Archivo mensual: enero 2009

Reino Unido (X): La reina Victoria cortando la pana

La siguiente época interesante en la historia de Londres es la que se conoce como victoriana en honor a la reina Victoria, mujer de armas tomar. Y si no, que le pregunten al Doctor Who. Aparentemente, cuando heredó el trono la idea era casarla con un joven noble europeo, pero el mismo día de la boda y, si he de creer lo que me contaron, en la propia iglesia, se fijó en el padrino del novio, su hermano pequeño Alberto, y decidió que le gustaba más y que, puestos a casarse, escogería al que le salía de la corona.

La época victoriana se caracterizó por enormes contrastes: al tiempo que la ciudad prosperaba y nuevas fortunas surgían, la otra mitad de la población se debatía en las peores condiciones imaginables. Bueno, al menos imaginables para la mitad buena, que prefería evidentemente no pensar en el tema. El problema fue un boom demográfico, en parte causado por la hambruna en Irlanda, que multiplicó por seis los habitantes de la ciudad en menos de un siglo pero a la que no siguió la necesaria mejora en infraestructuras. Así, entre las cocinas y fuegos de carbón y la falta de recursos sanitarios, el aire de la ciudad se volvió fétido y denso y el Támesis se cubrió de basura. Ambas cosas contribuyeron a darle ese toque de niebla casi sólida al que nos hemos acostumbrado en las novelas de Sherlock Holmes.

La situación la atajaría un ingeniero llamado Joseph Bazalgette, que mejoró las alcantarillas y desvió los desechos al exterior de Londres, disminuyendo drásticamente las muertes por cólera. También se encargó de otras obras como, por ejemplo, Embankment, algo antes de la Torre de Londres. De la misma época, pero en arquitectura, cabe mencionar a John Nash, que diseñó todas las avenidas en que hoy vamos de compras -Piccadilly Circus, Carlton House Terrace, y Oxford Circus- y transformó la casa Buckingham en el palacio que es hoy en día. Como curiosidad, fue en 1829 que Sir Robert Peel fundó la policía metropolitana, cuyos agentes se conocen desde entonces como “Bobbies” en honor a su creador. A principios del siglo XIX se construyó también la primera línea de ferrocarril en Londres, desde el Puente de Londres a Greenwich. A partir de ahí le cogieron el tranquillo y construyeron estaciones como setas: Euston (1837), Paddington (1838), Fenchurch Street (1841), Waterloo (1848), y King’s Cross (1850). Alguna que otra la veriamos más de una vez.

Big Ben

El reloj más famoso del mundo

Hubo también, sin embargo, algún que otro incidente digno de mención, como el incendio de las casas del Parlamento en 1834, que tan bien plasmó en sus lienzos Turner demostrando que la fotografía no es necesaria para coger un momento Kodak. Las actuales casas del Parlamento se construirían después y fueron diseñadas por Charles Barry y A.W. Pugin.

Naturalmente, cerca de las casas se puede ver el más conocido símbolo de Londres: el Big Ben. La historia del reloj comienza con el incendio, que también acabó con el palacio de Westminster que Guillermo II había comenzado en 1097. Charles Barry fue elegido para diseñar un nuevo palacio y escogió incluir un enorme reloj en el edificio. Aunque, al más puro estilo español, Barry quiso encargarle la contrata del reloj a un amiguete, las protestas hicieron que se sacara a concurso, siendo el juez el Astrónomo Real, Sir George Airy.

Ni que decir tiene que al final el elegido fue un colega de Airy y no de Barry, Dent, pero las especificaciones finales lo obligaban a una precisión no inferior a un segundo al dar las horas. A partir de ahí, la historia se hace más loca. Para cuando las especificaciones del reloj se concluyeron, los encargados se llevaron la sorpresa de que el arquitecto no había dejado suficiente espacio para la maquinaria en su diseño que, obviamente, no estaba dispuesto a cambiar. A estas alturas, a Dent no se le ocurre nada mejor que morirse y dejarle el fregado a su hijo adoptivo.

