Tú ya te sabes esto … Floji-guía a la monarquía inglesa (II)


Saliendo de la Guerra de los 100 años y entrando directamente a …

PELICULA/SERIE REYES
SIGLO XV

The black Arrow

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The White Queen

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The White Princess

¿Recordamos que el siglo XIV en Inglaterra fue básicamente una guerra continua? Pues por no ponerse nostálgicos, los nietos de Eduardo III se montaron 2 años después la Guerra de las dos Rosas (1455 y 1487). Los Lancaster no estaban precisamente en el top 10 de popularidad después de perder Francia, así que los  York, también descendientes de Eduardo III, aprovecharon para hacerse con el trono que retuvieron … hasta cierto punto. De la casa York fueron Eduardo IV, Eduardo V y Ricardo III, a ese al que le atribuyen la frase de “Mi reino por un caballo” cuando cae en la batalla de Bothworth en 1485 frente a Enrique VII Tudor, de la rama Lancaster (bueno, más bien ante el ejército que se había traído éste, para qué nos vamos a engañar).

Para reconciliar las casas York y Lancaster, Enrique VII se casa con Isabel de York, aunque como nos cuentan en la serie The White Princess, el matrimonio fue de aquella manera. Fue el fundador oficial de la casa Tudor, aunque obviamente no el más famoso.

Efectos secundarios de la Guerra de las Dos Rosas, más allá de la aniquilación de los Plantagenet, fue que buena parte de la nobleza se quedó por el camino y a otro porcentaje importante -los que apoyaban a los York- los liquidaron después. A efectos prácticos, esto acabó con el feudalismo y permitió al rey acumular poder como un campeón. Por eso a todos nos suena el siguiente.


Mientras, en el resto del mundo …

El Jorobado de Notre Dame, Los Borgia, 1492 La Conquista del Paraiso, Isabel

SIGLO XVI

Los Tudor

THE TUDORS - Season 4

Wolf Hall

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Lady Jean

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Elizabeth

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María Reina de Escocia

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Elizabeth, la Edad de Oro

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Enrique VIII reinó entre 1509 y 1547, heredando de su hermano Arturo trono y esposa. Su padre quería cimentar una alianza con España, por lo que casó a su primogénito con Catalina de Aragón, hija de los Reyes Católicos, y, así murió éste a las 20 semanas de la boda, con Enrique VIII. Por justificar estas bodas en serie, el Papa asumió que el matrimonio no se había consumado (si, igualito que en Juego de Tronos). Cuando el matrimonio no dio descendientes varones (sólo tuvieron una hija: María), esta bula-express le vino de perlas a Enrique para invalidar su matrimonio y pasar a casarse con Ana Bolena, a la que le tenía echado el ojo hacía tiempo. El problema, claro está, fue que el Papa estaba bastante presionado por Carlos V, sobrino de la anterior reina, y no estaba por la labor de anular nada. Enrique lo arregló por la vía de enmedio: si la Iglesia no le daba la razón, se busca otra: la protestante. Así pudo largar a Catalina, casarse con Ana y … tener una hija en vez de un hijo: Isabel. ¿Nos va sonando el nombre? Esta ruptura con la Iglesia católica supuso el ascenso de Tomás Cromwell y la ejecución de Tomás Moro, que se negó a aceptar la nueva iglesia. Desafortunadamente para Ana, Enrique le había cogido el tranquillo al divorcio y a los 4 años de la boda volvió a cambiar de cónyuge. Eso si, como Ana no era tía del emperador Carlos V, a esta la pasó por el cadalso, acusada de haberse liado con no se cuantos tipos, incluido su hermano (si, aquí Juego de Tronos tampoco ha inventado mucho). La nueva esposa sería Jane Seymour, madre del futuro Eduardo VI, y ésta se murió ella sola dando a luz. Enrique se casaría hasta 6 veces, primero con el beneplácito de Cromwell y luego, por el sencillo procedimiento de ejecutarlo a él también. Se ve que en Inglaterra no se conoce el dicho de  “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar …”. Si alguien ve esta ley de divorcio muy progre para la época, no olvidemos que otras dos novedosas leyes del monarca convirtieron en crimen la homosexualidad y la brujería. Y suerte que en la época no debía haber mucho inmigrante.

