Archivo del Autor: crisurdiales

Tu ya te sabes ésto: Flojiguía a la monarquía inglesa (y III!)

Son sólo dos siglos, pero está casi todo lo gordo …

PELICULA/SERIE REYES
 SIGLO XIX

Jonathan Strange & Mr Norrell

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Orgullo y prejuicio

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Taboo (1814)

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Young Victoria 

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Ripper Street

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Victoria & Abdul  

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A principios del XIX se retomó la guerra con Francia, más que nada porque Napoleón andaba expansionista e Inglaterra estaba a tiro de barco. La Tercera Coalición fue derrotada en 1805, pero justo después el Comandante Nelson, uno de los héroes nacionales de UK, obtuvo una victoria decisiva en Trafalgar. Esta es la época que nos suena de todos los libros de Jane Austen, con la gente de bien viviendo en sus campos, y llevando a las hijas casaderas a la caza del soltero más codiciado de Hamp-loquesea-shire.

La salud de Jorge III se deterioró definitivamente (murió ciego, sordo y loco), siendo sustituido por sus hijos Jorge IV (1820-1830), Guillermo IV (1830-1837) y, como ambos murieron sin descendencia, su sobrina Victoria de Hannover que reinó del 1837 al 1901.

A la reina Victoria nos la conocemos muy bien, y la época en que reinó es el Londres Victoriano que todos tenemos en la cabeza: la época del Doctor Livingstone, Sherlock Holmes, Jack el Destripador,  Phileas Fogg, el Capitán Nemo, el Dr Jekyll, Drácula y la Máquina del Tiempo entre otros. Es el Londres a luz de gas, opio, coches de caballos, la Revolución Industrial y, sobre todo, la época dorada del Imperio. Entre otras cosas, La Compañía de las Indias Orientales fue disuelta y los protectorados se incorporaron al Imperio (en esa época fue virrey de la India Lord Elgin, el que mangó todos los mármoles del Partenón y luego los malvendió para pagar su divorcio). No es raro que se celebrara la famosísima Gran Exhibición -la abuela de las Expos- en 1851.

Se casó con su primo Alberto de Sajonia-Coburgo Gotha -apellido que su hijo cambiaría a Windsor, por aquello de que lo alemán no ha sido muy popular en el siglo XX-, cosa que sabemos porque medio Londres se llama lo-que-sea Victoria and Albert, y afianzó su poder casando a 26 de sus 42 nietos con miembros de las casas reales europeas,  ganándose el título de abuelilla de Europa, no como el perdedor de Walder Frey.

A pesar de su popularidad en Inglaterra, Victoria pasó por varios intentos de intentos de asesinato. Y, por supuesto, en Irlanda fue bastante menos popular, en particular durante la hambruna provocada por la devastación de la cosecha de patata a mediados de siglo: aunque hizo importantes donaciones al país incluso a nivel personal, allí se la conoce como la Reina del Hambre. Esta es la época de migración de irlandeses a Estados Unidos en la que se sitúa la peli de Un Horizonte Muy Lejano y Gangs of New York.

La verdad es que a nivel internacional Victoria tuvo de todo. Su política expansionista la superó el ministro Disraelí y llevó entre otras cosas, a la guerra anglo-zulú y anglo-afgana.

Tras enviudar, la reina se encerró durante bastante tiempo, hasta el punto de que sus súbditos empezaron a removerse. Teniendo en cuenta que soplaban vientos republicanos por Europa y, en el mejor de los casos, consideraba a su heredero un vaina -una de las teorías más populares sobre Jack el Destripador es que fue el médico de la Reina para tapar los devaneos de Eduardo, como narra From Hell-, Victoria tuvo que volver a la vida pública. En esa época trabó amistad con un criado escocés, John Brown, al que las malas lenguas le colgaron como amante y, bastante después, en su jubileo de oro, le colgaron también a Abdul Karim su maestro de hindi urdu y escriba.

Victoria llegó a su jubileo de diamante. Murió en 1901 en la isla de Wight, acompañada por el futuro rey Eduardo y su nieto, el emperador de Alemania Guillermo II. Con ella acaba la casa Hannover y arranca, como dijimos, la Sajonia-whatever, cambiada al más políticamente correcto Windsor.


Mientras, en el resto del mundo …

12 años de esclavitud, Los Miserables, Lo que el viento se llevó, Ana Karenina, Las montañas de la luna, Zulú, El loco del pelo rojo, Como agua para chocolate, Zatoichi, Crimen y castigo, Ana y el Rey, Gangs of New York, Amistad, el Piano

SIGLO XX

Downton Abbey

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El Discurso del Rey

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La hora más oscura

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The Crown

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Diana

Eduardo VII además de por ser un calavera, no duró mucho como rey, primero porque estuvo de heredero más tiempo que nadie (hasta el Carlos actual) y segundo porque murió de bronquitis 9 años después. Así en líneas generales fue relativamente liberal (el socialismo estaba pegando en aquella época) y las relaciones con el continente se acabaron de estropear a pesar de que estaba emparentado con la mitad de las monarquías gracias a la política de su madre.
Las cosas empiezan a moverse justo después, con la llegada de Jorge V. Para empezar, se hunde el Titanic, pero como no pasa en territorio inglés, nos lo saltamos. Su reinado arranca con cierta decadencia de la nobleza, como nos enseñan en Downton Abbey, y no ayuda nada la llegada de la Primera Guerra Mundial. A Jorge V lo sucede primero su hijo mayor, Eduardo VIII, y cuando este renuncia al trono para casarse con una divorciada estadounidense, Jorge VI. En esa época escribe Tolkien el Señor de los Anillos, estalla la Segunda Guerra Mundial y al pobre Jorge le toca el papelón de dar El Discurso del Rey.De la Segunda Guerra Mundial hay películas para aburrir, desde Dunkerke (cuando los ingleses se retiran como pueden de Francia) hasta la Bruja Novata (en esta última, por ejemplo, se ve como se factura a los críos al campo lejos de sus familias para protegerlos de los bombardeos de Londres, que arrasaron a placer), pero nos vamos a quedar con Churchill, decidiendo si pacta o no con Hitler en La hora más oscura.Una vez terminada la guerra, cuando Jorge VI enferma de cáncer, lo sucede su hija Isabel II, la reina actual. The Crown nos cuenta esa época, arrancando del matrimonio de Isabel con Felipe. Aquí Inglaterra empieza a soltar colonias (salvo Gibraltar, que no lo soltará jamás si de los gibraltareños depende). Merece mención especial el gobierno de Margaret Thatcher, que dejó a la derecha radical en algunas cosas a la altura de una babucha. Y, como no, el matrimonio de Carlos con Diana, posteriores cuernos y sospechosa muerte conduciendo por un túnel en plan A Todo Gas.
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Tú ya te sabes esto … Floji-guía a la monarquía inglesa (II)

