor conservada del país, establecida sobre el volcán extinto de Castle Rock y habitada desde el siglo IX, si bien el castillo data del reinado de David I, en el siglo XII. Por supuesto, ha pasado por todas las guerras del pais, desde la de la Independencia, hasta la de la Unión de las Coronas y, por supuesto, la sublevación de los jacobitas. A pesar de todo, no cayó en ningún asedio y acabó de guarnición militar.

A David I lo sucedió William “el León” (malditos, malditos Lannister), al que se lo arrebató Enrique II de Inglaterra. Ya en el siglo XIX, Sir Walter Scott encontraría allí los honores de la Corona escocesa, que desde entonces se exponen al público.

Entre las curiosidades del lugar, está el cementerio de mascotas del regimiento local, la iglesia de St Margaret -edificio más viejo de la ciudad- y el cañón Mons Meg. Es interesante pasarse por el gran Hall a las 12, cuando un actor representa a James Hepburn, esposo de Maria reina de Escocia, que cuenta las curiosidades de la época. Eso, y los fantasmas correspondientes, de un gaitero y un tambor sin cabeza, por mantener el espíritu musical. En agosto, además, el tatoo (desfile militar) parte de aquí y baja por la Royal Mile durante el festival. Eso si, está hasta las cejas de gente, así que preparad los codos.

Glamis Castle High Garden

The people of the Reach have greater access to dyes than most because
of the preponderance of fl owers. Because of this, they dress much more richly and extravagantly than smallfolk elsewhere, and more so than even some nobility. The greens and golds of Highgarden are popular colours, as are the reds and purples made in the southwest from grapes that cannot be used for wine. The Reach has become a place of almost dream-like beauty in the time  since Aegon Dragonlord immolated its lords on the Field of Fire.

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Casa natal de la reina madre y reportado como el castillo con los jardines mas bonitos de Escocia.  Nada más llegar, y después de aflojar 8 libras antes de salir del coche ni nada, se encuentra uno un corral bien gordo de vacas lanudas escocesas de todos los tamaños y edades que se dedican a lo típico que hacen estos bichos: pastar y, bueno, pastar más. El castillo tiene varios jardines, desde estilo francés hasta de grandes árboles ancianos. Lo interesante son las distintas especies de flores que hay aquí y allá y que están hasta arriba de abejas.

El castillo tiene un buen puñado de fantasmas. Empezando por arriba, en la habitación del servicio parece haber una habitación secreta donde yacen emparedados los cadáveres de dos individuos que, a pesar de las advertencias de sus compañeros, estaban tan enfrascados en su partida de cartas del sábado noche que se colaron en el domingo, momento en el que apareció un hombre de negro a unirse a la partida que no era sino el demonio. No se sabe bien quién ganó, pero lo que si es cierto es que como éste œltimo no parecía dispuesto a irse una semanita después, los habitantes decidieron que podía ser buena idea emparedar a los alegres jugadores para que siguieran a lo suyo sin dar mucha guerra al personal.
La siguiente parada es la capilla, única estancia donde no hay leones del castillo. Eso se explica en la necesidad de mantener la casa de Dios como tierra de nadie, aunque lo cierto es que pertenece, al menos en parte, al fantasma de la dama gris. Este espectro ocupa la esquina derecha de la capilla y se comenta que quien allí se sienta nota un frío particular. La teoría es que se trata de la esposa del señor del castillo, al que el rey tenía particular ojeriza. Tras la muerte de éste, el rey decidió quitar de enmedio a su familia mediante el sencillo procedimiento de acusar de brujería a la señora y a sus dos hijos. Ella murió en la hoguera, pero siendo sus hijos pequeños para recibir el mismo tratamiento, el rey se marcó el pegote de encerrarlos hasta que alcanzasen la edad de cocción. Uno de ellos murió en la prisión, pero el otro sobrevivió al rey y pudo recuperar el castillo, al que aparentemente también volvió su madre.

Más adelante, en el dormitorio principal se encuentra el fantasma de un pajecillo, que murió esperando una noche fría a que le dieran permiso de volver a casa. Por lo visto, su afición favorita es hacerle la zancadilla al incauto visitante que entra en la habitación. Poco es para como palmó, claro …

Stonehaven Storm’s End

Storm´s End, ancient home of the Storm Kings, crouches atop the chalky cliffs of Shipbreaker Bay facing the angry sea. According to legend, Storm´s End was the  seventh castle built by Durran, the first Storm King

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Dunnottar, el castillo de Stonehaven, cerca de Aberdeen, está encaramado a un acantilado de roca sobre un par de playas de piedra. Se sabe que ocupa el lugar de un asentamiento picto, de donde viene su nombre (Dun significa fortaleza). Los pictos adoraban la naturaleza en varias encarnaciones, de las cuales Dunnottar está asociado a la feminidad en su encarnacián de la Dama Verde, que se ha reportado que visita las bodegas del castillo de cuando en cuando. Sin embargo, el rollo picto lo cortó St Ninian en el siglo V cuando trajo el cristianismo a la zona. Durante los siguientes siglos las cosas estuieron relativamente tranquilas hasta la llegada de los vikingos en el siglo IX, que derrotaron allí al rey Donald II y destruyeron la fortaleza a la vikinga, es decir, no dejaron piedra sobre piedra.
La cosa se recuper— para el siglo XII, a tiempo de que se montara dentro una capilla cristiana que William “Braveheart” Wallace quemó repletita de soldados ingleses tiempo después. Como el castillo era de una familia importante, los Earl Marischal, se reconstruyó mejor y más grande y tuvo visitas tan importantes como Maria, reina de Escocia. Al final, el gobierno lo incautó por la participación de la familia en el alzamiento jacobita y, desde entonces pertenece al país.

