Archivo mensual: marzo 2010

La casa del pueblo

¿Sabíais que el Pentagono es el edificio más grande del mundo? Seguro que si. Lo que tal vez no sepais es que el segundo mayor lo tenemos en Europa, más concretamente en Bucarest: La Casa del Pueblo o Palacio del Parlamento. Fue construido entre 1984 y 1989 por Ceausescu -que fue fiel al tópico de la obsesión con el tamaño de los bajitos- y tiene un total de 330.000 m2 en forma cuadrangular, con una dimensiones de 270 x 245 metros y una altura máxima de 85 m. Algunos de sus pasillos tienen más de 150 m de longitud.

Para construirlo se emplearon casi 20.000 trabajadores y hubo que derruir muchos edificios e iglesias muy antiguas para ubicarlo, extrayéndose los materiales, mayoritariamente marmol, integramente de Rumanía. Por hacernos una idea, se emplearon un millón de metros cúbicos de mármol y 200 mil metros cuadrados de alfombras y la Sala de Baile podría contener medio campo de futbol. El palacio, más que casa del pueblo, parecía un monumento a Ceausescu y su esposa, con detalles como escalinatas enfrentadas en plan Señorita Escarlata con los escalones adaptados a la estatura de ambos.

En el 89, los trabajos de la Casa del Pueblo se paralizaron con la Revolución de diciembre. Las fuerzas armadas se levantaron en contra de Ceausescu después de que éste ordenara reprimir un levantamiento popular en Timisoara y Bucarest y después él y su mujer fueron juzgados e inmediatamente ejecutados en directo por TV en la localidad de Targoviste. En principio se pensó en demoler el edificio, que recordaba los Ceausescu, pero finalmente se optó por concluirlo y se retomaron los trabajos en el 94, estando hoy prácticamente terminado.

Para rentabilizarlo, ahora se alquila para reuniones, cumbres y eventos políticos, aunque sigue costando rentabilizar la electricidad o el personal de limpieza necesario para su mantenimiento.La visita guiada merece la pena y, si preguntas, los guías estarán encantados de contarte mil anecdotas, como cuando Michael Jackson se asomó al balcón y, frente a las masas congregadas para verlo, salió con algo como “¡¡buenas noches, Hungría!!”.


Cuadernos de viaje: Pais Vasco (I)

Una de las cosas que no hay que perderse bajo ningún concepto (salvo tormentazo, porque está al aire libre) cuando uno viaja a San Sebastian es el fabuloso Museo Chillida Leku, con una más que amplia muestra del trabajo de este escultor que se puede visitar mientras uno pasea por el prado. El catálogo del museo tampoco tiene precio (bueno, si lo tiene y es caro, pero merece la pena), aunque pesa un poquito si vamos justos para el avión.

La última vez que estuve, tuvimos solo un rato para verlo entero, pero aún asi tomé algunos bocetillos mientras iba andando. No espereis gran cosa, pero al menos da una idea 😛







Nueva Zelanda (VIII): ¡¡Waitangi!!