Cuando, con la ayuda de Denison, co-juez junto a Airy, consiguió sacar el reloj adelante, resultó que no podían meterlo en ningún sitio porque, naturalmente, la obra no estaba acabada. La parte positiva del tema es que tuvieron tiempo de sobra para conseguir la precisión deseada. Quedaba, además, el tema de las campanas. John Warner e hijos fueron los encargados de manufacturarlas, pero se les fue la mano en la de las horas en dos toneladillas de nada. O eso dijeron ellos. Denison, con los nervios de punta, decidió incrementar también el peso del martillo, consiguiendo cargarse del todo la campana en menos de un año, ante lo que tanto Warner como los hijos se hicieron los suecos y hubo que pedir una nueva campana, esta vez de la Whitechapel Bell Foundry.

Curiosamente, Big Ben era el nombre de la campana que cascó, posiblemente derivado de Sir Benjamin Hall, un tipo bastante grandote que supervisaba el proyecto. La nueva campana heredó el nombre de la primera, que luego se extendió al reloj e incluso a la torre completa. No acaba ahí la cosa. Lo siguiente en fallar fueron las agujas, que resultaban demasiado pesadas para la maquinaria. Luego, la campana de las horas se rompió de nuevo y, tras palabras mayores entre Denison y el fabricante, se optó por girarla para apartar la grieta del martillo y reducir el peso de éste. Durante 114 años, las cosas parecieron regularse, pero en 1976 el desgaste del metal provocó una reacción en cadena que acabó por cargarse la maquinaria por completo hasta el punto de que tardó prácticamente un año en recuperarse.

Las casas del Parlamento vistas por Turner en no su mejor momento

Una de las construcciones más emblemáticas de la época, quitando a Benny, fue lo que se conoció como el Palacio de Cristal de Joseph Paxton, un edificio en hierro y cristal que alojó la primera Expo en 1851. Organizada por el principe Albert, al evento acudieron más de 200000 personas de todo el mundo. El Palacio originalmente se construyó en Hyde Park, pero después fue trasladado al sur de Londres, donde más adelante ardería hasta los cimientos [17]. Las colecciones, sin embargo, se salvaron y fueron a parar a lo que hoy se conoce como el Museo de Ciencias y el Victoria and Albert Museum.

A pesar de lo bien que le iba a la monarquía, merced a la Revolución Industrial que tanto deprimió a los Ents, la vida en Londres distaba mucho de ser idílica. Desde incluso los cinco años, los críos se veían obligados a trabajar como mendigos y deshollinadores, lo que inspiró el trabajo de autores tan conocidos como Dickens y su Oliver Twist. En respuesta a las protestas, en 1870 la educación se haría oblogatoria hasta los 12 años.


(17)El que el hierro y el cristal puedan arder hasta los cimientos convierte a los ingleses en pirómanos realmente voluntariosos.

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Cuadernos de viaje: Pascua (I)

Puestos a ir a sitios raros, y aprovechando unos dias de curro en Santiago, no hay mejor lugar que visitar que la famosa isla de Pascua, donde no hay conejos con huevos de chocolate, pero si moais como los de las peliculas.

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Si es por moais por lo que estamos alli, hay que visitar Rano Raraku, donde se esculpian los bichos estos. Se estima que se llegaron a tallar hasta unos 1000, de los cuales quedan in-situ unos 400. Por lo que vi por alli, se tallaban tumbados y luego, para detallar las caras, se hacian rodar hasta un agujero, donde se enterraban hasta la altura de la cabeza.

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Una vez tallados, se hacian rodar sobre troncos hasta donde encartara, sistema por el cual se agotaron, o eso cuentan, los bosques de la isla y dejaron al personal con mas piedra que manduca.

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Rano Raraku esta emplazado en un crater, en alto y desde derca del punto desde donde se puede ver todo el contorno de la isla.

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Cruzando oceanos de tiempo

¿Os acordais de la armadura roja del Dracula de Coppola? ¿Esa tan original del principio de la peli?

