Archivo mensual: septiembre 2009

Castillos de Hielo y Fuego

Aprovechando que estoy releyendo Canción de Hielo y Fuego, que estuve en las Highlands de vacaciones y que el Pisuerga pasa por Palencia, he pensado compilar un puñao de castillos de este verano que me recordaban a los de Juego de Tronos de una forma u otra, para que los disfrute el lector friki y el visitante casual.

Escocia tiene un par de abonos para visitar castillos sin apoquinar las 8 libras de rigor en cada puerta. Un poco mas barato es agenciarse un ticket de amigo de los castillos, por unas 40 libras puede entrarse en todos los castillos afiliados que se quiera durante el siguiente mes. Por unas 28 se puede obtener lo mismo para 7 dias en 15, en plan concentrado. Eso si, castillos gordos mas alla de Urquhart, Edimburgo y Stirling hay que pagarlos aparte porque están afiliados a otra sociedad, algo como amigos del patrimonio y tal, en plan La vida de Brian.

Y dicho ésto, ¡castillos a cascoporro!

Edinburgh castle The Red keep

And above it all, frowning down from Aegon’s high hill, was the Red Keep; seven huge drum-towers crowned with iron ramparts, an immense grim barbican, vaulted halls and covered bridges, barracks and dungeons and granaries, massive curtain walls studded with archers’ nests, all fashioned of pale red stone.

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Esta es la fortaleza más grande y mejor conservada del país, establecida sobre el volcán extinto de Castle Rock y habitada desde el siglo IX, si bien el castillo data del reinado de David I, en el siglo XII. Por supuesto, ha pasado por todas las guerras del pais, desde la de la Independencia, hasta la de la Unión de las Coronas y, por supuesto, la sublevación de los jacobitas. A pesar de todo, no cayó en ningún asedio y acabó de guarnición militar.

A David I lo sucedió William “el León” (malditos, malditos Lannister), al que se lo arrebató Enrique II de Inglaterra. Ya en el siglo XIX, Sir Walter Scott encontraría allí los honores de la Corona escocesa, que desde entonces se exponen al público.

Entre las curiosidades del lugar, está el cementerio de mascotas del regimiento local, la iglesia de St Margaret -edificio más viejo de la ciudad- y el cañón Mons Meg. Es interesante pasarse por el gran Hall a las 12, cuando un actor representa a James Hepburn, esposo de Maria reina de Escocia, que cuenta las curiosidades de la época. Eso, y los fantasmas correspondientes, de un gaitero y un tambor sin cabeza, por mantener el espíritu musical. En agosto, además, el tatoo (desfile militar) parte de aquí y baja por la Royal Mile durante el festival. Eso si, está hasta las cejas de gente, así que preparad los codos.

Glamis Castle High Garden

The people of the Reach have greater access to dyes than most because
of the preponderance of fl owers. Because of this, they dress much more richly and extravagantly than smallfolk elsewhere, and more so than even some nobility. The greens and golds of Highgarden are popular colours, as are the reds and purples made in the southwest from grapes that cannot be used for wine. The Reach has become a place of almost dream-like beauty in the time  since Aegon Dragonlord immolated its lords on the Field of Fire.

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Casa natal de la reina madre y reportado como el castillo con los jardines mas bonitos de Escocia.  Nada más llegar, y después de aflojar 8 libras antes de salir del coche ni nada, se encuentra uno un corral bien gordo de vacas lanudas escocesas de todos los tamaños y edades que se dedican a lo típico que hacen estos bichos: pastar y, bueno, pastar más. El castillo tiene varios jardines, desde estilo francés hasta de grandes árboles ancianos. Lo interesante son las distintas especies de flores que hay aquí y allá y que están hasta arriba de abejas.