Saliendo de la Guerra de los 100 años y entrando directamente a …

PELICULA/SERIE REYES
SIGLO XV

The black Arrow

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The White Queen

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The White Princess

¿Recordamos que el siglo XIV en Inglaterra fue básicamente una guerra continua? Pues por no ponerse nostálgicos, los nietos de Eduardo III se montaron 2 años después la Guerra de las dos Rosas (1455 y 1487). Los Lancaster no estaban precisamente en el top 10 de popularidad después de perder Francia, así que los  York, también descendientes de Eduardo III, aprovecharon para hacerse con el trono que retuvieron … hasta cierto punto. De la casa York fueron Eduardo IV, Eduardo V y Ricardo III, a ese al que le atribuyen la frase de “Mi reino por un caballo” cuando cae en la batalla de Bothworth en 1485 frente a Enrique VII Tudor, de la rama Lancaster (bueno, más bien ante el ejército que se había traído éste, para qué nos vamos a engañar).

Para reconciliar las casas York y Lancaster, Enrique VII se casa con Isabel de York, aunque como nos cuentan en la serie The White Princess, el matrimonio fue de aquella manera. Fue el fundador oficial de la casa Tudor, aunque obviamente no el más famoso.

Efectos secundarios de la Guerra de las Dos Rosas, más allá de la aniquilación de los Plantagenet, fue que buena parte de la nobleza se quedó por el camino y a otro porcentaje importante -los que apoyaban a los York- los liquidaron después. A efectos prácticos, esto acabó con el feudalismo y permitió al rey acumular poder como un campeón. Por eso a todos nos suena el siguiente.


Mientras, en el resto del mundo …

El Jorobado de Notre Dame, Los Borgia, 1492 La Conquista del Paraiso, Isabel

SIGLO XVI

Los Tudor

THE TUDORS - Season 4

Wolf Hall

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Lady Jean

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Elizabeth

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María Reina de Escocia

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Elizabeth, la Edad de Oro

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Enrique VIII reinó entre 1509 y 1547, heredando de su hermano Arturo trono y esposa. Su padre quería cimentar una alianza con España, por lo que casó a su primogénito con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, y, así murió éste a las 20 semanas de la boda, con Enrique VIII. Por justificar estas bodas en serie, el Papa asumió que el matrimonio no se había consumado (si, igualito que en Juego de Tronos). Cuando el matrimonio no dio descendientes varones (sólo tuvieron una hija: María), esta bula-express le vino de perlas a Enrique para invalidar su matrimonio y pasar a casarse con Ana Bolena, a la que le tenía echado el ojo hacía tiempo. El problema, claro está, fue que el Papa estaba bastante presionado por Carlos V, sobrino de la anterior reina, y no estaba por la labor de anular nada. Enrique lo arregló por la vía de enmedio: si la Iglesia no le daba la razón, se busca otra: la protestante. Así pudo largar a Catalina, casarse con Ana y … tener una hija en vez de un hijo: Isabel. ¿Nos va sonando el nombre? Esta ruptura con la Iglesia católica supuso el ascenso de Tomás Cromwell y la ejecución de Tomás Moro, que se negó a aceptar la nueva iglesia. Desafortunadamente para Ana, Enrique le había cogido el tranquillo al divorcio y a los 4 años de la boda volvió a cambiar de cónyuge. Eso si, como Ana no era tía del emperador Carlos V, a esta la pasó por el cadalso, acusada de haberse liado con no se cuantos tipos, incluido su hermano (si, aquí Juego de Tronos tampoco ha inventado mucho). La nueva esposa sería Jane Seymour, madre del futuro Eduardo VI, y ésta se murió ella sola dando a luz. Enrique se casaría hasta 6 veces, primero con el beneplácito de Cromwell y luego, por el sencillo procedimiento de ejecutarlo a él también. Se ve que en Inglaterra no se conoce el dicho de  “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar …”. Si alguien ve esta ley de divorcio muy progre para la época, no olvidemos que otras dos novedosas leyes del monarca convirtieron en crimen la homosexualidad y la brujería. Y suerte que en la época no debía haber mucho inmigrante.

Por aquello de la obsesión con los varones, a la muerte de Enrique heredó su hijo Eduardo, pero murió con 6 años. El movimiento lógico hubiera sido coronar a María, la primogénita de Enrique (con Catalina), pero ésta era católica y, por tanto, un paso atrás para los nobles beneficiados por el protestantismo. Así pues, el regente de Eduardo VI se buscó una chica con ascendencia real –Lady Jean Grey– la casó con su hijo y la subió al trono, introduciéndose en la línea real. Al menos durante los 9 días que tardó María Tudor en derrocarla y decapitarla a ella, a su marido, a su padre y a quien encartara, ya puestos. Como a los casi 300 disidentes religiosos que cayeron en las denominadas persecuciones marianas y que le ganaron el popular nombre de Bloody Mary.

María se casó con Felipe II, perdiendo bastante popularidad ya que, entre otras cosas, eso dificultaba que los ingleses piratearan alegremente los barcos españoles. Felipe también sugirió encerrar a su hermana en la Torre de Londres, así de buen rollo. No es extraño que cuando murió María un par de años después (1558) y Felipe propuso un upgrade matrimonial, la nueva reina, Isabel I, le hiciera la peseta.

