Archivo mensual: diciembre 2008

Navidades mexicanas

Hace unos años, tuve la ocasión de ir a Mexico por navidad, y, la verdad, fue estupendo. Espero tener la ocasión de ir allá el día de los Muertos uno de estos años, porque lo más cerca que he conseguido estar por esas fechas es en San Diego y no es igual. Esta es una acuarela de Taxco, un pueblo cercano a las famosas minas de plata y cuyas calles estaban llenas de guirnaldas navideñas.

Y, aunque de esto por razones obvias no hay acuarelas, nada mejor que celebrar las navidades con bebidas de colorines. ¡Tequila Sunrise y villancicos para todos!

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Cuadernos de viaje: Singapur (III)

Estos son unos bocetillos de Pulau Ubin, una isla pequeñita justo enfrente de Singapur que, supuestamente, viene a ser como la ciudad era hace 50 años, la ultima ‘kampung’ (villa) del pais. Para llegar, sólo hay que tomar el vapor en Changi y en menos de una hora, se está en la orilla.

No diría que es un sitio imprescindible, pero de hecho no está mal para tomar una leche de coco directamente del árbol y hasta se puede alquilar una bici para dar una vueltecita por la isla. Eso si, con cuidado con los dichosos lagartos gigantes, que cruzan a dos patas sin mirar y sin nada. A poco tenemos una desgracia, suerte que mis reflejos aun no están mal y que frenar con derrape es un arte que dominé tiempo ha con pérdidas mínimas de piel en las rodillas.


Domus Sessoriana

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A la hora de visitar Italia, y más en particular, la Ciudad Eterna, la pregunta clave no es qué ver, sino dónde dormir, salvo que no nos importe que las cucarachas nos roben las sábanas o que la parada de metro más cercana se encuentre en Sebastopol. Y es que los hoteles romanos son, en general, caros, algo sucios y ubicados en las zonas más ingeniosas de la ciudad. Afortunadamente, a la última siempre va la vencida y hemos encontrado el bueno después de unos pocos cientos de intentos: el Domus Sessoriana. Situado a 100 metros escasos de San Giovanni Laterano, recibe automaticamente las 5 estrellas de la Guia Cris por limpio, chulo y bien situado. Ojo, no es barato desde un punto de vista absoluto, pero visto lo que se mueve por la ciudad, el precio es mas que adecuado.

Aquí, nuestro corresponsal Peula recibe el honor de presentarlo por hablar italiano y ser el más fotogénico:

A alguno le sonará la puerta, porque es donde se llevó a cabo la maratón de lectura de la Biblia en octubre del 2008. Sip, justo cuando nosotros estábamos allí, para no variar. Si alguien piensa que es demasiado bueno para ser cierto y que por dentro cambiará de registro (es decir, ha estado ya en Roma antes :P), aquí va la recepción:

Las habitaciones son un poco pequeñas, aunque muy limpias y decoradas con buen gusto, ya que el hotel aprovecha las estancias de un antiguo convento al lado de la iglesia de la Santa Croce. Además, así tiene unos pasillos de lo más interesante, aunque a veces de un poco de repelús imaginar a un crío con triciclo en los pasillos y las dos gemelitas vestidas de rojo invitándonos a jugar. Sobre todo, porque en Roma los fantasmas en los hoteles se pagan aparte, seguro.

Y, por si fuera poco, encima está en zona arqueológica y desde la terraza del último piso tenemos este pedazo de vistas.


Cuadernos de viaje: Singapur (II)

Dos bocetos más del River Walk en Singapur. El segundo, además, es la vista desde el restaurante Indochine, que está más que bien si a uno le gusta la comida thai y, además, tiene buena panorámica.


Viaje al Centro de la Tierra

O, al menos, la puerta principal. El Snæfellsjökull o Glaciar de Snæfell es un estratovolcán en una península al oeste de Islandia a unos 120 kilómetros. Tiene una altura de unos 1200 metros y la última erupción se le estima alrededor del 200 dC y, dado que a pesar de lo gafe que soy, no estalló a la semana de pasar yo por allí, debe ser que está bastante inactivo.