Urquhart (fingers, Baelish)

The outlands of the Vale are far less pleasant. The Fingers are bleak, empty lands, home
to stones and sheep and little else
.”

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Castillo escocés por autonomasia, principalmente por encontrarse a orillas del lago Ness, junto a Drumnadrochit, donde se han reportado la mayor parte de los avistamientos de Nessie. Ha salido en peliculas como La vida secreta de Sherlock Holmes. El asentamiento parece que data de la época en que San Columba cristianizaba a porrazos a los infieles de la zona, mientras que el castillo se estima que se construy— en torno al 1200. Desde entonces, ha pasado por m‡s manos que la tradicional falsa moneda, incluyendo las escaramuzas con los jacobitas, hasta que una de las torres vol— en el siglo XVIII después de un tormentón. Hoy en día está en ruinas, pero es de los m‡s visitados del país. Y los más caros, claro.

Kilchurn Castle Riverrun

Riverrun stands where the Tumblestone falls into the Red Fork before continuing towards  the Trident. Its walls rise sheer from the water of the two rivers, and in times of war a moat can be  formed to prevent an army from attacking from the west.

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Mi castillo favorito de mi segunda visita a Escocia, Kilchurn está en mitad de ninguna parte, cerca de la iglesia donde se encuentra ela estatua fúnebre de Robert de Bruce. Es gratis entrar, aunque sólo se puede visitar en verano  y prácticamente no hay visitantes, supongo que porque se accede bien en barco o bien a pie, pero sólo hay un par de kilómetros desde la carretera principal.

Kilchurn Castle data del 1450, cuando Sir Colin Campbell, primer señor de Glenorchy montó una torre de cinco plantas con una muralla defensiva, a la que más tarde se añadió otro muro y un hall externo en el 1500 y algunas salas extra en el 1600. Originalmente ocupaba por completo una islilla en el Loch Awe, pero un cambio en el nivel de las aguas lo dejó conectado a tierra en 1817. Aunque disputado con los del Clan MacGregor de Glenstrae, se mantuvo en los Campbell hasta que en 1760 lo partió un rayo literalmente.

Duart Castle Dragonstone

“You will pass near Dragonstone when you turn north. I need you to deliver a letter for me.” Tom looked apprehensive. “To Dragonstone, m’lord?” The island fortress of House Targaryen had a sinister repute.

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Situado en la costa de la isla de Mull, el castillo de Duart tiene toda la pinta de ser frío, húmedo y oscuro en invierno y no mucho más alegre el resto del año, si bien es el castillo en el que todos pensamos cuando se nos viene Escocia a la cabeza. Además está enterito, con vistas a mar y una mazmorra llena de maniquies de prisioneros hispanos, que casualmente cayeron por ahí al naufragar y recibieron la consabida hospitalidad bretona.

El castillo formaba parte de la dote que en 1350 Lachlan correspondió como dote a Mary, hija de John de Islay, Señor de las Islas, al casarse con  Lubanach Maclean de Duart. La historia es algo triste, ya que el esposo abandonó en la isla a su mujer para que muriera, pero afortunadamente sus hermanos consiguieron salvarla. Cuando se reunieron con el esposo, que hundido vino a reclamar las posesiones de su difunta señora, éstos lo hubieran matado de no interceder por el la mismisima Mary.

Entre esa época y hasta el 1751, el castillo pasó de los McLean a los Campbell tras asedios, ataques y reconquistas. En ese año, fue abandonado hasta que en 1911 Sir Fitzroy Donald Maclean, 26avo jefe del Clan MacLean, lo readquirió y restauró.
En este castillo se han rodado partes de la Trampa, con Connery y Zeta Jones y, más friki todavía, es la base de operaciones de Buffy “Cazavampiros” Summers en la octava temporada.


Qusair Amra en acuarelas

Qasr Amra (acuarela) Jordania

Qusair Amra es el más célebre de los castillos del desierto del este de Jordania. Fueron construidos al principio de siglo VIII, probablemente entre 711 y 715, por el califa omeya Walid I, en la época de expansión de la dominación islámica en esta región. Es uno de los ejemplos más notables del primer arte omeya y de la arquitectura islámica. Por dentro está un poco hecho polvo, con los frescos cubiertos de grafittis y del humo de las hogueras, pero merece bastante la pena.

Qasr Amra - Jordania

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