No hay que confundir a esta María con María Estuardo, la reina de Escocia (que, recordemos, ya no era parte de Inglaterra), que también le trajo algún dolor de cabeza a Isabel. Esta era católica e Isabel protestante, así que cuando se las piró de su tierra por movidas internas varias de sucesión pensando que su prima la recibiría con los brazos abiertos, Isabel decidió quitarse el problema de los posibles partidarios del catolicismo en su reino vía prisión y decapitación. Parientes y trastos viejos …

A Isabel le fue bien. Muy bien. En su reinado Inglaterra floreció culturalmente -recordemos que fue la época de Shakesperare entre otros- y económicamente, gracias a maniobras tan hábiles como dar patentes de Corso a piratas como Sir Francis Drake y John Hawkins para que saquearan los barcos españoles que volvían de América a placer. Felipe II, que llevaba tiempo buscando una excusa para invadir Inglaterra, aprovechó para enviarles a la Grande y Felicísima Armada (mejor conocida como la Armada Invencible para desparrame general de los hijos de la Gran Bretaña), que se fue quedando por el camino gracias a una combinación nefasta de mala suerte, tiempo pésimo y la manía española de poner enchufados al frente de cosas gordas -después de la muerte del Gran Capitán-. Sea como fuere, la Armada no pasó de Irlanda y los navíos supervivientes volvieron a España con el rabo entre las piernas. A lo que no dan tanta publicidad los historiadores ingleses es a la Contraarmada: Isabel se vino arriba y envió un montón de naves a acabar con la presencia española en el Atlántico y levantar Portugal contra Felipe II. Estos tampoco pasaron de Lisboa y se volvieron a casa calentitos. No obstante, a Isabel le fue mejor apoyando a los protestantes holandeses y a Enrique IV de Francia, también protestante, aunque sólo fuera por seguir fastidiando a Felipe II. En cuanto a batallas navales, podríamos decir que ambos reyes acabaron en tablas. Consiguió también someter una rebelión en Irlanda , que aparentemente siempre ha sido, es y será católica mal que le pese a la corona inglesa.

Isabel I muere en 1603 sin esposo ni descendientes -por algo la llamaron la Reina Virgen, que debía ser sinónimo de soltera de bien en aquella época-, por lo que se negoció como sucesor a Jacobo VI de Escocia, buscando de nuevo lazos comunes con ese reino.


Mientras, en el resto del mundo …

Apocalypto, Nostradamus, Los Inmortales, Otelo, La Conjura del Escorial, Iván el Terrible, la Reina Margot

 SIGLO XVII

Cromwell

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(Aquí hay poco rey, por aquello de que Cromwell montó una república …)

 Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra es principalmente conocido por la denominada Conspiración de la Pólvora, una maniobra terrorista de los católicos de la época que, hasta el último pelo del trato que habían recibido de Isabel, decidieron volar las casas del Parlamento con todo lo que pillaran dentro -monarquía incluida, claro-. El intento fue detenido y el cabecilla, Guy Fawkes, torturado hasta que dio los nombres del resto de los conspiradores, que pasaron a mejor vida. Las dos consecuencias de esto fueron mayores represiones contra los católicos, que hasta perdieron el derecho al voto hasta bien entrado el XIX, y una festividad nacional -the Bonfire Night- llena de petardos, hogueras y quema de muñecos representando a Fawkes.

Aunque por lo visto las féminas no le iban mucho -o el duque de Buckingham le gustaba más-, a Jacobo lo sucede su hijo con la reina Ana de Dinamarca. Jacobo, sin embargo, había tenido relaciones muy tensas con el Parlamento, principalmente, como no, por temas de impuestos, que le pasaría factura a Carlos I más pronto que tarde.

Los problemas arrancaron cuando Jacobo envía a Carlos para tantear un posible matrimonio con la hija de Felipe III. Buckingham y Carlos volvieron de España con mayor amor por las artes, varios purasangre que arrancaron una línea equina en Inglaterra y el deseo de hacer la guerra a España, que había puesto como condición que el rey se hiciera católico. Como las guerras las paga el pueblo, se le reclamó la pasta al Parlamento. A esta gente la guerra contra católicos le parecía bien, siempre y cuando les saliera barata, así que propusieron ir a por las colonias americanas, pero el rey quería ir a por el turrón, en este caso Cádiz, donde les dieron la del pulpo y los devolvieron a casa calentitos. El Parlamento le echó la culpa a Buckingham e intentaron largarlo, pero el rey en venganza los disolvió. Para rematar, a Buckinham se le ocurrió ir a apoyar a los protestantes franceses, donde también perdió, e Inglaterra acabó en una carísima guerra doble contra Francia y España que los dejó a dos velas. El rey decidió imponer, además de los impuestos, “préstamos voluntarios” por partes de sus súbditos para sufragar las guerras. Con intención cero de devolverlos, evidentemente. Además de un puñado de impuestos a lo loco que hacen que el canon de la SGAE parezca hasta normal. Tampoco ayudó a su popularidad que se casara con una princesa católica de Francia y entre tanta tropelía es donde aparece el nombre que seguramente nos suena a la mayoría: Oliver Cromwell. Antiguo miembro del Parlamento, Cromwell acaba liderando una revolución, decapitando al rey y declarando Inglaterra una república (1649): la mancomunidad de Inglaterra (o la Commonwealth, que nos suena más familiar). Cromwell también es conocido por haberle metido las cabras en el corral a los católicos irlandeses. Durante su dominio, se masacró y deportó a buen número de éstos y sus tierras pasaron -como no- al estado. Y por si no había quedado clara su postura, una vez acabó con Irlanda fue a meterle mano a Escocia, que no había tenido otra idea que declarar al hijo del decapitado Carlos I, legítimo rey de Inglaterra (recordemos que originalmente era escocés), y se metió hasta Edimburgo tras la batalla de Dunbar.

Aunque Cromwell se murió él sólo, fue caer y traer de vuelta a la monarquía en la persona de Carlos II. Y, además, como no habían podido liquidarlo personalmente, lo exhumaron e hicieron con el cadáver todo lo que se les pasó por la cabeza. Cosas británicas, supongo.

