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Alquiler de coche: nivel avanzado

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Y aunque segundas partes nunca fueron buenas, acompañando al post Alquiler de coches for Dummies que cubre lo básico cuando quieres añadir cuatro ruedas a tu viaje, aquí vamos a cubrir el nivel pardillo experto, es decir, esas cosas que no te podías esperar pero de alguna forma acabaron pasándote. O, al menos, a mí.

Empecemos por lo fácil: Estados Unidos y sus coches con marchas automáticas.

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La verdad es que conducir un coche de estos está tirado … siempre y cuando primero tus piernas se hagan a la idea de que no hay pedal de embrague y dejen de confundir acelerador y freno. Mientras tanto … unas risas. Además de que no va a ser plan de preguntarle al tipo del alquiler qué significan la P, la R y la D esas que están en la palanca de cambios mientras te está dando las llaves de un cacharro de varios miles de euros. Afortunadamente, siempre puedes mirar la Wikipedia disimuladamente mientras aún estás en el parking -yo lo he hecho- y luego salir lo más dignamente posible dando frenazos y acelerones como cuando te estaban enseñando a conducir. Al final te acostumbras, pero esos primeros metros antes de llegar a la autopista son de video de Youtube.

El nivel 2 del asunto es, mire usted por donde, el cambio de neumático. Sobre todo cuando pinchas en un sitio divertido, en plan “¡Anda, qué gracia! ¿qué hace un clavo de 15 cm de largo aquí, en mitad de los Andes?”. Si, en esos sitios en que la estrategia habitual de llamar al Seguro y que se encarguen, como que no va.

La mayoría estaréis pensando “bah, yo he cambiado neumáticos con la izquierda, ésto conmigo no va”. Pues yo también los he cambiado, y aún así me he encontrado con situaciones memorables. Ahí van las dos más gordas.

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La primera: no hay gato. O, lo que es más irónico, hay un gato para un Smart, pero lo que llevas es un 4×4. Esto, más que cuando alquilas, te viene a pasar cuando algún -ejem- familiar usa el mismo coche y olvida que existe más gente en el mundo, pero entra dentro de lo posible cuando el coche lo has alquilado por Internet a una agencia que no conoce ni el que te coge el teléfono cuando llamas. Aunque parezca increíble, cambiar una rueda de esa envergadura con un gato minúsculo entra dentro de lo posible si le echas desesperación, imaginación, bloques de hormigón y una buena dosis de inconsciencia, pero no voy a contar el truco, no sea que alguien lo intente y tengamos una desgracia. Evidentemente, salvo que uno se encuentre en una carretera perdida donde pasa un coche al mes, de esas que tanto me gustan a mi, lo mejor es esperar a que pase un coche de tamaño similar al nuestro y pedirle que  pare y nos preste el gato. Ojo, lo de sellar el pinchazo con un spray de esos funciona sólo hasta cierto punto, aunque es mejor que nada.

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La segunda es, si cabe, más divertida: ¿dónde está el neumático de repuesto? Aquí cabe pensar a qué pedazo de cabestro se le puede pasar que le indiquen dónde se encuentra la rueda antes de llevarse el coche de alquiler. La respuesta es sencilla: al mismo que nada más salir con el que había alquilado y al principio de la montaña le falla la correa del ventilador -y esto ya está dando pistas acerca del nivel de los que te han alquilado el vehículo- y cuando llama le aparece un tipo con otro coche distinto, una palmada en la espalda y sus mejores deseos para lo que te viene por delante. Que, en mi caso, era el desierto de Atacama en los Andes. Pues va y resulta que las rancheras de la zona, en lugar de llevar el neumático visible o en un maletero lo llevan re-colgado debajo del coche, de forma que con una especie de percha larga metálica lo pescas, lo sueltas de un tornillo que hay justo encima y lo dejas caer. Super-intuitivo. Tanto más si estás en medio de una especie de tormenta de arena a más de 4000 metros, mientras las alpacas se ríen de ti. Aquí tuvimos suerte -al menos nosotros- de que habíamos recogido a un tipo que iba a uno de los pueblos de más abajo -en los Andes ni siquiera se llama autostop: uno camina junto a la carretera y la etiqueta marca que los coches que pasan te pregunten donde vas y te acerquen si les pilla de camino-. El si que sabía donde encontrar el neumático. Si no, las alpacas se habrían reído mucho más.

