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Reino Unido (XXX): La Isla de Mull

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La pequeñísima isla de Iona se considera el primer santuario cristiano en tierra escocesa. Por eso, a pesar de medir sólo una milla de ancho por 3.5 de largo y más a pesar aún del pesadísimo viaje por las carreteras de Mull para alcanzar el ferry a Iona, generalmente suele estar bastante concurrida en verano [24], ya que se congregan peregrinos y turistas para ver su abadía.

Qué bonico es Mull, los tres días que ves el sol ...

Qué bonico es Mull, los tres días que ves el sol …

A estas alturas, ya entrado el otoño, estábamos nosotras y algún que otro incauto, probablemente también acostumbrado a echar octubre en mangas de camisa. Para evitar problemas mayores, lo mejor es reservar el viaje completo Mull-Iona en la oficina de turismo de Oban y eso habíamos hecho nosotras, por lo que pudimos disfrutar, es un decir, la tortuosa carretera desde el cómodo asiento de un autocar mientras el conductor se peleaba con los coches que venían en dirección contraria por el único carril de la minúscula carretera, alcanzando por lo habitual el acuerdo de salirse a un lado y dejarlos pasar.

Demasiado tarde me di cuenta de que dar un paseo tranquilamente por Mull hubiese estado bien, por algo tiene su castillo de veraneo allí Paul McCartney, pero lo cierto es que el tiempo no estaba de nuestra parte. Aunque muy pelado, Mull tiene ese indefinible encanto pétreo escocés y está poblado de fantasmas como buena híbrida que se precie. El más curioso es la encarnación local de las banshees: Bean-nighe. Este fantasma lava la ropa de los que pronto morirán [25] en la orilla del río Moy Castle. Aparentemente, los pechos de la mujer son tan grandes que le cuelgan sobre los hombros. Si alguien los coge por detrás, la lavandera está obligada a informar del dueño de las ropas y si es el que en ese momento la tiene cogida, deberá cambiar su destino. El señor de la zona lo intentó sin éxito en una ocasión y murió al día siguiente en batalla, bien porque las ropas eran suyas o porque cabreó al fantasma mientras hacía su propia colada.

A falta de lavadora ...

A falta de lavadora … (dibujico de  Brian Froud & Alan Lee)

Por si ésto fuera poco, la isla también disfruta de su propio fantasma a caballo sin cabeza a-la-Sleepy Hollow y del imprescindible kelpie que toda buena extensión de agua escocesa debiera tener en su haber. Es curioso que, pese a estar relativamente apartada, Mull lleva poblada desde el neolítico, si bien la principal influencia de sus pobladores fueron los vikingos que llegaron en el II dC. Estuvo implicada en las guerras Escocesas contra el invasor inglés y acabó formando parte del Reino Unido tras el Acta de Unión de 1707. A finales de ese siglo, su población aumentó, sólo para reducirse de nuevo cuando los dueños de las tierras forzaron a los pobladores a desplazarse a Tobermory, donde, evidentemente, no había trabajo para todos [26] Actualmente la isla está bastante despoblada y es de suponer que la mayor parte de sus ingresos provienen del turismo. Del turismo que va para Iona, imagino. Cuando, finalmente, alcanzamos el ferry a Iona mi felicidad hubiera sido completa de no ser por el dichoso resfriado que arrastraba desde Edimburgo y que andaba calmando a base de tabletas de paracetamol en estado puro compradas en bote gordo en el Booth más cercano. De haber sabido lo bien que funcionan, las habría comprado en botella de cinco litros, como el agua mineral, pero a esas alturas aún tenía el resfriado cogido y bien cogido, como si de la fantasma lavandera esa se tratara.

(24) No está muy claro si no está concurrida en invierno o, sencillamente, nadie descongelado ha vuelto para contarlo.
(25) Puestos a pedir, y en tan aciagas circunstancias, mejor que te laven la ropa a que te griten en la ventana, al menos mueres limpito y más descansado.
(26) Se comenta que enterrado en el fondo de la bahía de Tobermory está en pecio de uno de los navíos de la Armada Invencible, que, de acuerdo a fuentes inglesas, debió de correr lo suyo para que todas las regiones del Reino Unido con mar se puedan reír por igual.