Lo primero que hizo Carlos II al llegar, demostrando que él si había estudiado historia, es llevarse bien con el Parlamento e ir de buen rollo con el tema de impuestos en general. Esto, hasta que justo antes de morirse dejó caer el bombazo de convertirse al catolicismo y dejarle el marrón al siguiente. Al carecer de descendencia -legítima, quiero decir, de la otra tenía a montones- el trono fue a su hermano Jacobo. Jacobo II, duque de York fue antes Lord Almirante y héroe de la segunda y tercera guerra angloholandesa. De hecho, Nueva York recibió el nombre por él después de que se lo levantaran a los Paises Bajos. Hasta ahí bien, pero como rey,  tiraba más bien hacia el catolicismo, y cuando empezó a meter católicos en Oxford, levantar prohibiciones y devolver prebendas, los protestantes optaron por la Revolución Gloriosa, es decir, por llamar a su yerno, Guillermo de Orange, para que viniera a poner los puntos sobre las ies. Para sorpresa de Jacobo, hasta su hija se puso en su contra -ser reina tira mucho- y lo largaron con viento fresco.  Guillermo III reinó en Inglaterra hasta principios del siglo XVIII (1689-1702). Guillermo es también responsable de los dos tratados que desmembraron el imperio español (Primer y Segundo Tratado de Partición)  y que llevaron a nuestra guerra de Sucesión, es decir, a cambiar a los Habsburgo por los Borbones. Mucho preocuparse por la sucesión española, pero Guillermo tampoco dejó herederos, por lo que la corona fue a su cuñada Ana Estuardo, pese a que el Parlamento hubiera preferido a la protestante Sofía de Hannover.


Mientras, en el resto del mundo …

Alatriste, Piratas, La Puta del Rey, Kubo y las Cuerdas Mágicas, Los tres mosqueteros, Cyranno de Bergerac

 SIGLO XVIII

Rob Roy

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Black Sails 

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Frontera

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Dick Turpin

El Ultimo Mohicano

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El patriota

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La locura del rey Jorge

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Ana reinó 5 años con fuerte oposición del Parlamento, que se dedicó a hacerle la vida imposible a Escocia hasta que éstos dieron su brazo a torcer y se constituyeron en Gran Bretaña.

Durante el reinado de Ana, por cierto, se asentó el actual sistema bipartidista: Torys (conservadores) y Whigs (liberales … de aquella manera). También acaba entonces la guerra de Sucesión española y Gibraltar, junto con varias colonias francesas en norteamérica, pasa a manos de los ingleses.

A Ana la sucede Jorge I (1714-1727), hijo de Sofía de Hannover y, por tanto, protestante. Jorge I  tuvo, por tanto, no sólo problemas con jacobitas (partidarios de jacobo) escoceses sino también con los católicos irlandeses. Es en la guerra de los jacobitas  donde el padre de Rob Roy pierde hasta la camisa y se acaba liando la que se lía en la novela y posterior película.

También tuvo sus más y sus menos en las colonias en America. Es, por ejemplo, en esta época cuando los piratas le declaran la guerra al mundo y aparecen Barbanegra, Rackham, Charles Vane y, en general, todos los piratas que nos suenan de películas y novelas de aventuras. Mientras, en el norte, las compañías inglesas se pelean por el comercio de pieles con Canadá, como cuentan, con más i menos tino, en Frontera. Y, como detalle para ver el calaje de esta gente, indicar que la Compañía Británica de las Indias Orientales llegó a tener su propia moneda y su propio ejército, los casacas rojas esos que salen en todas las películas de la Guerra de Independencia americana, que fue dos Jorges después, entre 1775 y 1783.

Durante la época de Jorge II (1727-1760) lo que sigue es la guerra con Francia por territorios en Canadá, que es donde se encaja El Último Mohicano. También siguen los piratas y este es el Jorge que aparece en Piratas del Caribe, si bien esa saga es mejor obviarla. Y, para no aburrirse, en casa se le instalan los asaltantes de caminos, como Dick Turpin. Vamos, que le crecen los enanos. Aunque no tanto como al Jorge que viene después.

Y es que a Jorge III (1760-1820) se le lía la Guerra de Independencia norteamericana. Si, esa que empieza con los bostonianos tirando el te al mar por beneficiar con impuestos a -otra vez- la Compañía de las Indias Orientales. Y, como Hollywood se encarga de recordarnos periódicamente, la pierde mucho. El detonante fue tal vez la incapacidad de mantener el equilibrio entre lo que los colonos querían (no tener que negociar nada con los nativos para apropiarse de nuevas tierras, básicamente) y lo que la Corona necesitaba (dejar de librar una carísima guerra con los susodichos nativos en las fronteras). Al final la guerra la tuvo que librar a tres frentes: con los colonos, con Francia y con España. Y el resultado fue reconocer Estados Unidos, ceder Florida a España y Terranova a Francia. Como resultado además, se le reorganizó el gobierto -ya no tenía sentido, por ejemplo, una Secretaría de Estado para las Colonias-. Y no a su gusto, precisamente. Su solución fue la habitual: disolver el Parlamento y nuevas elecciones al canto. En este caso salió ganando el país con William Pitt el joven, que apostó por la Ciencia, la Industria y los famosos viajes exploratorios por el Pacífico de la época.

Desafortunadamente -sobre todo para él- la salud del rey no estuvo a la altura de esta renovada popularidad, ya que sufría de algún tipo de enfermedad mental. Y justo cuando consiguió recuperarse, se comió de lleno el impacto de la Revolución Francesa. Lógicamente, la nobleza nacional mostraba cierto recelo frente a la guillotina y un par de detalles más, no fuese que el pueblo copiase los hábitos de sus vecinos. Así, se montaron un par de coaliciones con otras monarquías para plantarle cara a los franceses, pero perdieron y cuando Jorge III se quedó solo ante el peligro, optó por renunciar definitivamente a cualquier derecho sobre el trono de Francia (que se mantenía desde Eduardo III). Además, cuando llegó la nunca oportuna revuelta de Irlanda del mes, igual por compensar, el rey declaró que se la anexionaba al Reino Unido de buen rollo (Acta de Unión). Para suavizar la medida, intentó rebajar las limitaciones impuestas sobre católicos, pero entonces se le revolvieron los protestantes. Total, nadie contento..


