Reino Unido (XXIV): Bienvenidos a Inverness


Inverness, mas que ciudad, es un pueblo y, con sus 40000 habitantes, no demasiado grande para el estándar andaluz. De hecho, el título de ciudad no lo recibió hasta el año 2000 de manos de la reina, que debía sentirse generosa con el nuevo milenio. Su nombre deriva del término “inver”, que viene a ser la boca de un lago, igual que “glen” corresponde a un valle y “ben” a una montaña. En Escocia es más que usual encontrarse lugares con esta denominación igual que en el sur de España tenemos los “gua” árabes para los ríos. Situada, pues, en un extremo del lago Ness, Inverness está atravesada por un brazo de éste que, a su vez, cortan varios puentes colgantes. Cerca de uno de ellos, en Bridge Street, se encuentra la oficina de turismo, donde se puede investigar que hacer por la zona -poco, dado el tamaño del lugar- y reservar viajes programados al lago Ness, que, a fin de cuentas, es a lo que se va a la ciudad. Si entre monstruo y monstruo queda tiempo, en Inverness hay alguna que otra cosa que hacer para pasar el rato aparte de calentar silla en los pubs locales como Greyfriars. Por ejemplo, la ciudad es famosa por sus festivales florares, que es lo que hacen los escoceses en vez de tirar cabras del campanario como gente civilizada. Siguiendo el río hacia Caledonian Canal, se alcanzan unos puentes pequeñitos que llevan a Bught Park, donde hay una exhibición permanente de cultivos subtropicales con sus cascadas en miniatura, pececillos y demas cosas collejas cual tarjeta de San Valentín. Para los que nos gustan las piedras, siguiendo Castle Road vamos a dar directamente, tras ver unos cuantos floripondios más, al castillo local, construido sobre los restos de una fortaleza anterior en 1835. De hecho, se piensa que el castilllo del siglo XI donde trancurre Macbeth estaría justo al lado de haber sobrevivido a las inclemencias de los siglos y a los bosquecillos móviles de la época. Hilando aún más fino, incluso hay quien comenta que el fantasma de Duncan I pulula por allí de cuando en cuando. Que fuese asesinado por Macbeth en el lugar o no, no deja de ser harina de otro costal. Abierto de 10:30 am a 5:30 pm, el edificio puede visitarse por dentro. Como plus, generalmente hay un gaitero por Castle Hill animando la visita, cosa que en estas latitudes pasa a ser menos extraña de lo que cabría esperar. A partir del castillo se puede emprender lo que se conoce como la Inverness historic trail, que es un recorrido por el centro de la ciudad con paradas en los sitios de interés. El siguiente hito en la pista es el ayuntamiento o town house, justo a la izquierda de la entrada al castillo. Se trata de un edificio gótico victoriano que se puede visitar por dentro si no se molesta mucho a los trabajadores. Cruzando la calle Bridge Street, justo enfrente, tenemos una torre campanario estilo jorgiano que se erigió en 1791 junto al tribunal de justicia y que mide alrededor de unos 45 metros. Siguiendo Shore Street y bajando a la derecha por Union Street vamos a dar con el mercado victoriano, donde tienen algunas cosas curiosas.

Mis compis de viaje, aun tan contentas, pobres…

Naturalmente, en compañia de Mercedes no se podían obviar las tiendas [31] y así es que dimos un garbeo por el centro a ver que encontrabamos. Lo normal por esos lares es hacerse con mantas de viaje, faldas y calcetines con distintos tartans y con el alfiler en forma de espada del clan que más nos guste para sujetarse la manta al cuerpo. Si alguien tiene ancestros escoceses, como era el caso de McLaren, en la biblioteca pueden echarle una mano para bucear en la genealogía local a ver si con suerte uno lleva sangre de Mel Gibson y se puede llevar los souvenirs personalizados a su clan. Sin embargo, ésto lleva algún tiempo y es conveniente avisar primero a los bibliotecarios de que se les va a dar la lata un rato. Más rápido pero, eso si, menos simpático es personarse frente a cualquiera de los comerciantes que, PC en mano, te sacan la genealogía en un pis-pas con marco y sello incluidos como si de la influencia de Venus en tu vida social se tratase. Eso si, por un módico precio que no resulta tan módico al cambio de la libra. Para los indecisos, siempre nos queda el Royal Stewart de toda la vida, pero avisado queda el incauto comprador de que es lo mismito que lleva el principe Carlos en las ocasiones en que lo pasean. Quitando ésto, una encuentra lo normal en Reino Unido: Marks \& Spencer, Boots, Body Shop y HMV. Si se va con tiempo, existe la posibilidad de visitar alguna fábrica de tejedores, cuyas direcciones se pueden obtener en la oficina de turismo. El tema funciona como las bodegas en Oporto: te dan la vuelta de rigor, te enseñan lo que hacen y se supone que al final compras alguna cosilla. La elección más habitual es el James Pringle Weavers Tartan Center, en la orilla del castillo, a un tironcete andando. El problema, claro está, es comprar cuando no hay pasta. Y Mercedes había sido terminante: 60000 pelas y punto. La cosa dió para una falda de las normalitas y una manta de lana de viaje que luego mi madre echaría a ese lugar indefinido donde acaban todas las cosas inútiles que le traigo de mis viajes. No obstante, algo más adelante encontramos una tienda un tanto cutre en la linea “Todo-a-100” [32] donde había una estupenda oferta de dos por una en camisas de felta a cuadros rojos de ese modelo genérico que Mercedes categoriza como “No-la-tocaría-ni-con-un-palo” y que, por supuesto, McLaren y yo adquirimos por unas cinco libras. No sabíamos aún lo bien que iban a venir. En cuanto a comida, lo habitual, pudimos escoger entre el buffet del Mark \& Spencer y las hamburguesas del McDonald. Tampoco sabíamos aún lo bien que nos iban a venir.