¿Hay algún doctor por aquí?

En el aniversario de nuestro periplo del 2009 por el castillo de Drácula, este año decidimos, como no, dejarnos caer por el de Frankenstein. Con un poco de suerte, en 2011 estaremos escribiendo ésto desde la tumba de la momia o la peluquería del hombre lobo, a saber. Por aquello del completismo, comentaré que el doctor Frankenstein, nacido de la imaginación de la escritora Mary Shelley en una noche de juerga -a saber lo que bebieron- con Lord Byron y su futuro esposo, no tenía otra afición mejor que devolver la vida a cuerpos inanimados, pero como nadie es perfecto, casi que lo mejor es coser varios cadáveres para obtener el combo ganador. Y en lugar de salirle Jude Law, pues le quedó el monstruo ese de los tornillos en la cabeza, lo que dice mucho de la apreciación estética masculina por otros tíos. Y como las pilas por aquel entonces no eran de litio-cadmio, para traérselo de vuelta a la vida, tiró del consabido pararayos en lo alto de su castillo, con consecuencias de lo más amenas para la población local. No os lo perdais, de estreno desde 1818 en todas las librerías 😛 😀

El caso es que, de pura casualidad, tenía yo que pasar por Wroclaw unos días -casualidades de la vida, hay vuelo directo a Málaga con mi adorada Ryanair- y, tras descubrir que por esa zona hay más castillos que en la Tierra Media, se impuso salir el fin de semana y ver que podíamos encontrar. Y, mire usted por donde, nos encontramos con el castillo de Frankenstein en mitad de la baja Silesia. Dios los cría y los frikis se juntan. El pueblo en cuestión (copiao con CTRL+C) es Ząbkowice Śląskie, o, lo que es lo mismo, Frankenstein in Schlesien, que suena bastante a schloss o castillo en alemán. Parece ser que en a principios del siglo XVII una plaga redujo la población en un tercio, y de ahí viene la leyenda (negra) de Frankenstein.

El caso es que después de perdernos por todas las carreteras rupestres de la zona, esquivando baches de los que miden la profundidad en pies y con la inestimable ayuda de Thomas, el GPS sin sentido de la orientación, ya ocutándose los últimos rayos de sol, como corresponde a un buen relato de terror, conseguimos doblete: no sólo alcanzamos el pueblo de marras, sino que llegamos a la gasolinera antes de que estallara el motor. Y eso que la bajada de la montaña la hice en punto muerto. Perdón, vitalmente discapacitado.

Pero no iba a acabar ahí la cosa, no señor. Tres vueltas más tarde, y sin atisbar siquiera el castillo prometido, llegamos a la triste conclusión de que, bien el doctor Frankenstein vivía en un VPO, bien estábamos conduciendo en círculos, lo que conociendo al doctor y conociéndonos a nosotros, sonaba mucho más plausible. La solución obvia, parar y preguntarle a alguien, no era viable, porque, ¡pardiez! Al caer la noche, las calles se habían quedado desiertas. En ausencia de peatones, bien valen camareros. La cosa estaba clara: aparcar, cenar y preguntar. Lo que no estaba tan claro era dónde, porque tampoco parecía haber nada abierto. Finalmente, en la plaza del pueblo, dimos con una pizzeria-hamburguesería -o algo así-, donde había luz. Tenue, pero luz. Y allí que enfilamos, felices como perdices, hasta que encontramos al clásico abuelillo sentado en la puerta que, mirándonos con sorpresa, nos increpó en polaco en lo que probablemente significaba “ahí no se puede aparcar”, pero a estas alturas a nosotros nos sonó a algo como “insensatooooos”. Y, claro está, cuando entramos allí estaban los clásicos parroquianos de la Hammer, a sus labores, que en lugar de dardos era una máquina tragaperras y en lugar de beber la birra en jarras usaban tubos, pero por lo demás la escena podía haber estado rodada en blanco y negro. Y, claro que si, todos se giraron al vernos entrar, se hizo el silencio más absoluto y luego volvieron a lo suyo. Como nosotros si que hemos visto todas esas pelis de terror cuya existencia sus protas ignoran, optamos por una retirada rápida hasta que dimos con un pub-pizzeria (luego dicen que cayó el Imperio Romano) donde nos hinchamos de pizza -o eso la llamaban ellos- de salchicha y papas y de videos de Katy Perry en la MTV y hasta nos dijeron como llegar al castillo. Y allá nosotros.