Además de alguna saga tradicional de importancia, lo que hace interesante esta montaña es que en la novela Viaje al centro de la Tierra (1864), mi favorita de Verne, en Snæfellsjökull está la entrada al centro de la Tierra, con todos sus complementos. Ya que mis compañeros de viaje se negaron a volar a Groenlandia sólo porque nos advirtieron que la avioneta podía no despegar a la vuelta por problemas meteorológicos, lo menos que podíamos hacer es darnos una vuelta por el crater. Y si hubiese habido puerta … bueno, yo llevaba ropa cómoda 🙂

Para subir a la cumbre hay varios procedimientos, pero el mas divertido -y con nieve a saco de por medio, probablemente el único- es alquilar una moto de nieve. La conducción de un cacharro de éstos está a medio camino entre el quad y una moto normal, pero el terreno resbala un montón y es fácil perder el control. El que nunca la haya usado, debería ser cauteloso, porque no es trivial conducir una y menos si el tiempo no acompaña, pero al menos de allí volvimos todos. Y yo no me cai, que es más de lo que pudo decir más de uno, asi que no me quejo. Eso si, una vez enfundada en lo que se considera el modelo de rigor para la conducción, una queda así de atractiva. Luego mi madre no comprende por qué sigo soltera 😛

En particular, nosotros nos dejamos caer por Snjofell, que está al pie del volcán. Tienen alrededor de 12 motos y organizan salidas, reserva previa, cada dos horas. Cierto es que un guía acompaña al grupo en todo momento, pero más cierto es aún que cada cual lleva su velocidad y, si el tiempo es regulero, la probabilidad de ver a ese guía después de la salida es de lo más reducida. En cualquier caso, lo que hay, hay.

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La fase uno es seguir la carretera de la costa para cruzar la península hasta un extremo. El paisaje es muy bonito, pero se tarda un buen rato: hay que evitar a toda costa la idea española de 100 km/1 hora, porque aquí no va a funcionar. Si el día es bueno y está clarito, iremos a una media de 70 y gracias.

En fase 2, tras reserva y pago, nos suben en coche oruga hasta la base del glaciar, donde tienen las motos preparadas para los incaut … intrépidos aventureros.

¡Y en fase 3, moto hasta arriba haciendo carreras con los amigos!.  Aqui es donde aplica aquello de “you can’t beat me, red makes everything go faster!”, aunque lo que luego puede haber que aplicar es balsamo de tigre en contusión si, contusión no 😛

Eso si, conforme uno va subiendo, el clima va empeorando y la visibilidad decayendo. Aunque haga un día magnífico al nivel del mar, podemos encontrarnos con una pared blanca de niebla en la cima que haría palidecer a John Carpenter. El caso es que con algo de buena fe y bastante cuidado, es posible llegar hasta la boca del crater (sin cuidado, también, pero lo más probable es sobrepasarla, y bien rapidito, hacia abajo :D)


Cuadernos de viaje: Singapur (I)

Singapur es una pequeña ciudad estado, tecnificada hasta el extremo, llena de orquideas y rascacielos y conocida como centro financiero y como aeropuerto internacional de transito que, cuando no pega el calor, es muy entretenida de visitar. Se encuentra convenientemente al final de la peninsula de Malasia, a tiro de lejano oriente, Indonesia y Oceania, asi como de Europa.

El simbolo de la ciudad es una estatua, por ser delicados, no muy bonita que se llama Merlion, una especie de leon sireno cuyo cuerpo de pez evoca el origen de la ciudad como villa pesquera y la cabeza de leon corresponde al nombre original del lugar en sanscrito y malayo: Singapura siginifica Leon.

Aqui el Merlion original, en el puerto, y el boceto de una servidora. Y si, es una fuente.

Mas chulo resulta el barrio chino, donde puedes comprar cualquier cosa, desde tecno-cacharros a buen precio hasta dinero de los muertos, pasando por la gastronomia local y un monton de artesania de la zona circundante. Eso si, ¡preparaos a regatear!