Por aquello de la obsesión con los varones, a la muerte de Enrique heredó su hijo Eduardo, pero murió con 6 años. El movimiento lógico hubiera sido coronar a María, la primogénita de Enrique (con Catalina), pero ésta era católica y, por tanto, un paso atrás para los nobles beneficiados por el protestantismo. Así pues, el regente de Eduardo VI se buscó una chica con ascendencia real –Lady Jean Grey– la casó con su hijo y la subió al trono, introduciéndose en la línea real. Al menos durante los 9 días que tardó María Tudor en derrocarla y decapitarla a ella, a su marido, a su padre y a quien encartara, ya puestos. Como a los casi 300 disidentes religiosos que cayeron en las denominadas persecuciones marianas y que le ganaron el popular nombre de Bloody Mary.

María se casó con Felipe II, perdiendo bastante popularidad ya que, entre otras cosas, eso dificultaba que los ingleses piratearan alegremente los barcos españoles. Felipe también sugirió encerrar a su hermana en la Torre de Londres, así de buen rollo. No es extraño que cuando murió María un par de años después (1558) y Felipe propuso un upgrade matrimonial, la nueva reina, Isabel I, le hiciera la peseta.

No hay que confundir a esta María con María Estuardo, la reina de Escocia (que, recordemos, ya no era parte de Inglaterra), que también le trajo algún dolor de cabeza a Isabel. Esta era católica e Isabel protestante, así que cuando se las piró de su tierra por movidas internas varias de sucesión pensando que su prima la recibiría con los brazos abiertos, Isabel decidió quitarse el problema de los posibles partidarios del catolicismo en su reino vía prisión y decapitación. Parientes y trastos viejos …

A Isabel le fue bien. Muy bien. En su reinado Inglaterra floreció culturalmente -recordemos que fue la época de Shakesperare entre otros- y económicamente, gracias a maniobras tan hábiles como dar patentes de Corso a piratas como Sir Francis Drake y John Hawkins para que saquearan los barcos españoles que volvían de América a placer. Felipe II, que llevaba tiempo buscando una excusa para invadir Inglaterra, aprovechó para enviarles a la Grande y Felicísima Armada (mejor conocida como la Armada Invencible para desparrame general de los hijos de la Gran Bretaña), que se fue quedando por el camino gracias a una combinación nefasta de mala suerte, tiempo pésimo y la manía española de poner enchufados al frente de cosas gordas -después de la muerte del Gran Capitán-. Sea como fuere, la Armada no pasó de Irlanda y los navíos supervivientes volvieron a España con el rabo entre las piernas. A lo que no dan tanta publicidad los historiadores ingleses es a la Contraarmada: Isabel se vino arriba y envió un montón de naves a acabar con la presencia española en el Atlántico y levantar Portugal contra Felipe II. Estos tampoco pasaron de Lisboa y se volvieron a casa calentitos. No obstante, a Isabel le fue mejor apoyando a los protestantes holandeses y a Enrique IV de Francia, también protestante, aunque sólo fuera por seguir fastidiando a Felipe II. En cuanto a batallas navales, podríamos decir que ambos reyes acabaron en tablas. Consiguió también someter una rebelión en Irlanda , que aparentemente siempre ha sido, es y será católica mal que le pese a la corona inglesa.

Isabel I muere en 1603 sin esposo ni descendientes -por algo la llamaron la Reina Virgen, que debía ser sinónimo de soltera de bien en aquella época-, por lo que se negoció como sucesor a Jacobo VI de Escocia, buscando de nuevo lazos comunes con ese reino.


Mientras, en el resto del mundo …

Apocalypto, Nostradamus, Los Inmortales, Otelo, La Conjura del Escorial, Iván el Terrible, la Reina Margot

 SIGLO XVII

Cromwell

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(Aquí hay poco rey, por aquello de que Cromwell montó una república …)

 Jacobo VI de Escocia y I de Inglaterra es principalmente conocido por la denominada Conspiración de la Pólvora, una maniobra terrorista de los católicos de la época que, hasta el último pelo del trato que habían recibido de Isabel, decidieron volar las casas del Parlamento con todo lo que pillaran dentro -monarquía incluida, claro-. El intento fue detenido y el cabecilla, Guy Fawkes, torturado hasta que dio los nombres del resto de los conspiradores, que pasaron a mejor vida. Las dos consecuencias de esto fueron mayores represiones contra los católicos, que hasta perdieron el derecho al voto hasta bien entrado el XIX, y una festividad nacional -the Bonfire Night- llena de petardos, hogueras y quema de muñecos representando a Fawkes.

Aunque por lo visto las féminas no le iban mucho -o el duque de Buckingham le gustaba más-, a Jacobo lo sucede su hijo con la reina Ana de Dinamarca. Jacobo, sin embargo, había tenido relaciones muy tensas con el Parlamento, principalmente, como no, por temas de impuestos, que le pasaría factura a Carlos I más pronto que tarde.