Mientras, en el resto del mundo …

47 Ronin, Amadeus, Las amistades peligrosas, Tigre y Dragón, Casanova, Pocahontas, Catalina la Grande,


Mientras, en el resto del mundo …

Titanic, Hermanos de Sangre,


Tú ya te sabes esto … Floji-guía a la monarquía inglesa (I)

¿Conoces la historia de la corona inglesa? Si no me conozco ni la de la española, te estarás diciendo. Error. Será porque la Historia la escriben los ganadores -bueno, en realidad los historiadores ingleses- o porque las series las escribe la BBC, probablemente te conoces de pé a pa quien ha gobernado Inglaterra desde tiempos de los romanos. Fíjate, y tú sin saberlo…

Pues de nada, para que puedas fardar con tu cuñado de que sabes más historia que él, te vamos a recordar en orden cronológico todas las películas que has visto para que sepas qué fue primero, si Rob Roy o Braveheart, quién estaba detrás de los casacas rojas de los que tanto protestaban los yanquis, quién se echó unas risas con la Armada Invencible y qué rey le tocó aguantar a Mr Darcy y Elizabeth Bennet.

Eso si, no digas que no te aviso, si eres amante de la historia rigurosa y las fechas con decimales, deberías dejar de leer en TRES, DOS, UNO …

Puestos a empezar por algún sitio, podríamos hacerlo con el Antiguo y Futuro Rey de Inglaterra. Como va a ser que lo de la evidencia histórica como que no, a pesar de que al Rey Arturo (2004) le pese (la del 2017 es mejor hacer que no ha existido) pues me quedo con Excalibur porque esa peli al menos me gusta. En realidad, lo que se conservan son evidencias de que un guerrero de las tribus romano-británicas plantó cara a los sajones -los alemanes de la época, vaya- en la batalla de Badoon. El resto se ha ido añadiendo poco a poco, pero la idea general es que al final se le colaron hasta la cocina y dominaron la isla hasta el 1066, convirtiéndose en los anglosajones esos de las pelis de espadas. Aquí los reyes iban y venían, así que saltamos directamente a …

PELICULA/SERIE REYES
SIGLO IX

Vikingos

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The Secret of Kells

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Pues increíble como pueda parecer, existió un Ragnar Lothbrok, rey de Suecia casado con Ladgherta, guerrera vikinga legendaria, que se dedicó a fastidiar a francos y anglos por igual . Aquí Inglaterra aún no era tal, sino una colección de reinos mejor o peor avenidos incluyendo Wessex, Mercia y Guthrum, como cuentan en la serie Vikingos. Los reyes anglos que aparecen en dicha serie, como el rey Edberg de Wessex y su hijo King Æthelwulf son personajes reales, aunque hay que tomar lo que cuentan con pinzas. Lo que si que es cierto es que el nieto de Edberg sería el que le parara finalmente los pies a los vikingos en Gran Bretaña, recibiendo el nombre de Alfredo el Grande. 

Esta es también la época del libro de Kells, los manuscritos de los monasterios, y el final (oficial) de las religiones druídicas antiguas.


Mientras, en el resto del mundo …

La casa de las dagas voladoras, Scherezade, Carlomagno

SIGLO XI

MacBeth 

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1066

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Aunque que Escocia sea Inglaterra o lo haya sido alguna vez es discutible, metemos sin rencor en la lista a Macbeth, rey de Escocia, que conocemos, de aquella manera, por el amigo Shakespeare. Según éste último, aconsejado por tres brujas y su mujer, un poco bruja también, Macbeth se viene arriba y decide ser rey en lugar del rey, liquidando a Duncan I, volviéndose paranoico perdido y liándola de tal manera que al final cava su tumba él mismo. Es cierto que lo sucedió al trono Malcolm III, hijo de Duncan I, pero después de mucho tiempo y de que le allanara el camino con una amistosa invasión el vecino inglés Eduardo el Confesor.

¿Recordamos a los francos de la serie Vikingos? Pues a estas alturas el Duque de Normandía, Guillermo, hijo ilegítimo del anterior duque, decide que igual al otro lado del charco el vino es mejor y que, a fin de cuentas, sus nobles están muy levantiscos y, aprovechando que Eduardo el Confesor muere sin descendencia, se impone en la batalla de Hasting al otro candidato al trono inglés, convirtiéndose el el primer rey inglés de origen normando: Guillermo el Conquistador. ¿A que lo de conquistador suena a que los ingleses se metieron en algún otro lado? Pues no. Hasta ahora mayormente los invadidos eran ellos.


Mientras, en el resto del mundo …
El Cid, El Médico, La Gran Muralla, El Guía del Desfiladero

SIGLO XII

Becket

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The Lion in Winter

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Robin Hood

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Enrique II de Plantagenet, primero de su dinastía en Inglaterra (por parte materna) y casado con Leonor de Aquitania (todo muy francés en esta época, vaya) puede que no nos suene demasiado, pero si nos suenan sus chavales: Ricardo Corazón de León y Juan Sin Tierra, aunque sólo sea porque todos hemos visto alguna versión de Robin Hood aunque sea la de dibujos animados. De Enrique, decir que tuvo un reinado movidito, entre rebeliones de sus niños y el deseo de reformar la relación Corona-Iglesia, que topó de frente con Tomas Becket, arzobispo de Canterbury, y acabó con este último ligeramente asesinado. De Ricardo, que básicamente pasó de todo y se fue de Cruzadas, no llegando a echar más de 6 meses en suelo inglés durante su propio reinado. Juan sucedió a su hermano con poco éxito, ya que no sólo consiguió que lo excomulgaran, sino que los nobles se le revelaran y lo obligaran a firmar la Carta Magna, que luego se pasó convenientemente por el forro con el beneplácito del Papa. Murió mientras se retiraba de la invasión de Luis VIII de Francia, al que los nobles habían invitado a reemplazarlo. Sin embargo, llegado el momento, los nobles aceptaron en el trono a su hijo Enrique III. Si es que son de un indeciso …


