Archivo mensual: septiembre 2010

¡Viajeros al tren! Moscu-San Petersburgo

Cuando a una le hablan de los trenes del este, se vienen a la cabeza todos esos topicazos como el Orient Express, con todos sus complementos, el Gallo de Hierro por tierras chinas o incluso en Transiberiano, con monstruo y todo. Y de ahí que abusan las agencias de viajes para colgarte, a poco que te descuides, el Moscú-San Petersburgo por la noche a cuatro veces el precio de taquilla, aunque si una sabe lo que le espera dentro, probablemente pagaría diez veces más por ir en avión, como debe ser.

Y es que el tren de marras debe ser más viejo que la perestroika y los vagones parecerían de ganado sin no fuese porque la protectora nunca dejaría a un pobre bicho viajar en esas condiciones. Los compartimentos, supuestamente de cuatro ocupantes, tienen el ancho justito para dos con su equipaje, siempre y cuando no pretendan bajar las literas, en cuyo caso más les vale ser bajitos. En cuanto a subirse ahí arriba, más vale estar en forma. La ventaja es que están tan pegadas que no se puede una caer (salvo que seas Kate Moss o un dibujo animado).

Al tren hay que entrar un buen rato antes y, para que te vayas haciendo el cuerpo, no se conecta el aire acondicionado hasta que se ponga en marcha, momento en el cual, cuando ya estamos todo sudaditos, arranca a todo trapo para que podamos coger uno de esos resfriados veraniegos que tantas alegrías nos reportan. Ni pensar quiero en lo que puede pasar en invierno. Pero no hay penurias, que por algo el desayuno está incluido. Te lo pone el (único) revisor (con actitud soviética) que controla el tren por la noche, y que debe ser la única persona que lo pasa peor que tú, porque le toca dormir en una silla de esparto, toda chachi. ¡Y vaya desayuno! Cuatro huevos ¿fritos? de esos que cuando tiras contra la pared rebotan y agua caliente para echarle un polvillo que lo mismo es Nescafov que carbonilla de la locomotora. Pero lo mejor está por llegar. ¿Pensabas ducharte al llegar al hotel? ¿qué hotel? hasta las 8 de la tarde, a deambular por ahí con lo puesto. Unas risas, si señor. Suerte que una ya está viajada y en mi caso esperaba algo así, pero había que verles las caras a los pobres que habían reservado con su club 5 Estrellas del Corte Inglés esperando lámparas Tiffany por los pasillos. Las agencias de viaje, haciendo amigos. Suerte que las uso poco o nada.

Mi consejo: evitad el Club 5 Estrellas. Para que nos tomen el pelo, siempre hay tiempo en el pais destino 😛

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