Archivo mensual: junio 2009

Cuadernos de Viaje: Salamanca (II)

Y, para acabar los cuadernos de Salamanca, monumentos para todos ūüôā

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Nueva Zelanda (I): En la era de los antiguos dioses …

La culpa, como a veces pasa, fue del alcohol. Y digo del alcohol porque solo un programador borracho o un anarquista terminal -posiblemente tambi√©n borracho- podr√≠a haber ubicado una serie como Xena a las 12 de la ma√Īana en plenas vacaciones de verano. Y es as√≠ que en lugar de acompa√Īar el cafe y el croissant con un David Hasselhoff algo fondoncete, me acostumbre a espabilarme con Lucy Lawless repartiendo hostias a los mismos malos secundarios (1) episodio tras episodio, vestidos de esto o de aquello. Y vaya hostias. Mayores de 30 y con supervisi√≥n paterna. No es que me queje; vistas las joyas con que nos ha deleitado la primera en esa franja horaria, diria que salimos ganando por mano. Eso si, despu√©s del cuarto muerto, una empieza a preguntarse si en televisi√≥n ven alguna vez las cosas antes de ponerlas.

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Soy la mejor en lo que hago, y lo que hago es partirte la cara

Aunque algo irregular de un episodio a otro en funci√≥n del guionista de turno, hay muchas cosas en Xena que pueden enganchar. A mi, entre otras cosas, me engancharon los parajes de esa Grecia antigua, que, por supuesto, no pod√≠a estar m√°s lejos de Grecia. En particular, estaba en Nueva Zelanda, en la Polinesia. Poco m√°s o menos, nuestras ant√≠podas. Un poquito lejos para darse un paseo, pero, oye, cosas m√°s raras se han visto. Como aquel d√≠a que no tuve que esperar en urgencias o el viernes que mi hermana no sali√≥ de juerga. El caso es que viajar a Nueva Zelanda se convirti√≥ ese verano en mi meta en la vida. Mi meta en la vida de la semana, pero meta a fin de cuentas y, si hay que ir, se va. Apretada como es una, un par de meses m√°s tarde ya hab√≠a conseguido una invitaci√≥n para trabajar all√≠ un tiempo. Sin embargo, estaba visto que ese a√Īo no iba a ser. Por esa absurda man√≠a que tiene el planeta de girar sobre si mismo, resulta que en febrero all√≠ est√°n en plenas vacaciones estivales. ¬ŅQuien iba a imaginar que no iba a haber plaza en ning√ļn avi√≥n para irse al sur en una estaci√≥n tan intempestiva desde el punto de vista europeo? Vivir para ver y para reservar el billete con tiempo. El a√Īo siguiente no piqu√© en lo mismo. Como extra, ya estaban rodando el Se√Īor de los Anillos y visitar la Tierra Media se hab√≠a convertido en imperativo moral. Ahora ten√≠a reserva, que no motivo de viaje. Nadie es perfecto. Un a√Īo m√°s y consegu√≠ el pleno. Ahora s√≥lo quedaba el permiso local para quitarme de en medio un tiempo y seguir teniendo un trabajo al que volver. En teor√≠a, el visto bueno tendr√≠a que haber llegado alrededor de noviembre, pero no fue hasta enero, justo al volver de vacaciones, que, cuando ya supon√≠a que en Nueva Zelanda me iban a esperar otro a√Īo, lleg√≥ la llamada en cuesti√≥n.

– Usted hab√≠a solicitado un permiso para una estancia en Nueva Zelanda, ¬Ņno es cierto?

– … – Y, una vez ubicada y haciendo frente al impulso que provoca cualquier llamada de la burocracia de negarlo todo – Pues va a ser que si, yo misma, para servirlo a Dios y a usted…

– La llamo para comunicarle que le hemos concedido el permiso …

– Ah, pues estupendo.

– Pero hay un problema. Tendr√≠a que irse la semana que viene …

– ¬ŅY el problema es…?

