Archivo mensual: abril 2009

Cuadernos de viaje: Mexico (I)

Aprovechando para enviar un saludo a Mexico estos dias, hoy nos vamos de viaje a Teotihuacan, la Ciudad de los dioses. Esto está cerquita del D.F., así que quien pase por allí no puede perdonar una visita.

El contorno de la Pirámide de la Luna imita al del Cerro Gordo, llamado en náhuatl Tenan, que significa “madre o protector de piedra”. Cubre una estructura más antigua y tenía ya ese perfil desde la etapa anterior al año 200 d. C.

Piramide de la luna

La Pirámide del Sol es la más alta y grande (de hecho, la segunda mayor del país). Está orientada al punto exacto del horizonte por donde se oculta el sol el 13 de agosto.

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Me comentaron por allí que la subida a las pirámides es tan inclinada para que tanto la subida como la bajada tengan que hacerse mirando hacia la cúspide, es decir, siempre de cara a los altares. Más vale hacerlo así, porque no son de bloques, como las egipcias, sino que la superficie está recubierta de unas piedras del tamaño justo como para desollarte vivo si tropiezas y ruedas hacia abajo.

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Llenando el estómago en Barna (I)

Pues básicamente eso, nos damos un garbeo por algunos (algunos, porque hay para aburrir) de los restaurantes de Barcelona que son del agrado de vuestra segura servidora … y entran dentro de su presupuesto, todo hay que decir. Con la ventaja adicional de que, siendo en Barcelona, todos tienen página web y algunos, como La Troupe, hasta te mandan el menú del día por email 🙂

Restaurantes en Barcelona

Bueno, primero La Rosa Negra, en Via Laietana 46. Restaurante mejicano, muy apañado, con menú del día, cervezas de la zona más allá de Coronita y Sol. Lo habitual de un mexicano en España -guacamole, quesadillas, tacos, etc-, con buena calidad. Tiene un menu del dia bastante asequible en torno a los 10 euros.

Si alguno es un maníaco del queso como yo, es justo y necesario desplazarse al Cheese Me, en la plaza Jacint Raventós, cerca del metro Urquinaona. Todos los platos de la carta llevan queso (salvo los antiquesos, claro, que son básicamente patés) y la lasaña de manchego con anchoas y rúcula está para morirse.

La Troupe Cafe, Passeig Joan Miró 1, tiene comida variada, menús bastante apañados y es un sitio muy tranquilito.

Finalmente, si no hay miedo al transporte o coge más cerca, se come de escándalo cocina típica buena, bonita y barata en Can Pelat, Badalona, Avenida Sant Ignasi de Loila, 92. Si lo que quieres es butifarra y pan tumaca, este es el sitio.

Y ésto no es todo, amigos. ¡Otro día, más!


Maravillas del Mundo (I): El Coliseo

Por aquello de tirar de lo obvio, hoy nos vamos de Maravillas del Mundo, para mostrar que no le guardo (demasiado) rencor a que no nos incluyeran la Alhambra en el grupo y metieran un pufo como el Cristo Redentor. Quejas a un lado, empezamos por el Coliseo en Roma, que para eso pilla a mano, ponen buena pasta y hablan parecido a nosotros, cosa que nunca está de más.

El Coliseo, con capacidad para 50000 espectadores, es el mayor de los anfiteatros que se construyó durante el Imperio Romano, en particular sobre el 70 dC bajo el imperio de Vespasiano. Ahí dentro hubo desde la clásica batalla de gladiadores hasta el papeo de reos por fieras corrupias, pasando por llenar el lugar de agua para jugar a los barquitos al estilo antiguo. Vamos, muy al estilo de la peli Gladiator que, curiosamente, da una imagen bastante acertada de como debió ser el lugar y, de hecho, lo del emperador Comodo dándose guantazos con los gladiadores es estrictamente cierto. Se calcula por encima que debieron de caer unas 500000 fieras y humanos en los juegos que se celebraron allí, para alegría y alborozo del público de la época.

En realidad, el anfiteatro se llama Flavio, por la familia de este emperador y Tito, que fueron los artífices, pero todo el mundo lo conoce como Coliseo por la gigantesca estatua dorada de Neron que se supone que estaba construida a su lado, el Coloso. Al Coloso lo transformaron en Apolo y otros tantos los que vinieron detrás de Nerón, por el sencillo procedimiento de cambiarle la cabeza por otra a tal uso y dejar el resto tal cual. Al menos hasta que alguien decidió darle mejor uso al bronce de que estaba fundido. Nerón, de hecho, básicamente había tirado de esa zona para hacerse un loft, la Domus Aurea, y quedarse con una buena parcelita en el centro de Roma, así que Vespasiano básicamente le devolvió el lugar al pueblo, tirando de donde había estado la piscina de éste.

Lo mejor del lugar para una servidora es la cantidad de cacharros, poleas y cuerdas que convirtió al lugar en un muestrario de la ingeniería de la época. Desde el hipogeo, una red de pasadizos debajo de la arena, se podían subir en plataformas tipo ascensor a golpe de fuerza hidraúlica los decorados, las fieras, los combatientes y lo que quiera que se le ocurriera al jefe de fiestas del momento. Por túnel, estaba conectado con la escuela de Gladiadores (Ludus Magnus) al otro lado de la calle. Como llenaron aquello de agua para las batallas navales, ya es algo que se me escapa.