Canoa camino al Waitangi

Canoa camino al Waitangi

Cinco minutos más tarde, por supuesto, ya había encontrado otra cosa que despertara mi interés y se me había olvidado que alguna vez conocí la palabra Scrabble: una balsa tradicional maorí cruzaba la bahía de camino hacia una mini-península conectada mediante un puente a la playa en la que me acababan de soltar. La zona en cuestión se llamaba Te Tii Marae y estaba a unos 7 u 8 minutos a pie del lugar del Waitangi. Naturalmente, también había olvidado que alguna vez conocí la palabra Antonio pero, por suerte o por desgracia, me lo encontré de camino sentadito en la playa frente al albergue. Uno de los principios básicos de Antonio es que funciona como un objeto cualquiera: allá donde lo sueltes se queda salvo que venga a moverlo alguien más. La zona ya estaba animadita y a rebosar de maoríes, sólo que más que Nueva Zelanda aquello parecía un mercadillo de pueblo. Los maoríes, de hecho, andaban por allí con latas de birra y camisetas negras modelo jevi-metal-nasio-pa-matar. Hasta yo en mis cortas luces culturales tenia claro que aquello iba a terminar en grupos de tios abrazándose para exaltar la amistad y para vomitar sin caer de boca detrás de un árbol cualquiera. Había también puestos por la zona donde comprar desde un perrito caliente hasta un paquete de pilas, que me vino al pelo para comprar un despertador con una pinta terrible de estar usado que me venía haciendo falta. Lo cierto es que nunca conseguí que funcionara, pero ¿y la ilusión que me hizo encontrarlo?. Una vez cruzado el puente que une el pueblo con la zona de Waitangi, fuimos a parar a un parque, en mitad del cual se encontraba la Casa del Tratado o Treaty House, donde los ingleses le tomaron el pelo a los indígenas en 1840. La casita está decorada al estilo de la época y se puede visitar, pero para el europeo medio es más interesante la Casa de reuniones Maori o Maori Meeting House, completamente tallada en madera. Junto a esta se encontraba una especie de corral sin paredes con techo de paja donde se guardaba la canoa de guerra que un rato antes había visto remando en el mar. Tuvimos la suerte de que acababa de llegar en ese momento y los tripulantes interpretaron una danza de guerra maorí, o waka, para los que pululábamos por la zona. El objetivo de estas danzas es ponerse lo más horroroso posible a efectos de acongojar al enemigo, lo que a fe mía que consiguen. Al que le guste el rugby habrá visto al popularísimo equipo neozelandes los All-Blacks, haciendo algo de este estilo antes de cada partido.

Treaty House desde dentro

Treaty House desde dentro

Acabada la danza y habiendo reprimido más allá de lo creible el impulso de unirme al jolgorio bailarín, nos acercamos al Centro de Visitantes, que ese día tenía entrada libre y presentaba un recorrido a través de la historia de Nueva Zelanda mediante una galería de fotografías, artesanía y textos legales bastante interesante, pero no exenta de cierta familiaridad para cualquiera que haya soportado El Piano. Cerramos el Waitangi con un discurso del primer ministro junto a la bandera del que, entre que era en inglés y no estabamos cerca, no nos enteramos ni de pum, así que en cuanto empezaron los aplausos optamos por irnos a la playa aprovechando que hacía bastante sol y, así, al menos podríamos descongelarnos al salir del agua.

Waitangi

Waitangi

Para tratarse de una zona famosa por sus playas, Bay of Islands no me pareció gran cosa. Evidentemente, la arena era fina y estaba limpia pero, al menos ese día, el agua no. Además, la zona consiste en una serie de calitas donde poco más allá de la orilla el fondo está cubierto de ese tipo de piedras que hacen que el bañista practique algo parecido a la danza del vientre en gravedad cero cuando intenta salir del agua. Por último, hay relativamente poca distancia entre el agua y la carretera que, aunque poco frecuentada, no deja de ser carretera. Orewa, donde paramos un par de horas a la vuelta para comer algo, aunque mucho más aburrido como pueblo tiene unas playas inmensas de arena de esas que parece que no se acaban nunca. Pero, claro, no hay manglares, ni Waitangi, ni kiwis, ni bosques de algas ni mercadillo todo a cien. Y es que no se puede tener todo en la vida (3).