El castillo tiene un buen puñado de fantasmas. Empezando por arriba, en la habitación del servicio parece haber una habitación secreta donde yacen emparedados los cadáveres de dos individuos que, a pesar de las advertencias de sus compañeros, estaban tan enfrascados en su partida de cartas del sábado noche que se colaron en el domingo, momento en el que apareció un hombre de negro a unirse a la partida que no era sino el demonio. No se sabe bien quién ganó, pero lo que si es cierto es que como éste œltimo no parecía dispuesto a irse una semanita después, los habitantes decidieron que podía ser buena idea emparedar a los alegres jugadores para que siguieran a lo suyo sin dar mucha guerra al personal.
La siguiente parada es la capilla, única estancia donde no hay leones del castillo. Eso se explica en la necesidad de mantener la casa de Dios como tierra de nadie, aunque lo cierto es que pertenece, al menos en parte, al fantasma de la dama gris. Este espectro ocupa la esquina derecha de la capilla y se comenta que quien allí se sienta nota un frío particular. La teoría es que se trata de la esposa del señor del castillo, al que el rey tenía particular ojeriza. Tras la muerte de éste, el rey decidió quitar de enmedio a su familia mediante el sencillo procedimiento de acusar de brujería a la señora y a sus dos hijos. Ella murió en la hoguera, pero siendo sus hijos pequeños para recibir el mismo tratamiento, el rey se marcó el pegote de encerrarlos hasta que alcanzasen la edad de cocción. Uno de ellos murió en la prisión, pero el otro sobrevivió al rey y pudo recuperar el castillo, al que aparentemente también volvió su madre.

Más adelante, en el dormitorio principal se encuentra el fantasma de un pajecillo, que murió esperando una noche fría a que le dieran permiso de volver a casa. Por lo visto, su afición favorita es hacerle la zancadilla al incauto visitante que entra en la habitación. Poco es para como palmó, claro …

Stonehaven Storm’s End

Storm´s End, ancient home of the Storm Kings, crouches atop the chalky cliffs of Shipbreaker Bay facing the angry sea. According to legend, Storm´s End was the  seventh castle built by Durran, the first Storm King

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Dunnottar, el castillo de Stonehaven, cerca de Aberdeen, está encaramado a un acantilado de roca sobre un par de playas de piedra. Se sabe que ocupa el lugar de un asentamiento picto, de donde viene su nombre (Dun significa fortaleza). Los pictos adoraban la naturaleza en varias encarnaciones, de las cuales Dunnottar está asociado a la feminidad en su encarnacián de la Dama Verde, que se ha reportado que visita las bodegas del castillo de cuando en cuando. Sin embargo, el rollo picto lo cortó St Ninian en el siglo V cuando trajo el cristianismo a la zona. Durante los siguientes siglos las cosas estuieron relativamente tranquilas hasta la llegada de los vikingos en el siglo IX, que derrotaron allí al rey Donald II y destruyeron la fortaleza a la vikinga, es decir, no dejaron piedra sobre piedra.
La cosa se recuper— para el siglo XII, a tiempo de que se montara dentro una capilla cristiana que William “Braveheart” Wallace quemó repletita de soldados ingleses tiempo después. Como el castillo era de una familia importante, los Earl Marischal, se reconstruyó mejor y más grande y tuvo visitas tan importantes como Maria, reina de Escocia. Al final, el gobierno lo incautó por la participación de la familia en el alzamiento jacobita y, desde entonces pertenece al país.

Urquhart (fingers, Baelish)

The outlands of the Vale are far less pleasant. The Fingers are bleak, empty lands, home
to stones and sheep and little else
.”

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Castillo escocés por autonomasia, principalmente por encontrarse a orillas del lago Ness, junto a Drumnadrochit, donde se han reportado la mayor parte de los avistamientos de Nessie. Ha salido en peliculas como La vida secreta de Sherlock Holmes. El asentamiento parece que data de la época en que San Columba cristianizaba a porrazos a los infieles de la zona, mientras que el castillo se estima que se construy— en torno al 1200. Desde entonces, ha pasado por m‡s manos que la tradicional falsa moneda, incluyendo las escaramuzas con los jacobitas, hasta que una de las torres vol— en el siglo XVIII después de un tormentón. Hoy en día está en ruinas, pero es de los m‡s visitados del país. Y los más caros, claro.

Kilchurn Castle Riverrun

Riverrun stands where the Tumblestone falls into the Red Fork before continuing towards  the Trident. Its walls rise sheer from the water of the two rivers, and in times of war a moat can be  formed to prevent an army from attacking from the west.

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Mi castillo favorito de mi segunda visita a Escocia, Kilchurn está en mitad de ninguna parte, cerca de la iglesia donde se encuentra ela estatua fúnebre de Robert de Bruce. Es gratis entrar, aunque sólo se puede visitar en verano  y prácticamente no hay visitantes, supongo que porque se accede bien en barco o bien a pie, pero sólo hay un par de kilómetros desde la carretera principal.