Armadura de Dracula

Armadura de Dracula

Pues ni era de Dracula, ni tan original. Si uno se da una vuelta por el Metropolitan de New York, nos encontramos con San Jorge y el dragon en la zona dedicada a la Edad Media, que comparte el mismo modisto con el rey de los vampiros.

San Jorge y el Dragon

San Jorge y el Dragon


Buscando a Nemo o a lo que se presente

Una de las mejores cosas que puede hacer uno en Bali (Indonesia) es, por supuesto, bucear, con ese agua tan clara y templadita y suficientes peces para llenar un acuario. Y, para muestra, un boton. ¿Os acordais de la escena de los peces que le vacilan al pobre Marlin en Buscando a Nemo? Algo como esto:

Pues aqui casi lo mismo, en vivo y en directo:

Y los peces payaso tampoco tienen correa en la vida real 🙂

El lugar: Togopakah, 19 metros de media, con Surya Dive Center. Si vais con ellos, sin embargo, pedidles la inmersion Blue Corner, con corriente y fondo de 27 metros. Mantas y enormes peces luna 🙂


Cuadernos de viaje: Dominica (I)

Dominica (no confundir con Republica Dominicana) es una islita anglofona entre Martinica y Guadaloupe, donde, entre otras cosas, se rodaron varias escenas de Piratas del Mar Caribe II, principalmente porque está bastante virgen en comparación con el resto.

Aunque solo estuve un par de días, me dio tiempo a dibujar un poco, y, aprovechando que llevaba encima mi Nintendo DS con el Colors!, ésto es parte de lo que me salió:

Selva lluviosa (Como se hizo)

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Costa (Como se hizo)

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Y área volcánica (Como se hizo)

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Reino Unido (IX): Piratas del mar … breton

El siglo XVIII supuso el nacimiento de la prensa en Londres, del que cabe destacar el Spectator de Richard Addison. En cuanto a arquitectura, a los londinenses les dió por las casitas de campo, entendiendo casitas como la mansión de Lara Croft pero sin quadbike. El estilo imperante se denomina paladiano, en honor al arquitecto italiano del XVI Andreas Palladio, que trataba de recrear los cánones romanos copiando a Vitrubio con más o menos acierto. Inigo Jones ya había tirado de Palladio, pero sería Lord Burlington, el que puso las pelas, el que le dió el empujón definitivo montándose una casita en mitad de Piccadilly. También se construyeron un buen puñado de plazas como Grosvenor y Berkeley, y un segundo puente sobre el río, Westminster. En estos años el rey Jorge III y su esposa Charlotte se mudaron a la casa Buckingham, que luego se convertiría en el famoso palacio, donde guardan la puerta esos tipos que no pueden ni pestañear a pesar de las estupideces que la gente hace a su lado para sacarse la foto.

Teatro y politica

Teatro y politica

En esta época, el teatro que tanto gustó con los estuardo se volvió un tanto incómodo para las autoridades. Siguiendo en su linea británica, tras una serie de sátiras, cabe suponer que políticas, en el Theatre Royal Haymarket a los governantes les dió tal calentón que se le dió al Lord chambelán la potestad de censurar cualquier obra de teatro que se presentara en la ciudad. Ese poder no sería revocado hasta, agarrense a la silla, 1968. Más que la política, sin embargo, fue la religión la que trajo quebraderos de cabeza al ciudadano de a pie. Cuando creían haberse librado del protestantismo extremo tras la guerra civil inglesa, en 1780 estallaron lo que se conoce como las revueltas de Gordon, por su lider lord George Gordon. En protesta por el Catholic Relief Act, que garantizaba derechos básicos a los católicos, los inicialmente manifestantes acabaron por asesinar y saquear todo lo que se les puso a mano durante unas semana hasta que las autoridades, bastante preocupadas, decidieron cortar por lo sano, nunca mejor dicho, y tomar medidas igualmente extremas.