Y es que no hay nada mejor que recibir una noticia de este tipo cuando una a√ļn no ha tenido tiempo de deshacer las maletas. Algo m√°s dif√≠cil fue explicarle lo afortunados que hab√≠amos sido a mi compa√Īero de despacho, que a la hora de apuntarse al plan siempre es m√°s r√°pido de lo que le convendr√≠a: ese tipo de gente a la que, m√°s que viajar, le gusta contarlo a la vuelta. En ese caso en particular, la falta de tiempo jug√≥ en mi favor y, antes de que se diera cuenta, ambos est√°bamos ya en lo alto del avi√≥n. Una vez en el aire, eso s√≠, dio tiempo de sobra a hacerse a la idea. Como veintitantas horas de M√°laga a Auckland con escala en Madrid y Buenos Aires: ni mi amigo Juani en su √©poca de adicto al Flight Simulator acumul√≥ tantas horas de vuelo. Poco m√°s o menos, con la tarjeta Iberia Plus junt√© suficientes puntos como para ir de Madrid a M√≥stoles en d√≠a azul.

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Nueva Zelanda en el quinto pino geografico

En el √ļltimo tramo nos entretuvieron con un v√≠deo promocional sobre las bondades del pa√≠s que me hizo arrepentirme abundantemente de haber escogido ese destino. Alguien deber√≠a matar al publicista, porque la impresi√≥n que se sacaba es que aquello era una especie de Torremolinos con vi√Īedos de complemento. Lo cierto es que a esas alturas tampoco es que supiera mucho de Nueva Zelanda. Yo soy de la opini√≥n de que si uno se piensa mucho las cosas al final no hace nada, as√≠ que habitualmente paso de pensar en absoluto. Poco m√°s o menos, sab√≠a que la zona hab√≠a emergido de las aguas relativamente tarde en t√©rminos geol√≥gicos. Aparentemente, hay escritos de la Roma cl√°sica que consignan como el cielo se volvi√≥ rojo durante varios d√≠as, lo que podr√≠a haber respondido a la erupci√≥n volc√°nica que puso las islas en esa parte del mapa que nadie mira nunca. Posteriormente, y dado que viene a estar en lo que geogr√°ficamente equivaldr√≠a a la quinta pu√Īeta, √ļnicamente las aves llegaron a esas tierras. Dada la tendencia evolutiva natural de cualquier organismo biol√≥gico a hacerse lo m√°s flojo posibles, la ausencia de depredadores hizo que dichas aves pronto perdieran la capacidad de volar, detalle que apreciaron en su justa medida los hambrientos animalillos que m√°s tarde llevar√≠an all√≠ los colonizadores. Hoy en d√≠a, la pr√°ctica totalidad de las especies end√©micas del pa√≠s est√°n en peligro de extinci√≥n.


(1) En estos contextos, entiendase como “malo” a todo aquel que, por un motivo u otro, va contra el protagonista, definici√≥n que en esta serie en particular alcanza su m√°xima flexibilidad.

Cuadernos de Viaje: Salamanca (I)

Hoy nos vamos de callejeo por Salamanca, una de las ciudades mas bonitas de Espa√Īa en mi humilde opinion. Las calles, eso si, las veremos desde las terracitas, limonada en mano, porque el fin de semana ha hecho calor para hartarse ūüėõ


Reino Unido (XVIII): Un reino no tan unido

El viaje entre York y Edimburgo lleva unas 5 horas aproximadamente, que pueden emplearse en observar el cambio de paisaje que se experimenta en la zona. Escocia tiene un encanto del que el sur de Inglaterra carece y hasta la luz parece algo distinta. Por definición, Escocia siempre ha sido una tierra salvaje y difícil de domar por sus vecinos al sur, que han sabido, sin embargo, aprovechar como pocos las discrepancias locales para establecerse en el gobierno del pais.

De historia antigua de Escocia se sabe bien poco. Los √ļnicos restos que se conservan, en un sentido muy amplio de la palabra, son los fuertes de las tierras bajas y los dun y brochs de las Tierras Altas, edificaciones amuralladas de piedra con torrecillas espaciadas al estilo de los restos de la edad del hierro del noroeste espa√Īol. Estas edificaciones, datadas del 800 aC, se atribuyen a los pictos o gente pintada, que es el nombre que le dieron a los locales los romanos cuando, una vez asentados en Inglaterra, decidieron hacer turismo por el norte. De acuerdo a Tolomeo, el control lo ejerc√≠an por aquella √©poca 10 tribus, la m√°s conocida de ella la de los caledonios, que ocupaban¬† desde Forth hasta la costa caledonia. A pesar de que se sabe que la conquista se efectu√≥ en tres oleadas bastante separadas, las historias romanas sobre la zona se limitan casi en exclusiva a relatar la batalla de Mons Graupius, donde le dieron para el pelo a un tal jefe Calgacus y a sus hombres, acabando con 10000 de ellos por los 360 romanos que cayeron. Por exageradas que sean las cifras, no deja de ser una burrada y eso que en la √©poca no hab√≠a petr√≥leo de por medio. No obstante, y a pesar de la publicidad y el marketing, los romanos nunca consiguieron pacificar las tierras y, al final, acabaron dej√°ndolas como cosa perdida, para que los b√°rbaros pudiesen retozar a sus anchas en lugar de machacar cr√°neos con ciudadan√≠a. Los pictos se unir√≠an m√°s tarde bajo el mando de Brude en el siglo VII y dar√≠an origen a algunos clanes.