Los problemas arrancaron cuando Jacobo envía a Carlos para tantear un posible matrimonio con la hija de Felipe III. Buckingham y Carlos volvieron de España con mayor amor por las artes, varios purasangre que arrancaron una línea equina en Inglaterra y el deseo de hacer la guerra a España, que había puesto como condición que el rey se hiciera católico. Como las guerras las paga el pueblo, se le reclamó la pasta al Parlamento. A esta gente la guerra contra católicos le parecía bien, siempre y cuando les saliera barata, así que propusieron ir a por las colonias americanas, pero el rey quería ir a por el turrón, en este caso Cádiz, donde les dieron la del pulpo y los devolvieron a casa calentitos. El Parlamento le echó la culpa a Buckingham e intentaron largarlo, pero el rey en venganza los disolvió. Para rematar, a Buckinham se le ocurrió ir a apoyar a los protestantes franceses, donde también perdió, e Inglaterra acabó en una carísima guerra doble contra Francia y España que los dejó a dos velas. El rey decidió imponer, además de los impuestos, “préstamos voluntarios” por partes de sus súbditos para sufragar las guerras. Con intención cero de devolverlos, evidentemente. Además de un puñado de impuestos a lo loco que hacen que el canon de la SGAE parezca hasta normal. Tampoco ayudó a su popularidad que se casara con una princesa católica de Francia y entre tanta tropelía es donde aparece el nombre que seguramente nos suena a la mayoría: Oliver Cromwell. Antiguo miembro del Parlamento, Cromwell acaba liderando una revolución, decapitando al rey y declarando Inglaterra una república (1649): la mancomunidad de Inglaterra (o la Commonwealth, que nos suena más familiar). Cromwell también es conocido por haberle metido las cabras en el corral a los católicos irlandeses. Durante su dominio, se masacró y deportó a buen número de éstos y sus tierras pasaron -como no- al estado. Y por si no había quedado clara su postura, una vez acabó con Irlanda fue a meterle mano a Escocia, que no había tenido otra idea que declarar al hijo del decapitado Carlos I, legítimo rey de Inglaterra (recordemos que originalmente era escocés), y se metió hasta Edimburgo tras la batalla de Dunbar.

Aunque Cromwell se murió él sólo, fue caer y traer de vuelta a la monarquía en la persona de Carlos II. Y, además, como no habían podido liquidarlo personalmente, lo exhumaron e hicieron con el cadáver todo lo que se les pasó por la cabeza. Cosas británicas, supongo.

Lo primero que hizo Carlos II al llegar, demostrando que él si había estudiado historia, es llevarse bien con el Parlamento e ir de buen rollo con el tema de impuestos en general. Esto, hasta que justo antes de morirse dejó caer el bombazo de convertirse al catolicismo y dejarle el marrón al siguiente. Al carecer de descendencia -legítima, quiero decir, de la otra tenía a montones- el trono fue a su hermano Jacobo. Jacobo II, duque de York fue antes Lord Almirante y héroe de la segunda y tercera guerra angloholandesa. De hecho, Nueva York recibió el nombre por él después de que se lo levantaran a los Paises Bajos. Hasta ahí bien, pero como rey,  tiraba más bien hacia el catolicismo, y cuando empezó a meter católicos en Oxford, levantar prohibiciones y devolver prebendas, los protestantes optaron por la Revolución Gloriosa, es decir, por llamar a su yerno, Guillermo de Orange, para que viniera a poner los puntos sobre las ies. Para sorpresa de Jacobo, hasta su hija se puso en su contra -ser reina tira mucho- y lo largaron con viento fresco.  Guillermo III reinó en Inglaterra hasta principios del siglo XVIII (1689-1702). Guillermo es también responsable de los dos tratados que desmembraron el imperio español (Primer y Segundo Tratado de Partición)  y que llevaron a nuestra guerra de Sucesión, es decir, a cambiar a los Habsburgo por los Borbones. Mucho preocuparse por la sucesión española, pero Guillermo tampoco dejó herederos, por lo que la corona fue a su cuñada Ana Estuardo, pese a que el Parlamento hubiera preferido a la protestante Sofía de Hannover.


Mientras, en el resto del mundo …

Alatriste, Piratas, La Puta del Rey, Kubo y las Cuerdas Mágicas, Los tres mosqueteros, Cyranno de Bergerac

 SIGLO XVIII

Rob Roy

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Black Sails 

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Frontera

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Dick Turpin

El Ultimo Mohicano

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El patriota

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La locura del rey Jorge

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Ana reinó 5 años con fuerte oposición del Parlamento, que se dedicó a hacerle la vida imposible a Escocia hasta que éstos dieron su brazo a torcer y se constituyeron en Gran Bretaña.