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La siguiente gracieta es, obviamente, quedarse sin gasolina. Vale que no somos tan tontos -generalmente :P- como para apurar el depósito hasta la última gota, tanto más en zonas donde sabemos que las gasolineras están más bien distantes, pero hay imponderables que más vale conocer antes de ponerse al volante.

Una curiosidad es, por ejemplo, que en algunos países -Polonia, no me gusta señalar …- muchas gasolineras cierran en domingo. No se si en las ciudades grandes pasa, pero os aseguro que en el campo es así. Estamos hablando de zonas donde no te vas a encontrar una BP o una Repsol, sino una gasolinera chiquitita, en plan familiar, y el domingo es día de guardar. Evidentemente, nadie te va a avisar, porque es obvio (???) y todo estúpido turista debería hacer los deberes antes de visitar un país ajeno, pero cuando te veas bajando una montaña en punto muerto y rezando -como en domingo procede- para que siga habiendo cuesta al menos hasta el primer núcleo urbano con tamaño de tener un McDonalds te acordarás de haber leído este post.

La segunda tiene más bemoles: pues resulta que en Australia los 4×4 (no se si todos) tienen no uno, sino dos depósitos separados: el normal y uno pequeño de emergencia. Primero se llena el de emergencia y entonces, si sigues echando gasolina, en el momento en que nos rebasaría y acabaríamos perdidos nosotros, el coche y la gasolinera, mire usted que bien, el depósito conmuta y empiezas a llenar el grande. Resulta que esto también es culturilla general, que para que te van a contar si, total, lo sabe todo el mundo. Y tú acabas aprendiéndolo. Lo malo es cuando te das cuenta en mitad del Red Center de Australia, en una carretera en que no has visto otro coche desde el mediodía y ahora que ha oscurecido, como que tus expectativas no son muy buenas. Y ya estás a 100 km -la autonomía del depósito de emergencia- de la gasolinera anterior y no te has traído los zapatos de andar. Como al final todos los tontos tienen suerte -si no, no estaría contándolo- y por mejor o peor yo tiendo a quedarme más con detalles absurdos que con lo general, nos salvó la pura chiripa y que que me acordé de que al otro lado de una montaña con forma de pollo a un par de kilómetros había visto a la ida una gasolinera solitaria. Debí causarle muy buena impresión a la señora que estaba allí cuando llegué andando con mi botella de agua de Lanjarón en la mano a ver si me la podía llenar para poder llegar hasta allí con el coche. Por buscarle un positivo, fue el día que descubrí que los canguros son principalmente nocturnos.

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El coste de tu viaje

La pregunta del millón antes de salir de viaje viene a ser ¿por mi cuenta o por agencia?. Ambas experiencias son bastante distintas y la elección depende de muchos factores, por ejemplo si uno prefiere ir a su propia bola o disfruta cuando se mueve en grupos, si el país destino es más o menos sencillo de manejar y se controla el idioma o se antepone el moverse libremente a las ganas de no preocuparse por nada. Sin embargo, lo más objetivo de discutir el el precio: ¿es más barato ir a nuestra cuenta y riesgo que apoquinar en la agencia de turno? Usualmente, la respuesta más directa es “no”, pero hay que considerar como se invierte nuestro dinero en ambos casos. A continuación voy a intentar hacer un resumen de cómo lo veo yo, siempre teniendo en cuenta que no he trabajado jamás en agencias y, por tanto, esa parte es especulativa.

Empezamos por la parte sencilla: cuando uno se prepara su viaje. Los gastos, así a grosso modo, se pueden resumir en llegar al sitio destino, los hoteles que se vayan usando por el camino, las comidas diarias y otros gastos, que incluyen moverse en destino de un lado a otro (autobus, taxi, tren, barco, etc) y pagar las entradas a atracciones varias. Todo esto nos lo guisamos y nos lo comemos nosotros, generalmente tirando de Internet para transporte y hoteles e improvisando en destino para lo demás (y también tirando de Internet allí, para qué nos vamos a engañar).

