Archivo mensual: diciembre 2015

Hacia las Torres del Payne

MapaParquePaine

Se ve que hacía tiempo que no iba de montaña y se me había olvidado, porque el caso es que de verdad que cuando tuve la oportunidad de acercarme a la Patagonia hace poco, subir al mirador de las Torres me pareció una idea buenísima. Y eso dice mucho más de mi que de la excursión en si. Muy, muy complicado no es que sea, yo iba en vaqueros y zapatos (Panama Jack de suela gruesa, eso si) y con un chubasquero lo peor del viento se quita. Pero, vaya, a la tercera hora trepando pendientes empieza uno a plantearse que en foto también se ve muy bonito. Y desde tu sillón.

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El camino (para arriba) arranca desde el Hotel/Refugio las Torres, última parada con baños y cafetería para el intrépido visitante. Intrépido el que se atreva a tomar algo allí, porque una cervecita local viene a salir por 12 euros. Alegría para el cuerpo. El camino hasta el hotel, eso si, es bien chulo y en las proximidades hay bastantes guanacos, así que atentos a las proximidades de la carretera (por así llamarla).

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Y ahora viene la parte divertida: el caminito hasta el Mirador. Y que conste que considero esto publicidad engañosa; mirador suena así como novela de Jane Austen, que te acercas dando un paseito agradable con flores, pajaritos y una copa de champán a apoyarte en una barandilla y decir “qué bonito, qué bonito”. Hombre, lo de bonito es cierto, pero no llegas a decirlo porque necesitas los pulmones para intentar respirar después de la última subida. Y digo la última porque hay un desnivel de más de 700 metros a salvar en tres cómodos tramos: del hotel al refugio chileno, desde ahí al campamento de las Torres y -unas risas- los 480 metros finales, ligeramente empinadillos, por decir algo.

Total, 8 kilómetros, de los cuales 3 son razonablemente llanos (16, si tienes idea de volver y tal). Tiempo medio estimado 8 horitas ida y vuelta. Aunque hay riachuelos a partir del segundo tramo, imprescindible botella de agua y bocata de jamón.

El primer tramo es sencillo (o eso te parecerá más adelante): básicamente se trata de salvar una primera subida de unos 300 metros por la ladera de una montaña. Al principio parece un caminito rupestre muy mono, de esos de llevarse mantel de cuadritos y cesta, pero no nos engañemos, en cuanto se pierde de vista el Hotel, viene la gravilla. Y se va a quedar un buen rato, me temo. Este terreno resbala bastante, como comprobarán los que siempre que piensan en andar por el campo se calzan unas zapatillas de deporte. Cuidando los tobillos, lo peor que puede pasar es un culetazo o rasparse manos y rodillas. Por lo demás, es una subida constante hasta llegar al Refugio Chileno. Buenas vistas a derecha e izquierda, pero casi mejor mantener la vista en el suelo cuando sea posible.

El tramo del Refugio Chileno le gustará a todos los que no estén en super-forma (yo misma) porque es básicamente llano y transcurre en el interior de un bosquecillo, es decir, ni frío ni viento excesivo. Para que uno se confíe, vamos. Este tramo tiene la dificultad habitual del típico paseo por el bosque: zonas húmedas que resbalan, raíces que sobresalen, etc, etc. Empieza a haber riachuelos más arriba y hay un par de puentes que recomiendan pasar de uno en uno. Estos son tus 3 km en llano, así que disfrútalos. Falta te hará luego.

Ultima etapa: el subidón. En fin, ya para lo que queda una se resigna a subir. Aunque pinta regulera. A mi en particular que me gusta más trepar rocas que subir caminos empinados no me pareció lo peor, pero aquí hay una pendiente respetable y más vale que el calzado sea medianamente bueno. Lo peor, sin duda, el viento. Hay zonas donde te arranca del suelo si te descuidas (y eso que yo no soy precisamente tamaño XS). Recomendables gafas de sol, más que por el sol, porque te vas a hinchar de comer polvo y piedrecillas gracias al viento antes mencionado. Y la temperatura será más baja que en el resto de las etapas, así que si vas a pararte a tomarte el bocata, una de dos: espera hasta el lago del mirador y te refugias debajo de alguna de las lajas de piedra que hay por allí o antes de subir o a la bajada déjate caer por el refugio de las torres, que está dentro de un bosquecillo que para bastante el aire.

Llegados a este punto, me gustaría poder decir que no vale la pena y ahorraros el mal rato, pero para que nos vamos a engañar …

Eso si, aunque no lo parezca aquí arriba hay más gente que en la guerra, así que no penséis que va a ser una experiencia zen de meditación y paz. Lo normal es que haya tres excursiones de chiquillos (en mejor forma que nosotros, evidentemente) un escuadrón de gente sacándose selfies y el típico batallón de abuelos alemanes que sube las paredes de roca caminando en vertical. Aún así, un gustazo.

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Y, para el que crea que bajar es fácil, recordarle que tenemos unas cosas que se llaman rodillas y que van a soportar nuestro peso entero, enterito, entero, durante las próximas 3 horas y pico. Por no hablar de los tobillos y los alegres resbalones que nos vamos a echar, sobre todo ahora que las piernas han decidido que ya hemos abusado bastante y que ahora haga el trabajo otro músculo.

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En resumen, 6 horas 20 minutos de diversión. Creo que me gané una cerveza de las de 12 pavos. O, por lo menos, me la eché sin remordimientos. No os perdáis esta excursión. Es estupenda.

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