(3) No se puede tener todo en la vida, así que procura quedarte con lo que te interese de los demás (Proverbio de mi hermana)


Cuadernos de viaje: Madeira (II)

Mas acuarelas de Madeira mientras saco tiempo para escribir algo 😛


Reino Unido (XXV): el escurridizo Nessie

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La leyenda de Nessie, el monstruo más famoso del mundo, viene de antiguo. En el 565 dC, San Columba, mientras predicaba a los pictos, decidió darse un bañito en el río Ness para coger una barca que se encontraba en la otra orilla [33] . Cuenta su biógrafo que se le apareció un monstruo acuático, pero que el santo lo alejó con la señal de la cruz al más puro estilo del exorcista: “Atrás, criatura del avernooooo”. Teniendo en cuenta que la criatura obedeció, o no se trataba de Nessie o no tenía mucha personalidad. En todo caso, si para una vez que se da un garbeo por la superficie le salen con esas, no es de extrañar que se oculte tanto. Más adelante, en el 1833, un periódico de la zona publicó una noticia sobre la muerte de un supuesto hechicero, Gregor MacGregor, alias “Willox the Warlock”, entre cuyas posesiones se encontraba una brida que supuestamente había usado con un malvado kelpie que andaba dando la lata por la orilla del lago Ness. Los kelpies o caballos de agua en la mitología celta son monstruos acuáticos que atraen a los incautos al lago montándolos en sus espaldas para después, una vez dentro, devorarlos con tranquilidad. Claro, que si alguien es tan pardillo como para acercarse si lo llama un caballo ajeno nadando al estilo Esther Williams, merece ser devorado. Con tanta historia de monstruos, en el 1852 la gente del pueblo casi da matarile a una pareja de potros que andaban por el lago al grito de “¡a por el kelpie!”. Finalmente salvaron la pelleja, pero probablemente se convirtieron en el primer caso de estrés equino de la historia de la sicología.

Kelpie convenciendo al personal de que el agua esta buenisima

Para el 1868, la gente de orillas del lago ya se había transformado en el Lepe local. Si bien con sus 230 metros de profundidad el lago Ness podría muy bien albergar criaturas grandes, está demostrado que la variación de temperatura del lago provoca espejismos visuales consistentes principalmente en alargar los objetos, lo que algunos autores han usado para explicar los avistamientos de Nessie. Independientemente de esta explicación, a partir del 1900 los avistamientos crecen en número, alcanzando un máximo en 1933, justo cuando en King Kong animales antediluvianos se daban de tortas en la gran pantalla. En este año, los testigos del monstruo se cuentan por docenas, aunque las bromas pesadas a costa de éste van por los millares. En 1934, cuando el Photoshop aún no se había inventado, el cirujano Kenneth Wilson tomó la que se convertiría en la más famosa foto de Nessie, enseñando su largo cuello sobre la brumosa superficie del lago. Después de varias fotografías falsas más, el tema perdió fuelle hasta 1960, cuando se organizó la primera expedición científica a gran escala al lago. Y es que había una remota posibilidad de que la leyenda del bicho fuese cierta.

Fotochop de epoca con modelo curvilinea

Originalmente Escocia estaba pegada a norteamérica hasta que, por esa manía que tenían los continentes por derivar, acabó chocando con Europa hace unos 400 millones de años, lo que no podemos sino celebrar todos los amantes del shortbread. Como resultado de esa colisión, las montañas de Caledonia debieron elevarse por encima de los 7000 metros, si bien ahora lo más alto que tienen apenas sobrepasa los 2000. 20 milloncillos de años mas tarde, lo que se denominaba el Great Glen o gran valle acabó fracturándose y separando las Tierras Altas. En aquellos días todavía no existían más vertebrados que esos pequeños peces primitivos tan monos que siempre salen en los documentales de la BBC. Para cuando los pececillos espabilaron y salieron del agua, la zona estaba recubierta de pantanos, que luego proporcionarían a Escocia sus minas de carbón. En los 80 se encontró en Edimburgo un fosil de anfibio casi convertido en reptil al que denominaron Lizzie. Lizzie y sus amigos debieron pasar mucho frío porque, poco después, durante la Edad del Hielo, parte de Escocia quedó enterrada bajo 1700 metros de hielo. Un glaciar de ese hielo acabó socavando el lago Ness hace unos 18000 años. Al derretirse, se elevó el nivel del mar, por lo que dicho lago podría haber estado comunicado con éste y, por tanto, cabría la posibilidad de que se hubiese colado un bicho grande. En el momento en que el hielo se retiró, sin embargo, la tierra volvió a subir y los supuestos turistas quedaron atrapados en el lago. Los esfuerzos por encontrar a Nessie pronto se centraron en escanear con sonar todo el lago. Si bien recibieron ecos enormes provenientes del fondo, parece más plausible que se debiesen a fenómenos térmicos que a actividad monstruosa en la zona. Actualmente, después de varios escaneos más o menos cuidadosos, puede concluirse que, de haber un monstruo ahí abajo, es extremadamente tímido. Es una lástima: la tecnología nos ha robado la posibilidad de perseguir cualquier cosa al grito ese de “¡a por el kelpie!” que debe ser tan satisfactorio de proferir como lo de “siga a ese taxi” en New York.