El Coliseo ha sobrevivido rayos, incendios y terremotos, aunque lo ha llevado peor con los sucesivos constructores que pensaron que el mármol travertino y los piedrolos con que estaba hecho les vendrían de escándalo para su producción de VPO de la época. Aún se ven perfectamente los palcos del Emperador y las Vírgenes Vestales, el podium para los senadores y los maenianum primum para los equites y secumdum para plebeyos, así como los vomitoria, para salir a vaciar el estómago y poder seguir comiendo en el equivalente al botellón de la época.

El Coliseo está situado a distancia de paseo de San Giovanni Laterano y la tarta que llaman el palacio de Vittorio Emmanuelle, donde hay autobuses a cascoporro. Hay también comunicación con metro, pero es importante recordar que, como en Roma das una patada y te salen cuatro templos, el tema de los transbordos no está muy conseguido, asi que un paseito por el foro nos lleva hasta los autobuses mencionados y encima nos deja al lado de la plaza de Bernini, la loba capitolina y el Corte Trajano, el centro comercial de la epoca.

Es mi recomendación particular hacer la visita guiada, aunque cueste un pico más y no venga incluida en el multipase de la ciudad. La diferencia entre verlo con o sin explicaciones es bastante significativa.


Reino Unido (XIV): Londres in the movies

Una vez concluidos los recorridos monumentales, queda por disfrutar el Londres de a pie para el turista tranquilo. Este incluye el paseito por los mercadillos de Portobello o Candem Town, este último sólo los domingos, donde se pueden comprar las cosas más extrañas que quepa imaginar, tal como contaban en La Bruja Novata.

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Es también de rigor la vuelta obligada por Covent Garden, escenario de una de mis peliculas favoritas de la historia del Cine “My Fair Lady”. En la pelicula, recreación de Pigmalión, una Audrey Hepburn inspirada como nunca interpreta a Eliza Doolittle, vendedora de flores ambulante e hija de un simpático sinvergüenza que la esquilma con frecuencia. Tras cruzarse con el solterón empedernido y cuasi-misógino Henry Higgins, profesor de lengua, la chica se convence de que si consigue hablar correctamente, podrá poner una tienda de flores y vivir con desahogo. Henry apuesta con un amigo, el coronel Pickery, a que en un corto periodo de tiempo podrá hacerla pasar por una princesa. Pero, para eso, Eliza tendrá que irse a vivir con ambos. Sin duda, mi musical preferido, aunque sólo fuera por ver a Audrey en Ascott gritando aquello de “¡Mueve tu apestoso culoooo!”. En Covent Garden se encuentran las dos cosas que aparecen en la película: el mercado de flores y la Opera House, donde en días de semana ofrecen a precios más bajos las entradas con peor visibilidad. Así vi -poco más o menos- yo Cherubin, pagando lo menos posible. Además, hay terrazas para tomar te o café y algunas tiendas simpáticas, por no añadir que el paseo hasta el centro es agradable y permite volver a ver, esta vez desde fuera, muchos de los monumentos que ya habíamos visitado.

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Audrey Hepburn en el mejor musical del mundo

De vuelta, ya por Oxford y Regent Street y Piccadilly, se encuentra la Tower Records, con cualquier disco que pueda pasarse por la imaginación, como el extrañísimo “Over you all” de Tanita Tikaran, que se agenció una servidora, la tienda Disney, la tienda Warner y el almacén de juguetes más grande del pais, Hamleys, que es de recibo visitar con alegría. Si aún seguimos andando, se alcanzan las tiendas de comics, Gosh o Forbidden Planet, doblando hacia New Oxford Street, o, en dirección contraria, Marble Arc y Hyde Park. Como curiosidad, comentar que en Hyde Park se encuentra The Speaker Corner, donde los domingos, y siempre que tus pies no toquen terreno británico (18) es posible criticar cualquier cosa, incluida la familia real, que da mucho de si. Es facil imaginar la fauna tipica de la zona.

Speaker Corner, con Speaker y, lo que es mas raro, Listeners

Speaker Corner, con Speaker y, lo que es mas raro, Listeners

Como punto negativo de la ciudad, la espantosa comida inglesa, capaz de efectuar sobre un pobre pollo horrores inimaginables incluso para los fans de las pelis de vudú. Alternativa al plato la ofrecen los “fish and fries”, donde te soplan un cucurucho pringoso de papel de periódico bañado en aceite y relleno de pescado frito y patatas y que, evidentemente, o te mata o te hace más fuerte. O, como siempre, el McDonalds y los Pizza Queens que crecen a tu espalda en cuanto te despistas un momento. Yo, personalmente, prefiero el Kentucky. Aunque se nutra de pollos radiactivos de ocho patas, con la salsa picante ni lo notas. Y, al menos, no los ahogan en salsa de menta.


(18) No, no hace falta ser un superheroe volador. Con una caja de cartón puede uno apañarse.