Mientras, en el resto del mundo …

El Reino de los Cielos, Ghengis Khan, El Halcón y la Flecha

SIGLO XIII

Braveheart

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Enrique III no es muy interesante más allá de que los nobles nunca están contentos con nada, pero a su hijo si lo conocemos del cine: Eduardo I LongshanksA Eduardo I le tiraban las guerras y para financiarlas tiraba de impuestos de todo tipo, además de usar la tradicional maniobra de prohibir la usura para apropiarse de los préstamos de los judíos que tantas alegrías le ha dado a las monarquías. Para tener más tranquilos a los nobles en Escocia, se ve que les concedió una serie de privilegios que llevaron a un cabreo monumental de William Wallace y, en resumen, a lo que nos cuentan en la película Braveheart y a que, más adelante, en 1306 Robert de Bruce arrebatara Escocia a los ingleses. Como anécdota etimológica, Charing Cross fue una de las 12 cruces que Eduardo puso a lo largo del cortejo fúnebre de su esposa Leonor de Castilla. El reinado de su hijo Eduardo II fue desastroso, hasta el punto que acabó asesinado por su esposa y el amante de ésta.


Mientras, en el resto del mundo …

Marco Polo, Hermano Sol, Hermana Luna, Lady Halcón

SIGLO XIV

The Hollow Crown

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Enrique V  

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The Messenger

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Con Eduardo III llegan 116 años muy entretenidos. La Guerra de los 100 años dura del 1337 al 1453, y está motivada por ver quien controla las tierras inglesas en Francia (recordemos que desde Guillermo el Conquistador las casas reales inglesas y francesas se casaban unas con otras y otras con unas y al final no se sabía qué era de quién). Eduardo III decidió él solito declararse legítimo rey de Francia. Con un par. Aunque hay que decir que no empezó él.

Entre otras diversiones, Eduardo III, que increíblemente aguantó 50 años en el trono, se las vio con la Peste Negra -riete tú de las epidemias zombi de ahora-. A su muerte, el trono va a su nieto de 10 años, que lo retiene lo justo hasta que se lo quita su primo Enrique, de la casa Lancaster por línea paterna.

A Enrique V no se le dio nada mal la guerra con Francia, sobre todo porque allí estaban de guerra civil los duques de Borgoña y Orleans y no podían ser molestados por algo tan mundano como una invasión inglesa. Así fue que en la batalla de Agincourt se hizo con media Francia. Por desgracia (para él y Gran Bretaña), murió pronto y dejó al cargo a su hijo Enrique VI, un bebé por aquella época.

En este tramo guerra es donde Juana de Arco consigue que nombren rey de Francia a Carlos VII de Valois y que éste largue a los ingleses a su tierra, sólo para que la acaben traicionando y la entreguen al enemigo. Juan de Lancaster (o Plantagenet) regente hasta la mayoría de edad de Enrique VI, se encargó de expresar su opinión sobre el feminismo pasándole el marrón a la Inquisición para que le montaran una barbacoa. Eso si, los ingleses acabaron en su casa, en buena parte gracias a la victoria de Orleans.


Mientras, en el resto del mundo …

La princesa Mononoke, Black Death, Guillermo Tell, El nombre de la rosa

 


Alquiler de coche: nivel avanzado

autoloco

Y aunque segundas partes nunca fueron buenas, acompañando al post Alquiler de coches for Dummies que cubre lo básico cuando quieres añadir cuatro ruedas a tu viaje, aquí vamos a cubrir el nivel pardillo experto, es decir, esas cosas que no te podías esperar pero de alguna forma acabaron pasándote. O, al menos, a mí.

Empecemos por lo fácil: Estados Unidos y sus coches con marchas automáticas.

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La verdad es que conducir un coche de estos está tirado … siempre y cuando primero tus piernas se hagan a la idea de que no hay pedal de embrague y dejen de confundir acelerador y freno. Mientras tanto … unas risas. Además de que no va a ser plan de preguntarle al tipo del alquiler qué significan la P, la R y la D esas que están en la palanca de cambios mientras te está dando las llaves de un cacharro de varios miles de euros. Afortunadamente, siempre puedes mirar la Wikipedia disimuladamente mientras aún estás en el parking -yo lo he hecho- y luego salir lo más dignamente posible dando frenazos y acelerones como cuando te estaban enseñando a conducir. Al final te acostumbras, pero esos primeros metros antes de llegar a la autopista son de video de Youtube.

El nivel 2 del asunto es, mire usted por donde, el cambio de neumático. Sobre todo cuando pinchas en un sitio divertido, en plan “¡Anda, qué gracia! ¿qué hace un clavo de 15 cm de largo aquí, en mitad de los Andes?”. Si, en esos sitios en que la estrategia habitual de llamar al Seguro y que se encarguen, como que no va.

La mayoría estaréis pensando “bah, yo he cambiado neumáticos con la izquierda, ésto conmigo no va”. Pues yo también los he cambiado, y aún así me he encontrado con situaciones memorables. Ahí van las dos más gordas.

GATO

La primera: no hay gato. O, lo que es más irónico, hay un gato para un Smart, pero lo que llevas es un 4×4. Esto, más que cuando alquilas, te viene a pasar cuando algún -ejem- familiar usa el mismo coche y olvida que existe más gente en el mundo, pero entra dentro de lo posible cuando el coche lo has alquilado por Internet a una agencia que no conoce ni el que te coge el teléfono cuando llamas. Aunque parezca increíble, cambiar una rueda de esa envergadura con un gato minúsculo entra dentro de lo posible si le echas desesperación, imaginación, bloques de hormigón y una buena dosis de inconsciencia, pero no voy a contar el truco, no sea que alguien lo intente y tengamos una desgracia. Evidentemente, salvo que uno se encuentre en una carretera perdida donde pasa un coche al mes, de esas que tanto me gustan a mi, lo mejor es esperar a que pase un coche de tamaño similar al nuestro y pedirle que  pare y nos preste el gato. Ojo, lo de sellar el pinchazo con un spray de esos funciona sólo hasta cierto punto, aunque es mejor que nada.