(33) En aquella época los baños debían ser como ir al supermercado. Si no hay necesidad, ¿por qué demonios hacerlo?.


Sketchcrawl del sabado

Pues como de todo hay en Internet, resulta que un montón de gente es aficionada a echarse un cuaderno al bolsillo y dibujar por la calle y, lo que es más, hacen quedadas para ello como si de macrobotellones se tratara. Las quedadas se convocan en Sketchcrawl, y la última fue el sabado pasado. A mi me pilló en Granada y entre lluvia y lluvia, esto fue lo que saqué (mas una cocacola con tapa en una terracita)

Y para los que dibujan todo el año, Urban Sketchers y Urban Sketchers Spain!


Reino Unido (XXIV): Bienvenidos a Inverness

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Inverness, mas que ciudad, es un pueblo y, con sus 40000 habitantes, no demasiado grande para el estándar andaluz. De hecho, el título de ciudad no lo recibió hasta el año 2000 de manos de la reina, que debía sentirse generosa con el nuevo milenio. Su nombre deriva del término “inver”, que viene a ser la boca de un lago, igual que “glen” corresponde a un valle y “ben” a una montaña. En Escocia es más que usual encontrarse lugares con esta denominación igual que en el sur de España tenemos los “gua” árabes para los ríos. Situada, pues, en un extremo del lago Ness, Inverness está atravesada por un brazo de éste que, a su vez, cortan varios puentes colgantes. Cerca de uno de ellos, en Bridge Street, se encuentra la oficina de turismo, donde se puede investigar que hacer por la zona -poco, dado el tamaño del lugar- y reservar viajes programados al lago Ness, que, a fin de cuentas, es a lo que se va a la ciudad. Si entre monstruo y monstruo queda tiempo, en Inverness hay alguna que otra cosa que hacer para pasar el rato aparte de calentar silla en los pubs locales como Greyfriars. Por ejemplo, la ciudad es famosa por sus festivales florares, que es lo que hacen los escoceses en vez de tirar cabras del campanario como gente civilizada. Siguiendo el río hacia Caledonian Canal, se alcanzan unos puentes pequeñitos que llevan a Bught Park, donde hay una exhibición permanente de cultivos subtropicales con sus cascadas en miniatura, pececillos y demas cosas collejas cual tarjeta de San Valentín. Para los que nos gustan las piedras, siguiendo Castle Road vamos a dar directamente, tras ver unos cuantos floripondios más, al castillo local, construido sobre los restos de una fortaleza anterior en 1835. De hecho, se piensa que el castilllo del siglo XI donde trancurre Macbeth estaría justo al lado de haber sobrevivido a las inclemencias de los siglos y a los bosquecillos móviles de la época. Hilando aún más fino, incluso hay quien comenta que el fantasma de Duncan I pulula por allí de cuando en cuando. Que fuese asesinado por Macbeth en el lugar o no, no deja de ser harina de otro costal. Abierto de 10:30 am a 5:30 pm, el edificio puede visitarse por dentro. Como plus, generalmente hay un gaitero por Castle Hill animando la visita, cosa que en estas latitudes pasa a ser menos extraña de lo que cabría esperar. A partir del castillo se puede emprender lo que se conoce como la Inverness historic trail, que es un recorrido por el centro de la ciudad con paradas en los sitios de interés. El siguiente hito en la pista es el ayuntamiento o town house, justo a la izquierda de la entrada al castillo. Se trata de un edificio gótico victoriano que se puede visitar por dentro si no se molesta mucho a los trabajadores. Cruzando la calle Bridge Street, justo enfrente, tenemos una torre campanario estilo jorgiano que se erigió en 1791 junto al tribunal de justicia y que mide alrededor de unos 45 metros. Siguiendo Shore Street y bajando a la derecha por Union Street vamos a dar con el mercado victoriano, donde tienen algunas cosas curiosas.