Veamos ahora cómo entiendo yo que se distribuye el dinero que pagamos en la agencia por el viaje equivalente.Para empezar, si no ando muy equivocada, en un viaje organizado hay muchas partes que se subcontratan unas a otras. De forma, oportunamente, si una falla puede largarle la responsabilidad a otra cualquiera: ¿que te cambian el hotel? habla con la agencia; ¿que las comidas son malas? quéjate al mayorista; ¿que no te gusta el guía? ya lo tendremos en cuenta para próximos viajes. Y tú, mientras, a verlas pasar.

La estructura que yo entreveo incluye agencia, mayorista y minorista. Cada uno se queda un porcentaje del total y, si no lo entiendo mal, viene a funcionar así. Supongamos que vas a comprar naranjas. El minorista viene a ser el agricultor, el mayorista es la cooperativa y la agencia es el supermercado. Como regla base, si la compañía te suena mucho -como el Corte Inglés o Halcón Viajes-, es agencia, si has oído hablar de ella -como Mapa Tours, Travelplan o Catai- es mayorista y si no tienes ni el nombre, ya sabes.

El minorista funciona como una especie de agencia local que es en último extremo el que monta el viaje. Entre sus atribuciones parece estar pagar el bus y el conductor, encargarse de diseñar las visitas y comprar los tickets y contratar a los guías. Nótese que el negocio turístico ha conseguido separar la figura del guía tradicional en dos -doble alegría, doble gasto-: el que va en el bus contigo contándote lo que se le ocurre y resolviendo lo que pueda pasar (tour operador) y el que te explica la ciudad o el monumento de turno, que tiene que ser local. Gran parte de tu satisfacción con el viaje va a estar en el tour operador, así que más vale que sea bueno/a. Si este es el caso, es costumbre dejar propina. Si no lo es, la va a esperar igual, pero tú mismo.

Un minorista puede vender sus servicios a varios mayoristas. Esto significa que el que paga el viaje al doble por ir al mayorista “de lujo” puede encontrarse codo con codo con el que lo pagó a precio mínimo con mayorista semi-desconocido por Internet, con diferencia en los hoteles a lo sumo y, la mayoría de las veces, ni eso, ya que en sitios pequeños los hoteles son los que son y no hay más. El mayorista entiendo yo que se encarga de contratar al minorista de turno, organizar vuelos (charter si es viable para que le salga más barato) y reservar hoteles (al mogollón para reducir precios). Me queda la duda de si las comidas las reservan ellos o los minoristas, porque siempre se echan la culpa unos a otros. Igual los almuerzos le caen al minorista y las cenas, que muchas veces son en hotel, al mayorista y así todos contentos arruinando el apetito al pobre viajero.

Finalmente, la agencia es el equivalente a una tienda: maneja varios mayoristas y te ofrece los viajes al precio que estos pongan. En teoría, la diferencia de precio está en la calidad pero en muchas ocasiones, como en la ropa, simplemente está en la “etiqueta”, porque en destino el minorista acabará siendo el mismo.

Llegados a este punto, cabe esperar que los precios sean equivalentes. En los viajes organizados se consiguen descuentos “al bulto”, pero hay que pagar bastantes intermediarios. En este sentido y a la hora de escoger, la mayor ventaja cuando uno va a su cuenta y riesgo es la libertad. Libertad de levantarte cuando quieras, quedarte en los sitios el tiempo que prefieras y comer lo que te de la gana. Por contra, llevarás la preocupación de tener que prepararte el viaje de antemano (o ir a lo loco, que a veces es divertido), hacer todas las cosas del mundo y corres el riesgo de perderte cosas interesantes por el camino. Parece justo. Sin embargo …

Y aquí es donde viene la lista de trucos sucios para maximizar los beneficios de cada intermediario que hacen que, para mí, siempre sea mejor la opción a propia cuenta y riesgo. Ahí van unas cuantas:

-Hoteles: Sean de 5 estrellas o de 3, está claro que cuanto más lejos del centro de la ciudad se encuentren, más baratos serán los hoteles, así que ya hace tiempo que los mayoristas han decidido que la mejor ubicación es … las afueras. Total, a ellos les da igual, te llevan allí en el bus, pero prepárate a encerrarte a partir de las 6 de la tarde o a gastarte 50 o 60 pavos en taxis si es que quieres ver vida más allá de la compañía que lleves de serie.