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La segunda es, si cabe, más divertida: ¿dónde está el neumático de repuesto? Aquí cabe pensar a qué pedazo de cabestro se le puede pasar que le indiquen dónde se encuentra la rueda antes de llevarse el coche de alquiler. La respuesta es sencilla: al mismo que nada más salir con el que había alquilado y al principio de la montaña le falla la correa del ventilador -y esto ya está dando pistas acerca del nivel de los que te han alquilado el vehículo- y cuando llama le aparece un tipo con otro coche distinto, una palmada en la espalda y sus mejores deseos para lo que te viene por delante. Que, en mi caso, era el desierto de Atacama en los Andes. Pues va y resulta que las rancheras de la zona, en lugar de llevar el neumático visible o en un maletero lo llevan re-colgado debajo del coche, de forma que con una especie de percha larga metálica lo pescas, lo sueltas de un tornillo que hay justo encima y lo dejas caer. Super-intuitivo. Tanto más si estás en medio de una especie de tormenta de arena a más de 4000 metros, mientras las alpacas se ríen de ti. Aquí tuvimos suerte -al menos nosotros- de que habíamos recogido a un tipo que iba a uno de los pueblos de más abajo -en los Andes ni siquiera se llama autostop: uno camina junto a la carretera y la etiqueta marca que los coches que pasan te pregunten donde vas y te acerquen si les pilla de camino-. El si que sabía donde encontrar el neumático. Si no, las alpacas se habrían reído mucho más.

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La siguiente gracieta es, obviamente, quedarse sin gasolina. Vale que no somos tan tontos -generalmente :P- como para apurar el depósito hasta la última gota, tanto más en zonas donde sabemos que las gasolineras están más bien distantes, pero hay imponderables que más vale conocer antes de ponerse al volante.

Una curiosidad es, por ejemplo, que en algunos países -Polonia, no me gusta señalar …- muchas gasolineras cierran en domingo. No se si en las ciudades grandes pasa, pero os aseguro que en el campo es así. Estamos hablando de zonas donde no te vas a encontrar una BP o una Repsol, sino una gasolinera chiquitita, en plan familiar, y el domingo es día de guardar. Evidentemente, nadie te va a avisar, porque es obvio (???) y todo estúpido turista debería hacer los deberes antes de visitar un país ajeno, pero cuando te veas bajando una montaña en punto muerto y rezando -como en domingo procede- para que siga habiendo cuesta al menos hasta el primer núcleo urbano con tamaño de tener un McDonalds te acordarás de haber leído este post.

La segunda tiene más bemoles: pues resulta que en Australia los 4×4 (no se si todos) tienen no uno, sino dos depósitos separados: el normal y uno pequeño de emergencia. Primero se llena el de emergencia y entonces, si sigues echando gasolina, en el momento en que nos rebasaría y acabaríamos perdidos nosotros, el coche y la gasolinera, mire usted que bien, el depósito conmuta y empiezas a llenar el grande. Resulta que esto también es culturilla general, que para que te van a contar si, total, lo sabe todo el mundo. Y tú acabas aprendiéndolo. Lo malo es cuando te das cuenta en mitad del Red Center de Australia, en una carretera en que no has visto otro coche desde el mediodía y ahora que ha oscurecido, como que tus expectativas no son muy buenas. Y ya estás a 100 km -la autonomía del depósito de emergencia- de la gasolinera anterior y no te has traído los zapatos de andar. Como al final todos los tontos tienen suerte -si no, no estaría contándolo- y por mejor o peor yo tiendo a quedarme más con detalles absurdos que con lo general, nos salvó la pura chiripa y que que me acordé de que al otro lado de una montaña con forma de pollo a un par de kilómetros había visto a la ida una gasolinera solitaria. Debí causarle muy buena impresión a la señora que estaba allí cuando llegué andando con mi botella de agua de Lanjarón en la mano a ver si me la podía llenar para poder llegar hasta allí con el coche. Por buscarle un positivo, fue el día que descubrí que los canguros son principalmente nocturnos.

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El coste de tu viaje

La pregunta del millón antes de salir de viaje viene a ser ¿por mi cuenta o por agencia?. Ambas experiencias son bastante distintas y la elección depende de muchos factores, por ejemplo si uno prefiere ir a su propia bola o disfruta cuando se mueve en grupos, si el país destino es más o menos sencillo de manejar y se controla el idioma o se antepone el moverse libremente a las ganas de no preocuparse por nada. Sin embargo, lo más objetivo de discutir el el precio: ¿es más barato ir a nuestra cuenta y riesgo que apoquinar en la agencia de turno? Usualmente, la respuesta más directa es “no”, pero hay que considerar como se invierte nuestro dinero en ambos casos. A continuación voy a intentar hacer un resumen de cómo lo veo yo, siempre teniendo en cuenta que no he trabajado jamás en agencias y, por tanto, esa parte es especulativa.

Empezamos por la parte sencilla: cuando uno se prepara su viaje. Los gastos, así a grosso modo, se pueden resumir en llegar al sitio destino, los hoteles que se vayan usando por el camino, las comidas diarias y otros gastos, que incluyen moverse en destino de un lado a otro (autobus, taxi, tren, barco, etc) y pagar las entradas a atracciones varias. Todo esto nos lo guisamos y nos lo comemos nosotros, generalmente tirando de Internet para transporte y hoteles e improvisando en destino para lo demás (y también tirando de Internet allí, para qué nos vamos a engañar).

Veamos ahora cómo entiendo yo que se distribuye el dinero que pagamos en la agencia por el viaje equivalente.Para empezar, si no ando muy equivocada, en un viaje organizado hay muchas partes que se subcontratan unas a otras. De forma, oportunamente, si una falla puede largarle la responsabilidad a otra cualquiera: ¿que te cambian el hotel? habla con la agencia; ¿que las comidas son malas? quéjate al mayorista; ¿que no te gusta el guía? ya lo tendremos en cuenta para próximos viajes. Y tú, mientras, a verlas pasar.

