Reino Unido (XXVI): Urqhart


Generalmente, los viajes por el lago Ness llegan hasta el castillo de Urqhart, la ruina más famosa de la zona. Parece que el castillo se construyó para controlar el paso entre Moray Firth en el norte y Loch Linhe en Argyll. Originalmente, el lugar lo ocupaba una fortaleza picta e incluso puede que hubiese antes alguna construcción de la Edad del Hierro. El el 1230, Alan Durward es nombrado lord de Urquhart -nombre aparentemente derivado de “air” and “cairdean” (en los bosques) y que terminó en “Orchar”, pronunciado “Urchart”- y comienza la fortificación. A finales de siglo, Eduardo de Inglaterra ocupa el castillo en su marcha por Escocia y deja allí una guarnición, que duraría lo justo hasta que Robert de Bruce reconquista Escocia algo más tarde. En 1308, Robert regala el castillo a su amigo Sir Thomas Randolph, Earl of Moray, que lo defiende frente a los ataques de Edward Balliol. Eventualmente, el castillo volvería a la corona y jugaría un importante rol en la guerra contra los Lores de las Islas que, no obstante, lo conquistaron fugazmente a mediados del siglo XV. En el XVI, Urqhart siguió cambiando de mano, como la falsa moneda, y destruyéndose poco a poco en el proceso. No volvería a los Urqhart hasta el siglo XVII, cuando éstos lo reconstruyeron. Sin embargo, los Covenanters lo atacaron, robaron y machacaron en 1644, dejándolo prácticamente en ruinas. Ya en el siglo XX el castillo pasaría a manos del estado, que lo abrió al público y lo habilitó tal como está hoy en día. El castillo incluye las ruinas de una torre de homenaje del XVI, portones, edificios de viviendas, murallas mirando el Lago Ness y restos de una gran sala y una capilla a lo largo de 150 metros. Si bien generalmente hay niebla, desde el castillo puede haber una excelente vista del lago y el paseo es bastante agradable de echar.

Salvo por la falta de delicadeza del monstruo, el lago Ness estaba muy bien. Sin embargo, carecía de algo importante: un McDonald. En honor a la verdad, las tres odiabamos las hamburguesas de plástico y las patatas congeladas, pero algo hay en estos sitios que no se encuentra en ningún otro: un baño de señoras donde no hay que dar explicaciones para entrar. Esta interesante característica había convertido a Mercedes en un detector humano de McDonalds, pero, claro, de donde no hay no se puede sacar [34]. A punto de volver a la furgoneta y con un buen rato de camino por delante, mi amiga decidió hacer de tripas corazón y usar una cabina portatil que había por allí suelta. Y debía llevar por ahí suelta bastante tiempo, porque, oye, en cuanto cerró la puerta despertó al ejército en pleno del avispero que se había montado detrás y allí empezaron a dar vueltas a la cabina como X-Wings en torno a la Estrella de la Muerte. Para colmo de males, la furgoneta hizo sonar el claxon. Era hora de recoger amarras. Sin embargo, Mer había oido el nada tranquilizador zumbido en el exterior y se había cerrado en banda y en cerrojo. Y, con los nuevos amigos que la revoloteaban, no era cuestión de aproximarse y echar la puerta abajo [35].

-¿Qué es eso? ¿Qué es esoooo?

-¡Nada, nada, sal, que se va el coche!

-Eso, sal, sal ya.

Habría sonado más convincente de no haberlo dicho desde una prudencial distancia de doscientos metros. El caso es que no coló. Mercedes me conoce demasiado. No obstante, la posibilidad de dormir en el lago, con o sin monstruo, agudiza el ingenio y es así que conseguimos atraer al gaitero lo suficiente como para que Mer no distinguiese las avispas de la gaita.

-Eoooo, Mercedes, ya no hay nada, ¿ves? Corre, sal.

-Eso, sal o nos vamos sin tí.

Más que confiada, resignada a su suerte, Mercedes acabó por salir en plan demonio de Tasmania y sin esperar demasiado a ver si le habíamos dicho la verdad. Gracias a esa desconfianza, no obstante, las avispas no le picaron. Al menos no mucho.


(34) Esto no es estrictamente cierto. La burguesía ha encontrado la forma de negar de este pricipio: la tarjeta de crédito. Mi hermana tiene una solución alternativa: mi madre.
(35) O el hombro abajo, lo que llegue primero.

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