Mis compis de viaje, aun tan contentas, pobres...

Naturalmente, en compañia de Mercedes no se podían obviar las tiendas [31] y así es que dimos un garbeo por el centro a ver que encontrabamos. Lo normal por esos lares es hacerse con mantas de viaje, faldas y calcetines con distintos tartans y con el alfiler en forma de espada del clan que más nos guste para sujetarse la manta al cuerpo. Si alguien tiene ancestros escoceses, como era el caso de McLaren, en la biblioteca pueden echarle una mano para bucear en la genealogía local a ver si con suerte uno lleva sangre de Mel Gibson y se puede llevar los souvenirs personalizados a su clan. Sin embargo, ésto lleva algún tiempo y es conveniente avisar primero a los bibliotecarios de que se les va a dar la lata un rato. Más rápido pero, eso si, menos simpático es personarse frente a cualquiera de los comerciantes que, PC en mano, te sacan la genealogía en un pis-pas con marco y sello incluidos como si de la influencia de Venus en tu vida social se tratase. Eso si, por un módico precio que no resulta tan módico al cambio de la libra. Para los indecisos, siempre nos queda el Royal Stewart de toda la vida, pero avisado queda el incauto comprador de que es lo mismito que lleva el principe Carlos en las ocasiones en que lo pasean. Quitando ésto, una encuentra lo normal en Reino Unido: Marks \& Spencer, Boots, Body Shop y HMV. Si se va con tiempo, existe la posibilidad de visitar alguna fábrica de tejedores, cuyas direcciones se pueden obtener en la oficina de turismo. El tema funciona como las bodegas en Oporto: te dan la vuelta de rigor, te enseñan lo que hacen y se supone que al final compras alguna cosilla. La elección más habitual es el James Pringle Weavers Tartan Center, en la orilla del castillo, a un tironcete andando. El problema, claro está, es comprar cuando no hay pasta. Y Mercedes había sido terminante: 60000 pelas y punto. La cosa dió para una falda de las normalitas y una manta de lana de viaje que luego mi madre echaría a ese lugar indefinido donde acaban todas las cosas inútiles que le traigo de mis viajes. No obstante, algo más adelante encontramos una tienda un tanto cutre en la linea “Todo-a-100” [32] donde había una estupenda oferta de dos por una en camisas de felta a cuadros rojos de ese modelo genérico que Mercedes categoriza como “No-la-tocaría-ni-con-un-palo” y que, por supuesto, McLaren y yo adquirimos por unas cinco libras. No sabíamos aún lo bien que iban a venir. En cuanto a comida, lo habitual, pudimos escoger entre el buffet del Mark \& Spencer y las hamburguesas del McDonald. Tampoco sabíamos aún lo bien que nos iban a venir.

