Cuadernos de Viaje: Praga (II)


Y siguiendo con una de mis ciudades favoritas, subiendo y subiendo y dentro del castillo llegamos a la catedral de San Vito, gótica como ella sola y chulísima tanto de día como de noche, con la típica iluminación tenue de Praga.

La catedral comenzó como una basílica triple en el 106, cuando el príncipe Spythinev II decidió que no le cabían los fieles en la iglesia que había y tiró del terreno para hacer algo más grande. Esa iglesia acabó alojando los restos de San Wenceslao, patrón de los príncipes checos, y se volvió catedral en 1344, bajo el control de Carlos IV de Bohemia.

Una vez dentro, no olvideis buscar la vidriera de Mucha, que es de lo más chulo que tiene el interior. Y si algo no hay que perderse en San Vito, son las gárgolas que adornan la fachada, todas distintas ellas. Las gárgolas, del latín gurgulio, gula tenían el propósito de desaguar los techos inclinados y, cuando no es así, se denominan quimeras. De forma no arquitectónica, servían para ahuyentar a los malos espíritus, protegiendo así el edificio, en plan superhéroe como en la serie de TV. ¡Y, lo mejor, es que son preciosas, como los dibujillos de Mignola!

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