El saber donde estaba, sin embargo, no minó nuestra predisposición a perdernos en absoluto. Le dimos 7 vueltas más al pueblo (que consistía en 5 calles) y, finalmente, salimos a la autovía a rodearlo. Fue entonces que, tras ver un cacho de muralla perdido entre los árboles y ningún acceso aparente, sacamos el coche de la carretera lo más cerca que pudimos, dejamos los faros encendidos por aquello de que ya no se veía nada y, abriendonos paso entre los matojos y los arbolicos, por fin llegamos al maldito castillo, ya con ganas de coger antorchas y hoces aunque sólo fuera por la mano de vueltas que habíamos dado para llegar. ¡Y bien grande que era, el tío! ¡Como para no verlo! Eso si, en ruinas del todo. Pero bueno, por el bien del orgullo friki, damos la visita por buena 🙂


Reino Unido (XXV): el escurridizo Nessie

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La leyenda de Nessie, el monstruo más famoso del mundo, viene de antiguo. En el 565 dC, San Columba, mientras predicaba a los pictos, decidió darse un bañito en el río Ness para coger una barca que se encontraba en la otra orilla [33] . Cuenta su biógrafo que se le apareció un monstruo acuático, pero que el santo lo alejó con la señal de la cruz al más puro estilo del exorcista: “Atrás, criatura del avernooooo”. Teniendo en cuenta que la criatura obedeció, o no se trataba de Nessie o no tenía mucha personalidad. En todo caso, si para una vez que se da un garbeo por la superficie le salen con esas, no es de extrañar que se oculte tanto. Más adelante, en el 1833, un periódico de la zona publicó una noticia sobre la muerte de un supuesto hechicero, Gregor MacGregor, alias “Willox the Warlock”, entre cuyas posesiones se encontraba una brida que supuestamente había usado con un malvado kelpie que andaba dando la lata por la orilla del lago Ness. Los kelpies o caballos de agua en la mitología celta son monstruos acuáticos que atraen a los incautos al lago montándolos en sus espaldas para después, una vez dentro, devorarlos con tranquilidad. Claro, que si alguien es tan pardillo como para acercarse si lo llama un caballo ajeno nadando al estilo Esther Williams, merece ser devorado. Con tanta historia de monstruos, en el 1852 la gente del pueblo casi da matarile a una pareja de potros que andaban por el lago al grito de “¡a por el kelpie!”. Finalmente salvaron la pelleja, pero probablemente se convirtieron en el primer caso de estrés equino de la historia de la sicología.

Kelpie convenciendo al personal de que el agua esta buenisima

Para el 1868, la gente de orillas del lago ya se había transformado en el Lepe local. Si bien con sus 230 metros de profundidad el lago Ness podría muy bien albergar criaturas grandes, está demostrado que la variación de temperatura del lago provoca espejismos visuales consistentes principalmente en alargar los objetos, lo que algunos autores han usado para explicar los avistamientos de Nessie. Independientemente de esta explicación, a partir del 1900 los avistamientos crecen en número, alcanzando un máximo en 1933, justo cuando en King Kong animales antediluvianos se daban de tortas en la gran pantalla. En este año, los testigos del monstruo se cuentan por docenas, aunque las bromas pesadas a costa de éste van por los millares. En 1934, cuando el Photoshop aún no se había inventado, el cirujano Kenneth Wilson tomó la que se convertiría en la más famosa foto de Nessie, enseñando su largo cuello sobre la brumosa superficie del lago. Después de varias fotografías falsas más, el tema perdió fuelle hasta 1960, cuando se organizó la primera expedición científica a gran escala al lago. Y es que había una remota posibilidad de que la leyenda del bicho fuese cierta.