Belleza O salud: aun no sabia lo bien que me iba a venir esta camisa de felpa con tartan

El tartan es un diseño específico que cada clan asigna a sus ropas. Lo que define a un patrón de este tipo es que si se dobla diagonalmente, los colores de los bordes coinciden. Independientemente de ésto, un tartan puede ser asimétrico o simétrico y generalmente se define contando los hilos de cada clase hasta la repetición del primero que se considere, por ejemplo 2 rojo 3 verde 1 rojo 3 verde. Originalmente, los tartans eran simplemente decorativos y los diseños surgían de un intento de introducir variedad en un comercio dominado por un número limitado de colores para teñir la lana. Sin embargo, pronto se convirtieron en una marca de comunidad. En las zonas donde existían familias fuertes, se adoptaron patrones específicos como signo de distinción y así surgieron los tartan de clan. En cierto punto, la ley prohibió usar estos diseños, legalizando únicamente los correspondientes a compañías del ejército, que pasaron a llamarse tartans regimentales. En el 1800 el tartan vivó un resurgimiento cuando Jorge IV visitó Edimburgo y, siguiendo el consejo de Walter Scott, le dió el visto bueno a recuperar la tradición. Fue así que familias que jamás habían visto una falda a cuadros se inventaron su propio diseño para abonar el árbol genealógico. Incluso dentro de un mismo clan aparecieron distintos tipos de tartan: el de caza, en colores apagados, el de vestir, más brillante, el de fiesta e incluso el de los funerales. Cuanto más poder tenía una familia, mayor era el número de sus tartans. En el caso de los Estuardo, incluso se inventaron uno para visitar al rey, que luego, como quedaba la mar de fashion, se quedó la reina Victoria para vestir a su familia de bonito y casi todo el mundo para los árboles y galletas de navidad.

Desde el mercado victoriano se puede seguir Academy street y doblar hacia la derecha en dirección a la estación de autobuses para ver la biblioteca, que data de 1841. Desde allí, recuperamos Church Street subiendo hacia el río para ir a la zona de casitas antiguas. La primera, en Fraser Street es la Abertaff House, de 1593. Siguiendo por Church Street en dirección opuesta al castillo, en seguida aparece el antiguo hospital de Dunbar, de 1668, enfrente la antigua High Church del siglo XII y, al final de la calle, ya lindando con Friars Lane, la antigua iglesia gaélica, de 1469, ahora café y tienda de libros de segunda mano. Al otro lado del río tenemos las iglesias, cruzando por el Footbridge y avanzando hacia el castillo, San Columba, Santa María y, finalmente la catedral de San Andrés, algo desmoñada ya que, al más puro estilo malagueño, se acabó la pasta antes de ponerle las espiras. Como curiosidad, su fuente está fusilada de la de Thorwalden, en Copenhaguen. Por si a estas alturas hay sed, en primavera y verano en la antigua escuela hay abierta una tetería. Para los realmente entusiastas, en Shore Street se conserva la torre del reloj de Cromwell, el último resto de una ciudadela que estableció allí en el XVII su Commonwealth Army. Como si la Commonwealth no diese miedo sin ejército …

Tras vuelta y vuelta, como el solomillo, acabose el día y nos vimos obligadas a volver al albergue y … a Urka, la luchadora del GLOW. Por suerte, parece que ya había dormido lo suyo durante la tarde y cuando, preparadas para lo peor -o sea, para echar a correr en plan tonto el último- nos adentramos en la habitación, nada de nada: conservamos integidad física y orgullo en contra de los presagios matutinos. Al día siguiente ya no tendríamos encuentros en la tercera fase. Habíamos reservado un viaje al lago Ness y saliamos temprano, ya que a la vuelta cogeríamos un tren a Skye. Subidas las tres en una furgoneta modelo Scooby-Doo, nos dirigimos pues a la morada de Nessie, a ver si saliamos con él en la foto para que, al menos por una vez, no hubiese dudas de quien es más monstruoso.


(31) Claro que, por otra parte, en la mía no se pueden obviar las caminatas, lo que suele resultar bastante más incómodo y desagradable para cualquier compañero de viaje que no sea Lara Croft.
(32) Al cambio Commonwealth, el Todo-a-100 británico viene a ser un Todo-a-1000-español-y-da-gracias-que-te-dejo-entrar-muerto-de-hambre.