Historia de Roma


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No, no es que vaya a contar aquí la historia de Roma enterita -si acaso eso fuera remotamente posible- si no a recomendaros el último libro que ando leyendo: Historia de Roma de Indro Montanelli. Yo ya me había leido, por recomendación de un viejo amigo, la divertidísima Historia de los Griegos y tengo tan buenos recuerdos que, no sólo me compré el libro después de leerme el suyo, sino que lo mantengo a mano para releerla en cualquier hueco. Historia de Roma es más de lo mismo, dicho esto con un matiz claramente positivo. Se trata este librito de un manual de historia -no novela histórica ni nada por el estilo, sino historia pura- escrito en tono de guasa y con un hilo irónico bastante simpático a la hora de paralelizar el entonces con el ahora -entiéndase ahora los años 60, época en que se escribió, pero que, por lo que he visto, sigue siendo la tónica de hoy en día-.  Una se pregunta por qué cuando nos enseñaban historia en el cole no tiraban de cosas así en vez de los ladrillos que se usaban como libros de texto. La Historia de Roma cubre desde sus orígenes hasta aproximadamente la caida del Imperio o poco más (aún no he terminado, pero el siguiente libro es Historia de la Edad Media, así que puedo aventurar poco más o menos como va a acabar este enredo :D). En cuanto al autor, fue un renombrado periodista, multipremiado en su época, y bien que se le nota a la hora de escribir. Tiene publicados más de 60 libros, lamentablemente sólo una pequeña parte en español, y merece la pena leerse como mínimo los dos que he mencionado, ya os iré contando del resto. Parecen estar disponibles en la Casa del Libro por 10 euretes de nada. Creedme, es una buena inversión.Y, para que os hagais una idea del estilo …

“A todos estos dioses les ofrecían sacrificios, especialmente en los momentos de necesidad. Se trataba de cabras o de vacas para los dioses menores. Pero cuando había que aplacar o congraciarse con Baal- Haman, se recurría a los niños, que eran colocados entre los brazos de la gran estatua de bronce que le representaba, y de allí les dejaban rodar sobre el fuego que ardía abajo. Hasta trescientos en un día quemaron en medio de una bacanal de trompetas y tambores para sofocar sus gritos. Parece ser que era costumbre, por parte de las familias ricas, cuando eran requeridas para facilitar un niño que asar a la parrilla, comprarlo a los pobres. Mas cuando Agatocles de Siracusa puso sitio a la ciudad, haciendo necesario, además del auxilio de los dioses, también el buen acuerdo entre las clases sociales, la costumbre fue prohibida para no alimentar los odios entre afortunados y desheredados”

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