Archivo mensual: diciembre 2014

Reino Unido (XXX): La Isla de Mull

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La pequeñísima isla de Iona se considera el primer santuario cristiano en tierra escocesa. Por eso, a pesar de medir sólo una milla de ancho por 3.5 de largo y más a pesar aún del pesadísimo viaje por las carreteras de Mull para alcanzar el ferry a Iona, generalmente suele estar bastante concurrida en verano [24], ya que se congregan peregrinos y turistas para ver su abadía.

Qué bonico es Mull, los tres días que ves el sol ...

Qué bonico es Mull, los tres días que ves el sol …

A estas alturas, ya entrado el otoño, estábamos nosotras y algún que otro incauto, probablemente también acostumbrado a echar octubre en mangas de camisa. Para evitar problemas mayores, lo mejor es reservar el viaje completo Mull-Iona en la oficina de turismo de Oban y eso habíamos hecho nosotras, por lo que pudimos disfrutar, es un decir, la tortuosa carretera desde el cómodo asiento de un autocar mientras el conductor se peleaba con los coches que venían en dirección contraria por el único carril de la minúscula carretera, alcanzando por lo habitual el acuerdo de salirse a un lado y dejarlos pasar.

Demasiado tarde me di cuenta de que dar un paseo tranquilamente por Mull hubiese estado bien, por algo tiene su castillo de veraneo allí Paul McCartney, pero lo cierto es que el tiempo no estaba de nuestra parte. Aunque muy pelado, Mull tiene ese indefinible encanto pétreo escocés y está poblado de fantasmas como buena híbrida que se precie. El más curioso es la encarnación local de las banshees: Bean-nighe. Este fantasma lava la ropa de los que pronto morirán [25] en la orilla del río Moy Castle. Aparentemente, los pechos de la mujer son tan grandes que le cuelgan sobre los hombros. Si alguien los coge por detrás, la lavandera está obligada a informar del dueño de las ropas y si es el que en ese momento la tiene cogida, deberá cambiar su destino. El señor de la zona lo intentó sin éxito en una ocasión y murió al día siguiente en batalla, bien porque las ropas eran suyas o porque cabreó al fantasma mientras hacía su propia colada.

A falta de lavadora ...

A falta de lavadora … (dibujico de  Brian Froud & Alan Lee)

Por si ésto fuera poco, la isla también disfruta de su propio fantasma a caballo sin cabeza a-la-Sleepy Hollow y del imprescindible kelpie que toda buena extensión de agua escocesa debiera tener en su haber. Es curioso que, pese a estar relativamente apartada, Mull lleva poblada desde el neolítico, si bien la principal influencia de sus pobladores fueron los vikingos que llegaron en el II dC. Estuvo implicada en las guerras Escocesas contra el invasor inglés y acabó formando parte del Reino Unido tras el Acta de Unión de 1707. A finales de ese siglo, su población aumentó, sólo para reducirse de nuevo cuando los dueños de las tierras forzaron a los pobladores a desplazarse a Tobermory, donde, evidentemente, no había trabajo para todos [26] Actualmente la isla está bastante despoblada y es de suponer que la mayor parte de sus ingresos provienen del turismo. Del turismo que va para Iona, imagino. Cuando, finalmente, alcanzamos el ferry a Iona mi felicidad hubiera sido completa de no ser por el dichoso resfriado que arrastraba desde Edimburgo y que andaba calmando a base de tabletas de paracetamol en estado puro compradas en bote gordo en el Booth más cercano. De haber sabido lo bien que funcionan, las habría comprado en botella de cinco litros, como el agua mineral, pero a esas alturas aún tenía el resfriado cogido y bien cogido, como si de la fantasma lavandera esa se tratara.

(24) No está muy claro si no está concurrida en invierno o, sencillamente, nadie descongelado ha vuelto para contarlo.
(25) Puestos a pedir, y en tan aciagas circunstancias, mejor que te laven la ropa a que te griten en la ventana, al menos mueres limpito y más descansado.
(26) Se comenta que enterrado en el fondo de la bahía de Tobermory está en pecio de uno de los navíos de la Armada Invencible, que, de acuerdo a fuentes inglesas, debió de correr lo suyo para que todas las regiones del Reino Unido con mar se puedan reír por igual.


Hablando de quesos: mozzarella et al

Un clásico italiano de toda la vida es el queso mozzarella, pero no viene mal saber qué pide uno, sobre todo cuando está en Italia y puede, así que aquí va una mini-guía para el que tenga dudas al respecto.

La mozzarella en su vertiente más conocida, básicamente el queso que llevan las pizzas y que puedes comprar en el supermercado de la esquina de tu casa. Quiero imaginar que si a un italiano le dices que esto es mozzarella, igual te la pone de sombrero, pero es lo que hay, porque, lo creáis o no, Italia nunca ha solicitado la protección del término “mozzarella”.

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En realidad, la mozzarella viene en formato pizzero y también en formato fresco, en cuyo caso será blanca, blandita y en forma de pera. Además, tendrá que venir en un bote o bolsita con líquido, a riesgo de convertirse en un pisapapeles reseco. Aunque, si se seca correctamente al aire tendremos provolone y, si además se ahuma, escamorza.

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Este es el formato adecuado para la ensalada caprese, pero en general en Italia se usa como entrante, como aperitivo y como lo que proceda.

Esto empieza a parecerse más a lo que sería la mozzarella italiana, que en realidad tiene la denominación de origen de Mozzarella di Bufala Campana. Cuidadín con la mozzarella redonda y blanca que no se llame así expresamente, porque probablemente sea de leche de oveja o de vaca, con lo que perderá sabor. Y glamour.

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No obstante, mi absoluta favorita en esta categoría es la más difícil de encontrar (y de conservar): la burrata. Lo normal para comprarla es encargarla a priori, hay que mantenerla en húmedo y además dura sólo un par de días. De hecho, desde que prohibieron los líquidos en el equipaje de mano he tenido que hacer equilibrios dignos del más infame contrabandista de sustancias ilegales para colar mi ración de burrata en el avión. Viviendo al límite, vaya.

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La burrata es un híbrido entre queso y mantequilla que se desparrama cuando lo cortas, está absolutamente buenísima y, probablemente, sea letal para tu colesterol. Peor para él. En su formato más habitual, te la venden envuelta en unas hojas verdes y con más recomendaciones que si te estuvieran pasando un container de uranio. En Italia hay un montón de restaurantes donde puede tomarse fresca, aquí en España es bastante más complicado, pero algo hay. Con lo que te puedas encontrar en el supermercado, ni te molestes, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.