Durante el reinado de Ana, por cierto, se asentó el actual sistema bipartidista: Torys (conservadores) y Whigs (liberales … de aquella manera). También acaba entonces la guerra de Sucesión española y Gibraltar, junto con varias colonias francesas en norteamérica, pasa a manos de los ingleses.

A Ana la sucede Jorge I (1714-1727), hijo de Sofía de Hannover y, por tanto, protestante. Jorge I  tuvo, por tanto, no sólo problemas con jacobitas (partidarios de jacobo) escoceses sino también con los católicos irlandeses. Es en la guerra de los jacobitas  donde el padre de Rob Roy pierde hasta la camisa y se acaba liando la que se lía en la novela y posterior película.

También tuvo sus más y sus menos en las colonias en America. Es, por ejemplo, en esta época cuando los piratas le declaran la guerra al mundo y aparecen Barbanegra, Rackham, Charles Vane y, en general, todos los piratas que nos suenan de películas y novelas de aventuras. Mientras, en el norte, las compañías inglesas se pelean por el comercio de pieles con Canadá, como cuentan, con más i menos tino, en Frontera. Y, como detalle para ver el calaje de esta gente, indicar que la Compañía Británica de las Indias Orientales llegó a tener su propia moneda y su propio ejército, los casacas rojas esos que salen en todas las películas de la Guerra de Independencia americana, que fue dos Jorges después, entre 1775 y 1783.

Durante la época de Jorge II (1727-1760) lo que sigue es la guerra con Francia por territorios en Canadá, que es donde se encaja El Último Mohicano. También siguen los piratas y este es el Jorge que aparece en Piratas del Caribe, si bien esa saga es mejor obviarla. Y, para no aburrirse, en casa se le instalan los asaltantes de caminos, como Dick Turpin. Vamos, que le crecen los enanos. Aunque no tanto como al Jorge que viene después.

Y es que a Jorge III (1760-1820) se le lía la Guerra de Independencia norteamericana. Si, esa que empieza con los bostonianos tirando el te al mar por beneficiar con impuestos a -otra vez- la Compañía de las Indias Orientales. Y, como Hollywood se encarga de recordarnos periódicamente, la pierde mucho. El detonante fue tal vez la incapacidad de mantener el equilibrio entre lo que los colonos querían (no tener que negociar nada con los nativos para apropiarse de nuevas tierras, básicamente) y lo que la Corona necesitaba (dejar de librar una carísima guerra con los susodichos nativos en las fronteras). Al final la guerra la tuvo que librar a tres frentes: con los colonos, con Francia y con España. Y el resultado fue reconocer Estados Unidos, ceder Florida a España y Terranova a Francia. Como resultado además, se le reorganizó el gobierto -ya no tenía sentido, por ejemplo, una Secretaría de Estado para las Colonias-. Y no a su gusto, precisamente. Su solución fue la habitual: disolver el Parlamento y nuevas elecciones al canto. En este caso salió ganando el país con William Pitt el joven, que apostó por la Ciencia, la Industria y los famosos viajes exploratorios por el Pacífico de la época.

Desafortunadamente -sobre todo para él- la salud del rey no estuvo a la altura de esta renovada popularidad, ya que sufría de algún tipo de enfermedad mental. Y justo cuando consiguió recuperarse, se comió de lleno el impacto de la Revolución Francesa. Lógicamente, la nobleza nacional mostraba cierto recelo frente a la guillotina y un par de detalles más, no fuese que el pueblo copiase los hábitos de sus vecinos. Así, se montaron un par de coaliciones con otras monarquías para plantarle cara a los franceses, pero perdieron y cuando Jorge III se quedó solo ante el peligro, optó por renunciar definitivamente a cualquier derecho sobre el trono de Francia (que se mantenía desde Eduardo III). Además, cuando llegó la nunca oportuna revuelta de Irlanda del mes, igual por compensar, el rey declaró que se la anexionaba al Reino Unido de buen rollo (Acta de Unión). Para suavizar la medida, intentó rebajar las limitaciones impuestas sobre católicos, pero entonces se le revolvieron los protestantes. Total, nadie contento..


Mientras, en el resto del mundo …

47 Ronin, Amadeus, Las amistades peligrosas, Tigre y Dragón, Casanova, Pocahontas, Catalina la Grande,


Mientras, en el resto del mundo …

Titanic, Hermanos de Sangre,


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