Kilchurn Castle data del 1450, cuando Sir Colin Campbell, primer señor de Glenorchy montó una torre de cinco plantas con una muralla defensiva, a la que más tarde se añadió otro muro y un hall externo en el 1500 y algunas salas extra en el 1600. Originalmente ocupaba por completo una islilla en el Loch Awe, pero un cambio en el nivel de las aguas lo dejó conectado a tierra en 1817. Aunque disputado con los del Clan MacGregor de Glenstrae, se mantuvo en los Campbell hasta que en 1760 lo partió un rayo literalmente.

Duart Castle Dragonstone

“You will pass near Dragonstone when you turn north. I need you to deliver a letter for me.” Tom looked apprehensive. “To Dragonstone, m’lord?” The island fortress of House Targaryen had a sinister repute.

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Situado en la costa de la isla de Mull, el castillo de Duart tiene toda la pinta de ser frío, húmedo y oscuro en invierno y no mucho más alegre el resto del año, si bien es el castillo en el que todos pensamos cuando se nos viene Escocia a la cabeza. Además está enterito, con vistas a mar y una mazmorra llena de maniquies de prisioneros hispanos, que casualmente cayeron por ahí al naufragar y recibieron la consabida hospitalidad bretona.

El castillo formaba parte de la dote que en 1350 Lachlan correspondió como dote a Mary, hija de John de Islay, Señor de las Islas, al casarse con  Lubanach Maclean de Duart. La historia es algo triste, ya que el esposo abandonó en la isla a su mujer para que muriera, pero afortunadamente sus hermanos consiguieron salvarla. Cuando se reunieron con el esposo, que hundido vino a reclamar las posesiones de su difunta señora, éstos lo hubieran matado de no interceder por el la mismisima Mary.

Entre esa época y hasta el 1751, el castillo pasó de los McLean a los Campbell tras asedios, ataques y reconquistas. En ese año, fue abandonado hasta que en 1911 Sir Fitzroy Donald Maclean, 26avo jefe del Clan MacLean, lo readquirió y restauró.
En este castillo se han rodado partes de la Trampa, con Connery y Zeta Jones y, más friki todavía, es la base de operaciones de Buffy “Cazavampiros” Summers en la octava temporada.

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Nueva Zelanda (III): Llegada … o no

La llegada al aeropuerto fue bastante ágil si se ignora el hecho de que eran las 5 de la mañana y llevábamos un día entero en el avión. Fue el preludio de lo que más tarde se haría patente: Nueva Zelanda es el país más civilizado que he pisado. Lo único que me pidieron en la aduana fueron las botas de montaña, pero tras inspeccionar la suela me las devolvieron sin problema alguno. Había estado aquí y allá ese mismo año, pero no con esas botas de montaña, sino con los Panama Jack que llevaba puestos y, a estas alturas, tras un par de meses pisando Málaga “la bella”, cualquier cosa nociva que las suelas llevasen habría sido ya completamente erradicada. El ecosistema del país es delicado y alberga multitud de especies en peligro de extinción, así que cualquier sustancia orgánica adherida a útiles de acampada puede resultar peligrosa. A partir de ahí, fue sólo cuestión de esperar a Albert, la persona que nos había gestionado el viaje, para que nos recogiera en el aeropuerto. Albert también se había encargado de buscarnos alojamiento en Auckland. Cuando, coherente con mi sana paranoia, le pregunté por quincuagésima vez si había solucionado el tema, el contestó con el ya habitual “Tú sólo preocupate de llegar aquí, que el resto está hecho”. Ese día, Albert nos dijo, nos quedaríamos en su casa por comodidad. Los días siguientes, aunque aún no lo sabíamos, la cosa dejaría de ser tan cómoda.