-Comidas: Hay que entender que no en cualquier sitio pueden darle de comer a 6o personas al mismo tiempo y que, evidentemente, el menú va a ser de comedor universitario, pero hay comidas y comidas. En un Londres o un París puedes llegar a entenderlo pero cuando en una ciudad donde por tu cuenta comer a 5 tenedores te puede salir a 10 euros te ponen una mini-ensalada y el clásico pollo-a-la-salsa-desconocida o cerdo-textura-zapatilla, tienes claro que acabas de convertirte en ganado.

-Las clásicas paradas en “artesanos”: No nos llamemos a engaño. Cuando el tour operador te dice que te va a llevar a ver cómo hacen este producto o el otro -tipiquísimo, al parecer- donde además te van a hacer la rebaja del siglo porque tú lo vales, no hay que tener más de tres neuronas funcionales para saber que el minorista saca tajada de todo lo que compres ahí. Y que de barato, poco o nada. Eso si, para que no te puedas escapar, te dejarán una hora en una tienda gigante en mitad de ninguna parte: o compras, o te sientas a mirar la autovía. Y esto después de haberte hecho visitar el palacio de no-se-cuantos o el museo de-tal-y-cual -que es lo que tú venías a ver en realidad- en media hora porque “tenemos una agenda muy apretada”. Manda bemoles.

-Los interminables días de autobus: Si bien el bus es comodísimo para distancias cortas y te hace ahorrar un montón de tiempo, mucho cuidado con apuntarse a un viaje de esos en que te haces 5 países en una semana: pasarás la mayor parte del tiempo encogido en un asiento de autobus o esperando colas monumentales en el baño de un garito de carretera después de haberte dado el madrugón de turno para cruzar el equivalente a España en 14 horas. Y además, después del segundo día, te tocará aguantar las peleas estilo parvulario para ver quien se sienta en los primeros asientos. Si está muy lejos, tren o avión es lo suyo: tu tiempo de vacaciones vale más que el extra que te vas a dejar.

En resumidas cuentas, cada cual a lo suyo, pero sabiendo uno lo que se va a encontrar.


Hablando de quesos: mozzarella et al

Un clásico italiano de toda la vida es el queso mozzarella, pero no viene mal saber qué pide uno, sobre todo cuando está en Italia y puede, así que aquí va una mini-guía para el que tenga dudas al respecto.

La mozzarella en su vertiente más conocida, básicamente el queso que llevan las pizzas y que puedes comprar en el supermercado de la esquina de tu casa. Quiero imaginar que si a un italiano le dices que esto es mozzarella, igual te la pone de sombrero, pero es lo que hay, porque, lo creáis o no, Italia nunca ha solicitado la protección del término “mozzarella”.

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En realidad, la mozzarella viene en formato pizzero y también en formato fresco, en cuyo caso será blanca, blandita y en forma de pera. Además, tendrá que venir en un bote o bolsita con líquido, a riesgo de convertirse en un pisapapeles reseco. Aunque, si se seca correctamente al aire tendremos provolone y, si además se ahuma, escamorza.

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Este es el formato adecuado para la ensalada caprese, pero en general en Italia se usa como entrante, como aperitivo y como lo que proceda.

Esto empieza a parecerse más a lo que sería la mozzarella italiana, que en realidad tiene la denominación de origen de Mozzarella di Bufala Campana. Cuidadín con la mozzarella redonda y blanca que no se llame así expresamente, porque probablemente sea de leche de oveja o de vaca, con lo que perderá sabor. Y glamour.

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No obstante, mi absoluta favorita en esta categoría es la más difícil de encontrar (y de conservar): la burrata. Lo normal para comprarla es encargarla a priori, hay que mantenerla en húmedo y además dura sólo un par de días. De hecho, desde que prohibieron los líquidos en el equipaje de mano he tenido que hacer equilibrios dignos del más infame contrabandista de sustancias ilegales para colar mi ración de burrata en el avión. Viviendo al límite, vaya.