¬ŅBrujas nosooootras?

¬ŅBrujas nosooootras?

A los pictos los siguen los scots, una tribu celta que, unida por el monje Columba, que convertir√≠a a Escocia al cristianismo en el 563, le plant√≥ cara a √©stos bajo el mando de Aedan, su primer rey. Sin embargo, lo que no se consigui√≥ por las armas, se hizo por el lecho. La uni√≥n entre pictos y scots se sellar√≠a en 843 en la persona de Kenneth McAlpin, con ascendentes en ambas tribus. Algo tuvieron que ver tambi√©n los bretones, restos de los romanos que se retiraron con la caida del Imperio y que apretaban por el sur. O, al menos, apretaron hasta que los Anglos barrieron con ellos en el 756. A todos les dur√≥ el cachondeo hasta que aparecieron los vikingos, que ven√≠an de un lugar m√°s fr√≠o y m√°s chungo y con caras de pocos amigos, con lo que el equipo local opt√≥ por dejar sitio. El primer rey com√ļn a todo este jaleo de gente parece ser que fue Duncan en 1034, que ascendi√≥ al poder siguiendo la enraigada tradici√≥n de liquidar al de antes. Eso si, la nieta del difunto se cas√≥ con MacBeth, adquiriendo fama por lavarse las manos a-l√° Shakespeare. Si bien maquin√≥ lo suyo para recuperar el siempre c√≥modo trono, a su marido le dio para el pelo Malcolm III, que se coron√≥ rey y fund√≥ la casa de Canmore. Las relaciones de esta casa con Inglaterra fueron m√°s o menos fluidas hasta la llegada de Malcolm IV, que tuvo que asumir el trono con 11 a√Īos. Cuando lleg√≥ a presentarse a su vecino Enrique II, √©ste debi√≥ partirse de risa antes de ir a afilar las espadas. Malcolm decidi√≥ pelear contra los ingleses, pero acab√≥ perdiendo su ej√©rcito en la niebla -riase usted de la niebla de Carpenter- como el que pierde las llaves del coche y fue a parar a las manos, o mejor dicho, a las mazmorras de su rival. Para recuperar la libertad y poder jugar con sus amiguitos, tuvo que entregar cinco asentamientos importantes, incluyendo Edimburgo, lo que supuso el principio del fin. Viendo que es f√°cil meterse con los ni√Īos, Enrique III cas√≥ a su hija Margaret, de 11 a√Īos, con el heredero escoc√©s, Alexander III, de 10. Luego, aprovechando las visitas a la ni√Īa, acab√≥ asent√°ndose en el pa√≠s como si de una suegra pesada se tratase. Eduardo de Plantagenet tratar√≠a de repetir la jugada cuando Margaret, una chiquilla residente en Noruega, alcanz√≥ el trono al morir su abuelo en accidente ecuestre, pero los escoceses ya estaban curados de espanto. Rechazando a Eduardo, las simpat√≠as se dividieron entre Robert Bruce y John Baliol, y la cosa se acab√≥ de complicar cuando Margaret muri√≥ en las Orkneys, acabando con el linaje de Canmore.

