Equipaje para torpes: versión frío polar


El otro día mi amiga Elena andaba agobiada por como encajar toda la ropa de invierno en la maleta que pensaba facturar. El resto no teníamos intención de facturar nada y aún así nos iba bien. El resultado: al llegar al aeropuerto, nuestros amigos los controladores cerraron el espacio aéreo para gastarnos una bromilla a los miles de españoles que volaríamos en el Puente y, cuando resultó obvio que el avión no iba a salir, hubo que esperar hasta las tantas para recuperar la maleta que había facturado. Al día siguiente, cuando salimos en coche, Elena ya habia reducido la maleta a la mitad, pero como lo prometido es deuda, aquí va mi guía para hacer el equipaje en punto zip y ahorrarnos disgustos. ¡Va por ti, Elena!

Aunque mucha gente puede pensar que, total, por 10 euretes de nada, facturar la maleta es lo mejor, entre las tropocientas cosas que pueden salir mal con tu equipaje facturado, la lista la encabeza el que se pierda para siempre -si esperas compensación de la compañía, vas listo, mejor inténtalo con la tarjeta de crédito con que pagaste el billete y buenas noches, buena suerte-, pero tampoco ayuda que te llegue al final del viaje, o que aparezca en Sebastopol, o que la hayan reventado a patadas de camino al avión o que la hayan abierto en control y se haya caido la mitad de lo que había … por no hablar de que, una vez facturada la maleta, el vuelo o tú no salgais y te pases el resto del día buscándola por esos aeropuertos de Dios. En resumidas cuentas, facturar … naiiiiiinnn!
El problema es, claro está, como meter todo el equipaje en una bolsa que, en el mejor de los casos, viene a ser asi de grande:

Pues, con todos vosotros, un resumen de qué llevarnos y qué no cuando nos vamos menos de dos semanas de viaje por ahí. Si tu plan de viaje incluye soirés en hotelazos de 5 estrellas, pasarelas Cibeles, lujo y glamour, evidentemente este no es tu sitio. Si te apañas con lo basico y asi te quitas de complicaciones, adelante. Empezamos con lo difícil: frío del chungo, que los jerseys ocupan mucho espacio.

Punto 1: El calzado


Los zapatos se comen media bolsa, así que vamos a limitarnos a un par: los puestos. Ahora bien, ¿qué calzado llevar para frío, lluvia y nieve? La opción lógica parece las botas de montaña. Tentador … pero no. Es un calzado demasiado duro para llevar muchos días seguidos, requiere calcetín grueso si o si y cuando estás en interiores es como si llevases los pies en un microondas. Salvo que uno vaya a trotar por las montañas, para campo y ciudad hay opciones mejores. Del calzado normal, el deportivo (no de deporte) con suela adherente (si te llevas de otro, te vas a reir …) es la mejor alternativa en cuanto a comodidad, que no en cuanto a frío, lluvia o nieve. Si se te mojan los calcetines, no sabras si son mejores las ampollas o el tratamiento epidérmico modelo uva pasa que te vas a aplicar. Asi pues, nos queda como opción … algo estilo Panama Jack, con suela adherente, resistente al agua (y a los meneos que le vas a meter) y lo bastante calentitos para ir tirando.

Punto 2: El modelo cebolla (capa 1)


La idea clave es que la ropa se ensucia tanto más cuanto más cerca la tengas del cuerpo. Es decir: echa ropa interior suficiente y de ahí en adelante ve restando. Suficiente para un par de semanas, a poco que pases 2 o 3 días en el mismo sitio, viene a ser 7 u 8 mudas: luego siempre puedes lavarlas en el baño y tirar del truquito del radiador o la toalla de microfibra para secarlo todo rápido. No olvides echar una bolsa de tela para guardar la ropa sucia hasta lavarla, el plástico no mola nada para estas cosas.

Punto 3: Camiseta interior


La ropa interior térmica cuesta una pasta gansa, pero en ocasiones se agradece. Aquí va un truquito para reducir el coste a una tercera parte. En lugar de térmicos, hazte con una camiseta del Decathlon de las que se usan debajo del traje seco para bucear. Va lo suficientemente pegada a la piel para añadirle un par de capas extra y te hará el mismo avío. En caso de que no hayas echado nada de ésto, un día que el viento pegue fuerte y el abrigo no baste, recurrimos al truquete del montañero: hazte con un periódico e intercala una hoja entre la camisa y el jersey y algo te quitará.