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La burrata es un híbrido entre queso y mantequilla que se desparrama cuando lo cortas, está absolutamente buenísima y, probablemente, sea letal para tu colesterol. Peor para él. En su formato más habitual, te la venden envuelta en unas hojas verdes y con más recomendaciones que si te estuvieran pasando un container de uranio. En Italia hay un montón de restaurantes donde puede tomarse fresca, aquí en España es bastante más complicado, pero algo hay. Con lo que te puedas encontrar en el supermercado, ni te molestes, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

 


Informática en la serranía de Málaga

En septiembre se vienen organizando en Canillas del Aceituno las JAI,  a las que me invitaron a asistir este año. Canillas es un pueblo pequeñito de montaña de Málaga, cerca del parque natural de la Maroma (que es lo más parecido a montaña que tenemos en Málaga). Como corresponde, está todo en cuesta y, siendo Málaga, no hay donde aparcar. Por suerte cae todo a mano y puedes dejar el coche a la entrada del pueblo sin mayor problema. Para los intrépidos que decidan callejear en coche, allá ellos, más les vale llevar un coche estrecho y encomendarse a todos los santos.

Lo más interesante del pueblo son las siguientes tres cosas: la montaña, el cabrito al horno y las copas de marca a 3 euros y medio. En particular, hay tres rutas para subir a la Maroma, una fácil (relativamente) y dos chungas (supongo que también relativamente). De camino para arriba, lo habitual de la zona: bosque de pinos y zona de anidaje de rapaces, además de una estupenda vista del pantano y el valle. En cuanto al cabrito, lo cierto es que les sale de muerte, y eso que yo soy fan de la ternera. Eso si, comer allí es un deporte de fondo: hay que ir guardando sitio o no hay quien llegue a la meta. Ni que decir tiene que lo normal es que con senderismo y todo te vuelvas a casa con algún kilo extra. En cuanto a lo tercero, nunca salir por la noche me había salido tan barato. El bar de debajo de la casa rural que teníamos, con su terracita, sus guiris y un tipo que lo mismo te tocaba un blues que te cantaba una saeta, era un auténtico lujazo. Y encima conservan billar y futbolín de los antiguos.



Ya puestos, aproveché para hacer algún bocetillo de gente en movimiento y algún retratillo al natural, con más o -mucho más frecuente- menos tino.

En resumen, una buena opción para un fin de semana rural y, para los que sois de Informática, para apuntarse a las JAI’12.


De comilona en Shanghai

Una de las cosas que primero os dirán en Salud Exterior cuando tireis para China es que no tomeis agua, ni alimentos frescos, ni nada que compreis de los puestos de la calle. Y en lo del agua se puede uno apañar, pero la mitad de la gracia de ir a un sitio distinto es probar lo que por allí se cuece, en este caso literalmente. Y es que la comida china de verdad es de toma pan y moja, nunca mejor dicho. A los que no soportan el picante hay que recomendarles que esquiven los platos cantoneses y a los que lo adoren, que no se lo pierdan. Por lo demás, lo suyo es probarlo todo, cuanto más raro mejor, y rezar por no reconocer lo que uno se está comiendo.

Para los aprensivos, hay que decir que no se preocupen, la globalización ya hace tiempo que llegó a China y podemos encontrar Mc Donalds, Pizza Huts y Coca Colas por doquier, pero se perderán la gracia de comer por sorpresa.


En general, el restaurante chino a pie de calle tiene una pinta como esta, con su menú plastificado, sus botes de soja y salsa picante y una caja de servilletas tipo kleenex. Diría que esta es la versión cutre (aunque en Shanghai hay restaurantes de 25 tenedores y nada caros), pero lo mejor está por venir.


Lo primero que aprendí en Shanghai es que el pato lacado es especialidad de Beijing, pero aquí no lo hacen bueno: montones de huesos y no le ponen las crepes para envolverlo 😦 Al principio pensamos que era culpa del restaurante cutrón, pero luego lo comimos en uno de los caros y pasó igual. Conclusión: nada de pato de Shanghai. Eso si, con picante todo está más bueno. Especialmente si las cervezas son de tamaño familiar y además un estilo en cuanto a fuerza a las españolas. A partir de aquí empezamos a coleccionar las cervezas locales, a ver cuantas nos daba tiempo a probar.