Belleza O salud: aún no sabia lo bien que me iba a venir esta horrorosa camisa de felpa

El tartan es un diseño específico que cada clan asigna a sus ropas. Lo que define a un patrón de este tipo es que si se dobla diagonalmente, los colores de los bordes coinciden. Independientemente de ésto, un tartan puede ser asimétrico o simétrico y generalmente se define contando los hilos de cada clase hasta la repetición del primero que se considere, por ejemplo 2 rojo 3 verde 1 rojo 3 verde. Originalmente, los tartans eran simplemente decorativos y los diseños surgían de un intento de introducir variedad en un comercio dominado por un número limitado de colores para teñir la lana. Sin embargo, pronto se convirtieron en una marca de comunidad. En las zonas donde existían familias fuertes, se adoptaron patrones específicos como signo de distinción y así surgieron los tartan de clan. En cierto punto, la ley prohibió usar estos diseños, legalizando únicamente los correspondientes a compañías del ejército, que pasaron a llamarse tartans regimentales. En el 1800 el tartan vivó un resurgimiento cuando Jorge IV visitó Edimburgo y, siguiendo el consejo de Walter Scott, le dió el visto bueno a recuperar la tradición. Fue así que familias que jamás habían visto una falda a cuadros se inventaron su propio diseño para abonar el árbol genealógico. Incluso dentro de un mismo clan aparecieron distintos tipos de tartan: el de caza, en colores apagados, el de vestir, más brillante, el de fiesta e incluso el de los funerales. Cuanto más poder tenía una familia, mayor era el número de sus tartans. En el caso de los Estuardo, incluso se inventaron uno para visitar al rey, que luego, como quedaba la mar de fashion, se quedó la reina Victoria para vestir a su familia de bonito y casi todo el mundo para los árboles y galletas de navidad.

Desde el mercado victoriano se puede seguir Academy street y doblar hacia la derecha en dirección a la estación de autobuses para ver la biblioteca, que data de 1841. Desde allí, recuperamos Church Street subiendo hacia el río para ir a la zona de casitas antiguas. La primera, en Fraser Street es la Abertaff House, de 1593. Siguiendo por Church Street en dirección opuesta al castillo, en seguida aparece el antiguo hospital de Dunbar, de 1668, enfrente la antigua High Church del siglo XII y, al final de la calle, ya lindando con Friars Lane, la antigua iglesia gaélica, de 1469, ahora café y tienda de libros de segunda mano. Al otro lado del río tenemos las iglesias, cruzando por el Footbridge y avanzando hacia el castillo, San Columba, Santa María y, finalmente la catedral de San Andrés, algo desmoñada ya que, al más puro estilo malagueño, se acabó la pasta antes de ponerle las espiras. Como curiosidad, su fuente está fusilada de la de Thorwalden, en Copenhaguen. Por si a estas alturas hay sed, en primavera y verano en la antigua escuela hay abierta una tetería. Para los realmente entusiastas, en Shore Street se conserva la torre del reloj de Cromwell, el último resto de una ciudadela que estableció allí en el XVII su Commonwealth Army. Como si la Commonwealth no diese miedo sin ejército …

Tras vuelta y vuelta, como el solomillo, acabose el día y nos vimos obligadas a volver al albergue y … a Urka, la luchadora del GLOW. Por suerte, parece que ya había dormido lo suyo durante la tarde y cuando, preparadas para lo peor -o sea, para echar a correr en plan tonto el último- nos adentramos en la habitación, nada de nada: conservamos integidad física y orgullo en contra de los presagios matutinos. Al día siguiente ya no tendríamos encuentros en la tercera fase. Habíamos reservado un viaje al lago Ness y saliamos temprano, ya que a la vuelta cogeríamos un tren a Skye. Subidas las tres en una furgoneta modelo Scooby-Doo, nos dirigimos pues a la morada de Nessie, a ver si saliamos con él en la foto para que, al menos por una vez, no hubiese dudas de quien es más monstruoso.


(31) Claro que, por otra parte, en la mía no se pueden obviar las caminatas, lo que suele resultar bastante más incómodo y desagradable para cualquier compañero de viaje que no sea Lara Croft.
(32) Al cambio Commonwealth, el Todo-a-100 británico viene a ser un Todo-a-1000-español-y-da-gracias-que-te-dejo-entrar-muerto-de-hambre.

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