Fue en este punto que Eduardo ech√≥ mano del pais y William “Braveheart” Wallace le dio lo suyo antes de morir despedazado. Despu√©s de esta revuelta, Bruce asesin√≥ a su rival al trono, Comyn, en una iglesia, por aquello de pillarlo desprevenido, y se gan√≥ una excomuni√≥n y un ej√©rcito. Tras varias escaramuzas menores, y dado que Eduardo estaba en las √ļltimas, Bruce consigui√≥ por fin erigirse rey reconocido de Escocia y largar ingleses de sus fronteras. La paz se firm√≥, que remedio, en 1328 y Bruce cas√≥ a su hijo David con Jane, hermana de Eduardo III, mientras que su hija Margaret se cas√≥ con Walter Steward, cuyo apellido se acabar√≠a convirtiendo en Stuart, uno de los clanes m√°s importantes del pais. Cuando Eduardo III le ech√≥ una manilla al Baliol actual para que largara al rey, Steward se qued√≥ atr√°s, convertido en regente, mientras los reyes se refugiaron en Francia. Si bien la Guerra de los 100 a√Īos distrajo lo suficiente a Inglaterra para que se recuperara el estado anterior, lo que no recuper√≥ David fue el trono, que acab√≥ en manos de los Stuart. Como ya coment√© antes, a los Stuart o Estuardo se les acab√≥ la suerte con la llegada de Maria, coronada con una semana de vida. Enrique VIII, entusiasta del matrimonio, quiso casarla con su hijo menor, pero dada la fama de su consuegro, la madre de √©sta renunci√≥, provocando la sangrienta venganza de Enrique y la huida de √©sta a Francia. De all√≠ volvi√≥ viuda y muy cat√≥lica a los 18 e intent√≥ llevar a Escocia a su fe sin mucho √©xito. Como resultado, tuvo que salir por piernas una segunda vez, tras abdicar en su hijo James VI, a casa de su prima Isabel I. Esta la aloj√≥ amablemente en la Torre de Londres, dicen las malas lenguas que porque estaba mucho m√°s buena que ella, donde perder√≠a la cabeza en 1587. En James se unir√≠a Inglaterra y Escocia, ya que Isabel muri√≥ sin descendencia. Por un tiempo, al menos. Los jacobitas, aprovechando las disputas internas [22], se sublevaron de nuevo -sin √©xito, una vez m√°s- en la persona del llamado Bonnie Prince Charles, que tras perder en Culloden Moor tuvo que huir a Skye disfrazado de -increible, pero cierto- sirvienta al m√°s puro estilo Madmartigan. En respuesta, masacres aparte, se prohibieron a los escoceses las armas, los tartans y las gaitas [23], de √©sto √ļltimo cabe preguntarse exactamente a qui√©n hab√≠an oido tocar, claro. En cualquier caso, Inglaterra se hizo due√Īa de Escocia desde entonces y ya se sabe que lo que pilla un ingl√©s … [24]

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A leches en la batalla de Culloden

Los escoceses aparentemente decidieron pasar del tema y dedicarse a sus labores, lo que trajo cierto bienestar econ√≥mico hasta la llegada de la hambruna del XIX, que provoc√≥ que mucha gente hiciera las maletas y saliera con destino a los USA, Australia y Nueva Zelanda, donde la isla sur est√° hasta arribita de ovejitas lanudas y tipos con gaita. Los que decidieron quedarse, acabaron cultivando min√ļsculas parcelas denominadas “crofts” igualito que Lara la del Tomb Raider. Si bien durante las guerras mundiales, gracias al petroleo del mar del norte y a los yacimientos de gas que encontraron por la zona Escocia mantuvo cierto bienestar, el simp√°tico gobierno de Margaret Tatcher consigui√≥ que los conservadores escoceses perdieran todos los esca√Īos en el Parlamento y que cada vez m√°s, la poblaci√≥n pida la independencia de Inglaterra. Con suerte, igual un d√≠a hasta le devuelven a los monos Gibraltar.


(22) Me contaron en cierta ocasión, no se si en serio o en broma, que el cardo es el símbolo de Escocia porque, durante unas invasiones, los nada educados visitantes decidieron esperar a la noche para desplazarse, descalzos para no hacer ruido, al castillo de turno por la parte de atrás. Parte de atrás que, por lo visto, estaba de cardos hasta arriba. Tras el poco éxito de la invasión, se optó por adoptar la florecilla para el escudo de la tierra.
(23) Y, casi seguro, los trajes de sirvienta
(24) Dicen los escoceses que el Diablo inventó el golf un día para fastidiar a la humanidad. Por esa misma razón, ya que estaba, inventó a los ingleses.


Cuadernos de Viaje: Salerno

pizzeriaSalerno

Salerno es, basicamente, un puesto de avanzadilla para visitar el sur de Italia: Amalfi, Capri, Ravello y demas. Puestos a escoger, Sorrento es quizas mas agradable y pilla mas a mano de todo, pero, eso si, Salerno tiene una pizzeria estupenda que merece bastante la pena visitar. De visita cultural, por otra parte, el centro historico y su conocida catedral.

Salerno