Una gracieta a la hora de pedir es que ni nosotros hablamos chino, ni en Shanghai se habla inglés (es más, la mitad de los chinos tampoco los entienden), así que salvo en restaurantes “buenos” donde te traducen la carta, hay que indicar por señas si eres alérgico a algo. O emplear la técnica de “the chulet”, que mi amigo JuanPe usó magistralmente para que yo pidiese en los garitos más recónditos 😀

Al final localizamos nuestro garito de cabecera muy cerca del apartamento que teníamos alquilado. Se trataba de un cuartucho, alicatado como los baños del metro, con cajas por todos lados y manteles de papel, donde hacían unas comidas que quitaban el hipo, en particular las setas y champiñones. Básicamente, el menú consistía en encogerse de hombros y enseñarles el dibujo de antes y, a partir de ahí, diversión y platos sorpresa.

Para más alegrías, en la misma calle estaba nuestra tienda de zumos de confianza, que lo mismo te batía una cosa que parecían renacuajos que unos frutos sin nombre, todo buenísimo. Lo único malo es que cerraban a las 10, así que había que darse prisa con la cena en vista de los horarios hispanos.


Aparte de cualquier cosa que vendan por la calle, otra cosa local a probar es la comida uighur, que viene de una cultura mezcla de chino y turco emigrante y se parece mucho a la de nuestros restaurantes marroquís, sólo que con una mezclilla oriental muy curiosa. Como curiosos son los restaurantes, que siempre tienen montada una juerga simpática más el clásico culebrón de fondo de todas las TV chinas.

El otro sitio donde ir a comer es Qibao: aunque lo suyo ahí es comer por los puestos de la calle más que sentarse en un restaurante, las vistas merecen la pena si se quiere comer más tranquilito. Hay un montón de pastelitos de arroz envueltos en hojas, algunos salados y otros dulces, todo tipo de cosas fritas -incluyendo algunas que no invitaban precisamente a consumir- y pinchitos bastante variopintos.


Por último, un consejillo que también viene bien para el que se acerque a los pueblos acuáticos. Igual que en el resto del mundo, si uno se aparta de los sitios turísticos, como, por ejemplo, el río, la comida saldrá mucho más barata y probablemente será mejor. Y no os dejeis llevar por las apariencias. En general, por cutre que sea el garito, en China se come muy bien.


Mente sana (?) en cuerpo algo pocho (I): El botiquín

Aprovechando que vuelvo de una de mis zonas cero de enfermedades tontas, voy a hacer unas cuantas entradas sobre qué echar a la maleta cuando uno va de viaje para evitar males mayores (o menores) que nos pueden suponer un par de días encerrados en el hotel en el mejor de los casos. Ni que decir tiene que he ido añadiendo cosas al botiquín según me han ido pasando, así que si a alguien le sirve de algo, ahí va:

1. ANALGÉSICOS (PARACETAMOL)

Un clásico. De hecho, la mayoría suele llevar alguno encima incluso los días de diario. Un dolor de cabeza de los buenos te quita las ganas de todo, así que para los viajes hace siglos que vengo echando a la bolsa de aseo un par de pastillas de éstas. Nos os voy a contar para qué más sirven (sobre todo a las chicas) porque ya nos lo sabemos.

2. ANTIBIÓTICOS

Pues esto tampoco viene mal, así que con un puñado de genéricos vamos de escándalo. Eso si, como con suerte no se suelen usar demasiado, hay que comprobar fechas de caducidad cada vez que viajamos.

3. ANTIALÉRGICOS-ANTIHISTAMÍNICOS

Evidentemente, al que tenga una alergia diagnosticada no hace falta que le recuerden que eche esto al equipaje, pero no está de más llevar algo suave cuando vamos a un sitio nuevo porque nunca se sabe cuantas alergias desconocidas nos podemos encontrar, y es que los urbanitas estamos hechos unas nenazas y por ahí en esos campos de Dios hay plantas capaces de hacernos un KO en el primer asalto. Debo reconocer que de esto no suelo llevar -diría que principalmente porque te dejan hecho una braga, pero en realidad porque nunca me acuerdo- y en alguna ocasión bien que lo he echado de menos, con esos ojos coloraos y llenos de lagrimones como la Gwynneth Paltrow en cualquiera de sus peliculillas.