Suponía yo cuando me dejaron en un cuarto de una casa a la inglesa a las seis de la mañana que con un cambio horario de once franjas y el despiporre de día y noche que supone dar media vuelta al mundo no iba a pegar ojo. Cuando me desperté a las 2 de la tarde, el tema había dejado de preocuparme. Esa sería la última vez que conseguiría dormir 8 horas seguidas durante la próxima semana y que presumiría de ser inmune al jet-lag durante toda mi vida. Al día siguiente, Albert nos dio una sorpresa inesperada. No nos había conseguido alojamiento, pero debíamos considerarlo como una suerte porque eso nos daría la oportunidad de viajar por el país alegremente hasta que nos encontrara algo. Y, por cierto, el se iba de vacaciones al día siguiente, muchas gracias. Con el límite de la VISA en mente y pensando que ya encontraríamos la manera de agradecerle a nuestro amiguete el favor, pasamos el resto del día, folletos en mano, planeando qué hacer con nuestras vidas en un país completamente desconocido y a un día vista. Afortunadamente, contamos con la inestimable ayuda de Chee-Kit, el chaval con el que trabajaríamos a la vuelta, una vez tuviésemos donde meternos, y que resultó ser más útil que la guía Campsa, edición para torpes. Por la tarde, ya habíamos conseguido un vuelo de ida y vuelta a la isla sur por algo menos de 30000 pelas en una compañía sin azafatas ni servicio de bar. Mientras no fuera muy caro, por mí como si teníamos que ir sentados en taburetes de cocina. Eso si, el billete era para tres días más tarde. Por aquello de no dormir en la calle entre tanto, decidimos subir al norte durante ese tiempo, rumbo a las playas de Bay of Islands.


Nudibranquios en San Jose

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Estos son unos bichos que me gustan particularmente y que, con algo de suerte, se pueden ver a bastante buen tamaño a partir de los 20 o 25 metros en el Parque Natural de Cabo de Gata. En particular, estos son godivas, una clase de nudibranquio con cilios a la espalda y un color precioso. Si la luz acompaña, salen bastante bien en las fotos.

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Petra en NDS Colors!

Y ahora que estoy vaciando la memoria de mi NDS, un dibujillo rapido hecho con el Colors! durante mi visita a Petra en Semana Santa del 2009. Son sólo piedras, pero el color estaba chulo …


Reino Unido (XXII): De albergues y otros

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Volviendo a cosas más terrenales, el que haga la visita en agosto puede disfrutar de lo que llaman el tattoo de Edimburgo. En este caso el tattoo no es uno de esos dibujos con los que una acaba encontrarse en sitios insospechados después de una noche de borrachera, sino una especie de festival de gaitas y similares. Original del danés “tap-toe”, el tattoo era la señal sonora obligatoria para indicar a la tropa la hora de volver al cuartel y, por tanto, a los bares la de dejar de servir cerveza. Hoy en día se monta una juerga con gaitas en la que participa todo el mundo y, es de suponer, que corre el alcohol. Como se puede ver, en el castillo hay de todo. De todo, esto es, salvo una droguería.

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Como todas sabemos, una mujer nunca debe escatimar en las tres “C”: champu, calzado … y compresas. Cualquiera que haya tenido la urgencia de comprar compresas en Inglaterra habrá tenido el deseo de que la menopausia le llegue lo antes posible. Servidora suele empaquetar dos paquetes fliss-fluss extra, con alas aerodinámicas y con todo tipo de complementos -ya que en España las compresas pagan impuesto de lujo como el coñac reserva, qué menos se les puede pedir- que para sufrir siempre hay tiempo. A Mercedes, sin embargo, que había echado practicamente todas sus posesiones terrenales e incluso algunas no de este mundo, este detalle se le había escapado y allí estabamos: en el castillo de Edimburgo y sin una mala farmacia que llevarnos al cuerpo. Lo que si había era una máquina expendedora en el baño de señoras. Un minuto y una libra más tarde, mi amiga se metió en el baño con un cubo de plástico azul del tamaño de un puño en la mano.

-Oye, pues no están caras aquí las compresas. ¿De cuanto es el paquete? ¿De doce? ¿De dieciocho?

Pero cuando Mercedes abrió la puerta, talmente como si de John Wayne recién bajadito del jamelgo se tratara y con cara de pocos amigos, nos imaginamos la respuesta. Una. Y es que las inglesas, más que ponerse compresas, las cabalgan. Ya llegado este punto, yo, que hasta el momento previendo tiempos de carestía higiénica me había callado como una mujer de afecto negociable, tuve que compartir a regañadientes mi provisión personal, lo que nos hubiese costado la amistad de tantos años de no haber tenido suficiente para ambas.