La estructura que yo entreveo incluye agencia, mayorista y minorista. Cada uno se queda un porcentaje del total y, si no lo entiendo mal, viene a funcionar así. Supongamos que vas a comprar naranjas. El minorista viene a ser el agricultor, el mayorista es la cooperativa y la agencia es el supermercado. Como regla base, si la compañía te suena mucho -como el Corte Inglés o Halcón Viajes-, es agencia, si has oído hablar de ella -como Mapa Tours, Travelplan o Catai- es mayorista y si no tienes ni el nombre, ya sabes.

El minorista funciona como una especie de agencia local que es en último extremo el que monta el viaje. Entre sus atribuciones parece estar pagar el bus y el conductor, encargarse de diseñar las visitas y comprar los tickets y contratar a los guías. Nótese que el negocio turístico ha conseguido separar la figura del guía tradicional en dos -doble alegría, doble gasto-: el que va en el bus contigo contándote lo que se le ocurre y resolviendo lo que pueda pasar (tour operador) y el que te explica la ciudad o el monumento de turno, que tiene que ser local. Gran parte de tu satisfacción con el viaje va a estar en el tour operador, así que más vale que sea bueno/a. Si este es el caso, es costumbre dejar propina. Si no lo es, la va a esperar igual, pero tú mismo.

Un minorista puede vender sus servicios a varios mayoristas. Esto significa que el que paga el viaje al doble por ir al mayorista “de lujo” puede encontrarse codo con codo con el que lo pagó a precio mínimo con mayorista semi-desconocido por Internet, con diferencia en los hoteles a lo sumo y, la mayoría de las veces, ni eso, ya que en sitios pequeños los hoteles son los que son y no hay más. El mayorista entiendo yo que se encarga de contratar al minorista de turno, organizar vuelos (charter si es viable para que le salga más barato) y reservar hoteles (al mogollón para reducir precios). Me queda la duda de si las comidas las reservan ellos o los minoristas, porque siempre se echan la culpa unos a otros. Igual los almuerzos le caen al minorista y las cenas, que muchas veces son en hotel, al mayorista y así todos contentos arruinando el apetito al pobre viajero.

Finalmente, la agencia es el equivalente a una tienda: maneja varios mayoristas y te ofrece los viajes al precio que estos pongan. En teoría, la diferencia de precio está en la calidad pero en muchas ocasiones, como en la ropa, simplemente está en la “etiqueta”, porque en destino el minorista acabará siendo el mismo.

Llegados a este punto, cabe esperar que los precios sean equivalentes. En los viajes organizados se consiguen descuentos “al bulto”, pero hay que pagar bastantes intermediarios. En este sentido y a la hora de escoger, la mayor ventaja cuando uno va a su cuenta y riesgo es la libertad. Libertad de levantarte cuando quieras, quedarte en los sitios el tiempo que prefieras y comer lo que te de la gana. Por contra, llevarás la preocupación de tener que prepararte el viaje de antemano (o ir a lo loco, que a veces es divertido), hacer todas las cosas del mundo y corres el riesgo de perderte cosas interesantes por el camino. Parece justo. Sin embargo …

Y aquí es donde viene la lista de trucos sucios para maximizar los beneficios de cada intermediario que hacen que, para mí, siempre sea mejor la opción a propia cuenta y riesgo. Ahí van unas cuantas:

-Hoteles: Sean de 5 estrellas o de 3, está claro que cuanto más lejos del centro de la ciudad se encuentren, más baratos serán los hoteles, así que ya hace tiempo que los mayoristas han decidido que la mejor ubicación es … las afueras. Total, a ellos les da igual, te llevan allí en el bus, pero prepárate a encerrarte a partir de las 6 de la tarde o a gastarte 50 o 60 pavos en taxis si es que quieres ver vida más allá de la compañía que lleves de serie.

-Comidas: Hay que entender que no en cualquier sitio pueden darle de comer a 6o personas al mismo tiempo y que, evidentemente, el menú va a ser de comedor universitario, pero hay comidas y comidas. En un Londres o un París puedes llegar a entenderlo pero cuando en una ciudad donde por tu cuenta comer a 5 tenedores te puede salir a 10 euros te ponen una mini-ensalada y el clásico pollo-a-la-salsa-desconocida o cerdo-textura-zapatilla, tienes claro que acabas de convertirte en ganado.

-Las clásicas paradas en “artesanos”: No nos llamemos a engaño. Cuando el tour operador te dice que te va a llevar a ver cómo hacen este producto o el otro -tipiquísimo, al parecer- donde además te van a hacer la rebaja del siglo porque tú lo vales, no hay que tener más de tres neuronas funcionales para saber que el minorista saca tajada de todo lo que compres ahí. Y que de barato, poco o nada. Eso si, para que no te puedas escapar, te dejarán una hora en una tienda gigante en mitad de ninguna parte: o compras, o te sientas a mirar la autovía. Y esto después de haberte hecho visitar el palacio de no-se-cuantos o el museo de-tal-y-cual -que es lo que tú venías a ver en realidad- en media hora porque “tenemos una agenda muy apretada”. Manda bemoles.

-Los interminables días de autobus: Si bien el bus es comodísimo para distancias cortas y te hace ahorrar un montón de tiempo, mucho cuidado con apuntarse a un viaje de esos en que te haces 5 países en una semana: pasarás la mayor parte del tiempo encogido en un asiento de autobus o esperando colas monumentales en el baño de un garito de carretera después de haberte dado el madrugón de turno para cruzar el equivalente a España en 14 horas. Y además, después del segundo día, te tocará aguantar las peleas estilo parvulario para ver quien se sienta en los primeros asientos. Si está muy lejos, tren o avión es lo suyo: tu tiempo de vacaciones vale más que el extra que te vas a dejar.

En resumidas cuentas, cada cual a lo suyo, pero sabiendo uno lo que se va a encontrar.


Cuadernos de viaje: Rumanía

Ultimamente parece que no saco tiempo para escribir, pero al menos durante los viajes puedo dibujar …


Cuadernos de viaje: Turquía

Para abrir la semana, os dejo uno de mis cuadernos de viaje completos: Turquía. Siempre había tenido ganas de ver la Capadocia, pero al final la sorpresa fue Estambul, que me gustó mucho más de lo que esperaba. ¡Me lo apunto para volver!