Lo más representativo de este siglo, sin embargo, fue la apertura del British Museum, que tal vez debería denominarse más bien isla Tortuga por la cantidad de botín pirata que tiene almacenado. El museo se abrió originalmente en 1759, cuando el gobierno compró una colección privada de cacharros curiosos a sir Hans Sloane a la muerte de éste y también la de Sir Robert Cotton junto con la biblioteca de Sir Robert Harley. Oficialmente se abrió al público en 1759 en Montague House, cambiándose a su ubicación actual en 1823. La entrada al museo es gratuita y se deja a la voluntad de cada cual hacer una donación, no está claro si para evitar que sigan expoliando al resto del mundo y empiecen a pagar por lo que exhiben. Eso si, en la puerta viene indicado claramente el número de libras que te cuesta ser voluntarioso, aunque igual te hacen descuento de voluntad con el carnet de estudiante.

El British Museum, muy a mano ... para los londinenses

El British Museum, muy a mano … para los londinenses

Conviene dejarle tiempo a la visita porque el museo es realmente inmenso e incluye colecciones de todos los continentes y, especialmente, de Egipto, Roma y Grecia, que limpiaron a conciencia en el XIX. La cosa tuvo bemoles y fue poco más o menos así. Thomas Bruce, séptimo conde de Elgin, al ser nombrado gobernador de Constantinopla en 1799, le echó ojo a la Acrópolis y debió pensar que los frisos de Fidias quedarían mejor en su salón. Pidiendo permiso al gobierno para estudiar y sacar moldes de sus obras [15]. Se ve que, ya puestos, mejor que sacar moldes, que ensucia mucho, optó por arrancarlas y llevarlas al Pireo. Si era tan sinvergüenza de esposo como de gobernador, no es extraño que su matrimonio acabara en divorcio y su mujer le sacase hasta el cepillo de dientes. Para cubrir los astronómicos costes de su separación, vendió los mármoles al gobierno inglés por sólo 35000 libras de las 74240 que pidió. 56 de las 97 piezas del friso, 15 de las 64 metopas y 9 de las estatuas residen actualmente en Londres. En total llenaron 17 barcos aprovechando las buenas relaciones entre el gobierno turco y británico. Ya en esa época, intelectuales como Keats o lord Byron protestaron por el expolio [16]. Actualmente, actrices como Vanessa Redgrave, Judi Dench y Julie Christie, políticos como Robin Cook, Vladimir Putin y Bill Clinton y un innumerable grupo de gente de a pie protestan por este robo histórico, pero Inglaterra presta oidos sordos. La mayor defensora del regreso de los mármoles, sin embargo, ha sido Melina Mercouri, ex ministra griega de Cultura, que provocó la creación del Proyecto para la Unificación de los Lugares Arqueológicos. Tras requerir oficialmente la devolución de los mármoles, Mercouri recibiría una respuesta negativa, actualmente expuesta al público en la Acrópolis, aduciendo razones tan comprensibles como, lean esto sentados, que en el British Museum están más a mano. A mano, suponemos, de la familia real británica, que aparte de interesarse por el whisky y el adulterio, al final va a resultar que les queda tiempo para visitar tarde si tarde no los frisos del Partenón. Qué decir de estos hijos de la Gran Bretaña. Por si alguien pensaba que lo del Partenón es una raya en el agua, cabe señalar que Egipto también ha reclamado alguna cosilla sin importancia con respuestas similares por parte del gobierno inglés, como la piedra Rosetta que Napoleón encontró en 1799 y Champolión utilizó para descifrar los jeroglíficos egipcios. El mangoneo llegó a lugares tan lejanos como Nigeria, donde levantaron las placas del palacio de los Oba en Benín. Y es que para que comprar aquello que puedes mangar. Suerte que España e Inglaterra nunca han estado a buenas, o hubiesemos tenido que visitar la Giralda en Trafalgar Square.

Los mármoles del Partenón, té y pastas

Los mármoles del Partenón, té y pastas


(15) Eso es lo que pasa por fiarse de los ingleses, como cuando los españoles les prestamos nuestro aeropuerto para ayudar en una epidemia en Gibraltar y ahora lo que aterrizan son planes.
(16) Y seguramente fuera esta protesta más que sus licenciosas costumbres lo que impidió que lo enterraran en Westminster como correspondía. Y es que ser licencioso y patriota probablemente no es tan pecaminoso en Inglaterra.