Fotochop de epoca con modelo curvilinea

Originalmente Escocia estaba pegada a norteamérica hasta que, por esa manía que tenían los continentes por derivar, acabó chocando con Europa hace unos 400 millones de años, lo que no podemos sino celebrar todos los amantes del shortbread. Como resultado de esa colisión, las montañas de Caledonia debieron elevarse por encima de los 7000 metros, si bien ahora lo más alto que tienen apenas sobrepasa los 2000. 20 milloncillos de años mas tarde, lo que se denominaba el Great Glen o gran valle acabó fracturándose y separando las Tierras Altas. En aquellos días todavía no existían más vertebrados que esos pequeños peces primitivos tan monos que siempre salen en los documentales de la BBC. Para cuando los pececillos espabilaron y salieron del agua, la zona estaba recubierta de pantanos, que luego proporcionarían a Escocia sus minas de carbón. En los 80 se encontró en Edimburgo un fosil de anfibio casi convertido en reptil al que denominaron Lizzie. Lizzie y sus amigos debieron pasar mucho frío porque, poco después, durante la Edad del Hielo, parte de Escocia quedó enterrada bajo 1700 metros de hielo. Un glaciar de ese hielo acabó socavando el lago Ness hace unos 18000 años. Al derretirse, se elevó el nivel del mar, por lo que dicho lago podría haber estado comunicado con éste y, por tanto, cabría la posibilidad de que se hubiese colado un bicho grande. En el momento en que el hielo se retiró, sin embargo, la tierra volvió a subir y los supuestos turistas quedaron atrapados en el lago. Los esfuerzos por encontrar a Nessie pronto se centraron en escanear con sonar todo el lago. Si bien recibieron ecos enormes provenientes del fondo, parece más plausible que se debiesen a fenómenos térmicos que a actividad monstruosa en la zona. Actualmente, después de varios escaneos más o menos cuidadosos, puede concluirse que, de haber un monstruo ahí abajo, es extremadamente tímido. Es una lástima: la tecnología nos ha robado la posibilidad de perseguir cualquier cosa al grito ese de “¡a por el kelpie!” que debe ser tan satisfactorio de proferir como lo de “siga a ese taxi” en New York.


(33) En aquella época los baños debían ser como ir al supermercado. Si no hay necesidad, ¿por qué demonios hacerlo?.


Reino Unido (XXI): Fantasmas y gaitas al este de Escocia

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En cualquier caso, Edimburgo tiene el dudoso privilegio de ser una de las ciudades con mayor densidad de habitantes paranormales del Reino Unido. Por poner algunos ejemplos, en Cowgate se aparece el fantasma de un reo colgado con la marca de la soga al cuello. En Kirkyard, los espíritus de los prisioneros que murieron allí se dedican a molestar e incluso herir a los visitantes. En el Learmouth Hotel, un polstergeist se dedica a abrir y cerrar puertas, mientras que el Holyrood House Palace el fantasma desnudo de una mujer, supuestamente torturada y quemada por bruja en 1592 aparece de cuando en cuando. En Lauriston Castle se oye ruido de pasos y algo más ruidosa es la dama verde que encanta los pasillos de Caroline Park House. Aún más macabra fue la historia de una mujer decapitada y su hijo que paseaban en el siglo XIX por los pasillos del Gillespie Hospital y cuyos cuerpos parece ser que se encontraron escondidos bajo las ruinas de éste tras su demolición. En las afueras de la ciudad las noches de nieve a veces se avista el fantasma desnudo de Lady Hamilton de Bothwellhaugh, que fue abandonada en la zona sin ropaje alguno una noche de invierno después de que el castillo de su esposo fuese conquistado. Tampoco faltan las hadas en la zona, habiéndose reportado una puerta a su reino en la colina de Calton Hill que sólo aquellos convenientemente dotados de una “segunda visión” podían apreciar.

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Con fenómenos paranormales suficientes como para que Mulder levitara de alegría no es de extrañar que también se cazara un brujo o dos en la ciudad. El último en ser ejecutado fue Major Weir, en 1670. Weir vivía en West Bow con su hermana, junto al castillo de Edimburgo y pertenecía a una secta protestante bastante estricta. No está muy claro si por apoyarse en un larguísimo bastón negro, por tener una hermana solterona o porque, en algún momento, con tanta religión perdió la chaveta y hubiera confesado voluntariamente hasta el asesinato de Kennedy si a esas alturas hubiese existido Dallas. El caso es que sus colegas de secta no tuvieron problemas en creerse que Weir comulgaba con satanás y, ya puestos, echaron a su hermana al saco. A el lo condenaron a ser estrangulado y quemado, mientras que con su hermana fueron piadosos y se conformaron con colgarla en Grassmarket. Al parecer, Weir renunció a arrepentirse y su bastón, quemado también, se retorció como una serpiente [27].