Punto 4: El modelo cebolla (capa 2)


Ahora toca escoger camisa o similar. En mi caso, yo prefiero similar, que normalmente suele ser un poco más grueso, se arruga menos y además no hay que abrochar botones. A estas alturas hay que recordar que no vamos a una pasarela y que cada prenda te la podrás poner 2 o 3 veces si te mantienes limpito. No vayas a por cosas muy gruesas, para eso ya tenemos los jerseys. En esta capa incluimos los pantalones. Lo más auxiliado para el frío son los vaqueros, y como ocupan mucho, te los llevas puestos. Puedes echar unos de tela elástica en la maleta en caso de apuro (caida en el barro, uno de esos días del mes, etc) o si te sientes glamuroso. Ni media pernera más

Punto 5: El modelo cebolla (capa 3)


En cuanto a jerseys, lo tenemos claro. El que lleves puesto y uno más. Vale que te vas a repetir más que un bocata de ajo, pero en interiores te lo puedes quitar y en exteriores vas a llevar el abrigo puesto. Mi recomendación personal es un jersey y una rebeca que se pueda cerrar del todo y cubra la garganta. Si a la vuelta el equipaje no te cabe (todo el mundo sabe que en estos viajes el equipaje engorda y tú, con suerte, adelgazas), puedes llevar uno puesto y otro anudado a la cintura.

Punto 6: El modelo cebolla (capa 4)


Y, por fin, llegamos al abrigo. Lo mejor es un tres cuartas grueso y que se pueda cerrar hasta el cuello, con bolsillos laterales para meter las manos. Si tiene capucha, mejor que mejor. A esto hay que añadirle guantes, bufanda y gorro, de lana calentita. ¡No olvideis que el 70% del calor corporal se pierde por la cabeza!

Punto 7: El kit de aseo
Ya podemos pasar al kit de aseo, que conviene llevar en una bolsa transparente de tamaño reglamentario (se puede pillar en cualquier todo a 100, junto con botes para champú y crema de menos de 100 ml) para evitarte problemas con guardias tan comprensivos como, por ejemplo, los del aeropuerto de Amsterdam. Lo mejor es comprar el desodorante de barra (así no cuenta como líquido), la pasta de dientes y cremas de la cara en muestras pequeñitas (tantas como necesites) y el peine de plástico, para poder desenredarse dentro de la ducha, y echar una toalla de microfibra por lo que pueda pasar. Entre los extras no está de más un bote de bálsamo de tigre -a mí me funciona mejor que el Reflex o el Fastum gel- para los dolores musculares si hay muchas horas de inmovilidad en avión o coche, y, ya puestos, algún analgésico por lo que pueda pasar. El que la necesite, que añada su maquinilla de afeitar (secadores suele haber en los hoteles) y las pastillas que correspondan (por ejemplo, en Marruecos o México no está de más el Fortasec, o en Cuba un liquido antimosquitos). El gorro de ducha viene de miedo cuando no hay tiempo de lavarse el pelo: no olvideis que no en todos los paises han descubierto las virtudes de poder desencajar la alcachofa del agua de la pared 😛
Una vez acabados, la bolsa quedará así.

Punto 8: Los toques finales


Para terminar, queda echar un paraguas compacto, un kit de costura -que viene increiblemente a mano para más cosas de las que uno cree- y, si no sabes con quién compartirás habitación, unos tapones para los oidos. En la farmacia tienen varios modelos, pero el bueno, bueno es el que se usa para manejar maquinaria, como el 3M.
A esto cada cual puede añadirle lo que le haga falta, desde cámara y móvil -sin olvidar los cargadores correspondientes Y el adaptador de enchufe- hasta el mp3, la Nintendo o el ebook. De todas formas, si se va en un grupete majo, estas cosas sobran salvo que el tiempo de avión o tren sea largo. Lo normal es que pasemos el rato hablando con los amigos, así que se puede ahorrar espacio.

Y así nos quedaría la bolsa una vez lo encajamos todo dentro. Aún queda sitio para el crecimiento del equipaje, pero si uno piensa ir de compras, lo mejor es encajar una segunda bolsa de viaje flexible en el espacio que nos queda, soplarle a la vuelta el equipaje al que menos afecto le tengamos, facturarlo y rezar para que llegue algún día.

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