Bruntsfield Youth Hostel Edinburgh

Cuando por fin llegamos al albergue (Bruntsfield Youth Hostel) esa noche, descubrimos que era bastante viejo y un tanto destartalado. Años más tarde me vería en uno casi igual en Dunedin, ciudad que, curiosamente, está hermanada con Edimburgo supongo que por más motivos aparte de sus destartales alberguiles. La habitación la compartíamos con otras 7 u 8 personas que, al contrario que Mercedes, no parecían tener problemas para dormir. Al menos, hasta que llegó ella.

-¡Ala, que frío! Asi no puedo dormir, me muero de frío.

Cuando después de haber vivido en el interior durante más de veinte años me mudé a la costa, supuse que a partir de entonces comenzaría a soportar mejor el calor. No sólo sigo sudando la gota gorda en verano, sino que ahora tampoco puedo sacar la nariz a la calle en las noches de invierno so pena de congelación y es que el cuerpo fácilmente se acostumbra a lo bueno pero es más reticente a las penalidades. En aquella época, sin embargo, aún me desenvolvía bien a bajas temperaturas y en los albergues por la noche solía pasarle a Mercedes mi edredón, con lo que se convertía en una especie de armadillo de colores y, o bien no protestaba, o bien no la oíamos con tanta capa de plumas. Por desgracia, con cuarenta de fiebre, estaba por seguir los consejos de mi tío y sudar las bacterias o, por lo menos, producirles la mayor incomodidad posible para que aprendiesen a meterse con alguien de su tamaño. No obstante, como parecía obvio que mi amiga no iba a dormir por culpa del frío y que los demás ocupantes de la habitación tampoco lo haríamos por sus quejas, acodándome en la cama, eché un vistazo alrededor.

-Pssst, Mercedes. En la litera de arriba frente a mi cama hay un edredón arrugado que parece que está suelto. La cama no tiene sábanas y …

Pero no hizo falta acabar la frase. Mercedes ya había apartado el edredón de un tirón seco, como el que pretende retirar el mantel sin mover los platos, y, para su sorpresa y la mía, y sobre todo para la de la tercera implicada en el asunto, apareció acurrucada debajo una japonesa diminuta en ropa interior que, automáticamente, se puso a gritar en su idioma lo que estaba bastante segura no era un saludo de buenas noches.

-¡¡Anda, sorry!! Perdona, hija, es que eres tan canija que no te había visto – soltó por su boca en un segundo Mercedes sin cortarse un pelo, tapándola de nuevo y dándole dos palmaditas al bulto como si fuese un cachorro de gato. Por desgracia para mi pobre garganta, me costó casi diez minutos dejar de reir. Supongo que de haber tardado un poco más, la garganta habría dejado de importarme cuando mis compañeras de habitación me hubiesen tirado por la ventana.


Cuadernos de viaje: Edimburgo (I)

Que mejor para arrancar de nuevo que, siguiendo con el tema de Edimburgo, unos cuantos bocetos de mi visita de este verano. ¡Sip! ¡Durante el festival, precisamente!

Pues empezando por los monumentos, el primero de la lista es el conocidísimo castillo de la ciudad. Aunque es de los más grandes de Escocia (si no el más) y está bastante bien conservado, no es en mi opinión el más chulo, pero si merece la pena echar una mañana en verlo. Y también la merece ver la actuación en la sala principal que hacen cada par de horas vestidos de época, muy divertida y bastante instructiva. Recomendable, si se va a ver más de un castillo, comprarse un bono, eso si, porque las entradas son carísimas.

Castillo de Edimburgo

Castillo de Edimburgo

La catedral, un poco más abajo en la Royal Mile, es gratuita, si bien se recomienda una donación de 3 libras para entrar, capilla de los cardos aparte. Con un poco de suerte, se puede pillar al coro ensayando, lo que mejora bastante la visita. En cualquier caso, la capilla de los cardos, con su sagrada orden del cardo y toda la parafernalia, hay que verla sin más remedio, al contrario que castillos, de ésto no hay más -que yo haya visto- en el resto del país. Con tanto detalle, eso si, no hay manera de dibujarla, así que me conformé con el exterior.

Catedral de St Giles

Catedral de St Giles