4. ANTIDIARREICOS

Esta fue una incorporación posterior a mi botiquín después de pasar por los baños de China. Y Mexico. E Indonesia. Y, sobre todo, Marruecos. Y por poco no salir. Ni que decir tiene que una cosa de estas te deja anclado al hotel hasta que pase lo más gordo, que puede ser cosa de días. Ya me conozco el rollo de no beber agua de grifo, ni zumos naturales, ni lavarte los dientes salvo con agua mineral, cuidado con las ensaladas y frutas … pero es igual, al final siempre cae algo (habitualmente, tú). Aparte de que te planten la vacuna pertinente si vas a un país con riesgo, nunca está de más echar Tanagel o Fortasec. Los médicos recomiendan no usarlos, pero, como dijo Malcolm en Parque Jurásico, “cuando hay necesidad …”

5. PROTECTOR SOLAR

De eso de “yo soy de piel morena” o “total, no voy a tomar el sol”, olvidaos. A la hora de la verdad, todos somos paliduchos frente al sol caribeño o de alta montaña y podemos acabar como un vampiro en Torremolinos (no como los del Crepúsculo ese, sino churruscados vuelta y vuelta). ¡Y anda que no duele todo cuando hemos cogido el sutil moreno del señor Cangrejo! Yo llevo protección total y, según el sitio, la renuevo cada 3 o 4 horas. Y aún así, alguna vez me he quemado 😛

6. TIRITAS, VENDAS, ETC

Aparte de añadir al botiquín hilo y aguja como ya comenté aquí, nunca está de más echar, por lo menos, unas tiritas para una emergencia. Yo de viaje me he cortado, pinchado, arañado, lesionado, descalabrado … pero como de todo no puedo llevar, echo unas tiritas y unas aspirinas 😀

7. REPELENTE DE INSECTOS

Que los mosquitos se pirran por mi sangre ya lo sabía, pero que podían tumbarme por ataque masivo lo descubrí con alegría unas semanas que estuve currando en Cuba, cuando conocía a los auténticos Vampiros en la Habana. Por suerte no cogí dengue -que había una ligera epidemia por aquel entonces en la isla-, pero si me quedé lista de papeles unos días. Después de eso debió correrse la voz y me atacaron las moscas de las arenas -que aunque suene a Star Wars son mosquitos gordos con un nombre chachi- de Milford Sound, los boeing 747 australianos -esos mosquitos tienen que llevar personal de a bordo-, los mosquitos ninja de Martinica … En fin, que ahora me ducho en Relec cada vez que llego a un sitio problemático y, aún así, algo me catan. Incluso a los que aguantan lo que les echen, como el tipo de Arac Attack, no está de más comprobar si el país destino tiene brotes de malaria, difteria o dengue, no sea que volvamos con más de lo que nos llevamos puesto …

Y para saber más: Consejos para viajes internacionales (Junta de Andalucía)


Seguimos de jue … digo huelga

Para que nos coja confesados, los sindicatos CCOO, UGT y USO han presentado una amenaza de preaviso de huelga contra la privatización de Aena para cinco días de abril, otros cinco de mayo , tres de junio y seis de julio y … San Fermín. Dejamos a nuestros avezados lectores que intenten averiguar antes de seguir leyendo cuando, misteriosamente, van a caer esos días.

Y aquí van los números que nos tocan: días 20, 21, 24, 25 y 30 de abril -incluyendo, como no, el miércoles, el jueves y el domingo de Semana Santa-, el 2, 14, 15, 19 y 20 de mayo -suponemos que para celebrar el puente de mayo, las Cruces y San Isidro-, el 13, 23 y 30 de junio, el 1, 2, 3, 4, 15 y 31 de julio y el 1, 15, 31 de agosto, justo en los días claves de vacaciones estivales. Anotenlos para evitar comprar vuelos, porque como el dinero no se lo devuelva Santa Rita … Como buena noticia, no hay que preocuparse de la vuelta, porque me da que no vamos a salir.

Mientras tanto, las compañías ya se han quitado el muerto del puente de diciembre diciendo que no es culpa suya, sino de AENA, que a su vez da la callada por respuesta y señala a los controladores. Y los viajeros en tierra y con las reservas pagadas, por supuesto.

En fin, a los que nos han bajado sueldo y extras, subido luz y gasolina y, en general, dado tanto amor este año, sólo nos queda agradecer por igual a gobierno y sindicatos que cuiden de nuestros ahorros impidiendonos, una vez más, dilapidar lo poco que nos queda por esos mundos de Dios. Y luego, que pidan comprensión.