(27) La hermana de Weir no se sabe que dijo, aunque probablemente tuviese algo que ver con las ventajas de ser hija única.


Reino Unido (XIX): Trasgos en las Tierras Altas

Más que su historia, en especial cuando uno se encuentra esas laderas de piedra y esas luces fantasmales, en Escocia resulta interesante su folklore, con los elementos típicos de la isla y una buena dosis de burla. Por ejemplo, el demonio recibe el nombre de Black Donald y, aparentemente, es bueno en todo salvo como sastre, ya que los sastres al verlo cierran el garito y, por tanto, nunca ha aprendido ni a coserse un botón. Si bien siempre se disfraza convenientemente, se le puede reconocer por sus pezuñas, detallito que parece que se le olvida ocultar. Por este motivo también se le llama Clootie o “pezuñas” (y a veces, “horny”, o cornudo, pero nunca en su cara, claro está).

Si tiene cuernos y no da leche, desconfía

Si tiene cuernos y no da leche, desconfía

Los brownies, aparte de unos dulces de chocolate que están de muerte, son unos duendecillos vestidos de harapos marrones apañados como ellos solos. Si se sienten bien en casa, te cantan y te hacen las tareas de la casa (cosa que deberían plantearse las empresas de reproductores de mp3), pero no se les puede pagar o se enfadan y se van (en el peor caso, se enfadan y NO se van. A buen entendedor …). A cambio, se les pueden dejar pequeños regalos, como un tazón de leche y cosas así.

Brownies ... de los que no se comen

Brownies … de los que no se comen

Además de estas almas cándidas, hay elementos de cuidado rodando por las Tierras Altas. El Red Cap o Gorro Rojo, por ejemplo, es un viejo robusto con zarpas en vez de manos que vive en las ruinas de los castillos donde se ha vertido sangre. Es rápido como el solo y viste unas botas de hierro y un gorro coloreado con la sangre de sus vict … ejem, visitas. Es capaz de vencer al hombre más fuerte, salvo que sepa citar la Biblia, aunque Hellboy le dio lo suyo en un relato corto.

Red Cap, acoplado en su sofá

Red Cap, acoplado en su sofá IKEA

El bogeyman u hombre del saco es capaz de cambiar de forma y mover objetos, como demostró Gilderoy Lockhart en Harry Potter 2. A veces no hacen nada, pero otros son verdaderamente malvados.

Este hombre del saco no pinta bien ...

Que este tipo no haga nada no cuela …

El bicho más chungo del lote es el Nuckalavee o “sin piel”, una criatura marina que se encarga de cosechas arruinadas, epidemias, sequía y otras minucias. Tiene pinta de caballo, pero sus piernas son en parte aletas, tiene una trompa enorme a modo de boca y un único ojo ardiente. Sus brazos alcanzan el suelo, su cuerpo se deforma y su enorme cabeza se balancea sobre un pequeño cuello que parece demasiado débil para sostenerla. Además no tiene piel y se ven sus órganos y músculos. Vamos, que dek caballo, ni la crin. Afortunadamente, como buena criatura malvada, odia el agua corriente y te lo puedes quitar de encima cruzando un río.

Bicho marino bastante grimoso

Bicho marino bastante grimoso

Todas estas cosas podría haber ido pensando mientras el tren se aproximaba a Edimburgo. Es decir, si hubiera podido pensar. Con 40 de fiebre y subiendo, las alucinaciones que tenía sentadas a ambos lados me estaban dando más conversación que mis compañeras de viaje y sólo el paracetamol en estado puro que me habían soplado en el Boots, mezcla de farmacia, mercería y quién sabe qué más, me mantenía en pie o, en este caso, cabeceando en el asiento con el traqueteo.