Archivo mensual: octubre 2008

Reino Unido (VI): De Torres y Reinas

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En realidad, la Torre de Londres se hizo famosa por albergar mazmorras, cámaras de torturas y, como no, una zona de ejecución pública donde, literalmente, muchos VIPS de la época perdieron la cabeza. Por ejemplo, fue aquí donde dos reinas de Inglaterra, Ana Bolena y la Vizcondesa de Salisbury, consiguieron el peor acuerdo de divorcio de la historia. Isabel I fue también, de hecho, invitada de lujo en las mazmorras poco antes de su coronación. Una de las entradas a la Torre, originalmente Water Gate, se conoce como Traitors Gate, la puerta de los traidores, ya que por ahí hacían pasar a los enemigos de la corona a su encierro. Al parecer, cuando Isabel llegó en 1554, se negó a atravesar esa puerta afirmando que ella no era una traidora. No obstante, una fuerte lluvia la hizo cambiar de opinión (8) Cuando, años más tarde, volvió ya como reina, exigió volver a entrar por Traitor’s Gate, diciendo que lo que era bueno para la princesa Isabel, también lo era para su majestad Isabel. La mujer debió de ser de las pocas que consiguieron atravesar las puertas en dos direcciones, ya que no sólo los supuestos traidores encontraron su fin entre los muros de la Torre. En una de las construcciones interiores, originalmente la Torre del Jardín, pero acertadamente rebautizada como la Bloody Tower o Torre Sangrienta, entre otros muchos cayeron Enrique V y su hermano Ricardo, duque de Cork, cuando el primero contaba sólo 14 años. Las culpas se han atribuido a los que se convertirían más tarde en Ricardo III y Enrique VII, si bien no se ha conseguido probar nada, como suele pasar cuando el culpable de algo resulta ser el rey. El caso es que a uno lo asfixiaron con la almohada y al otro lo apuñalaron hasta que estuvo lo suficientemente muerto como para no poder dejar de estarlo en un futuro próximo. Ambos fueron enterrados en un lugar anónimo al pie de la Torre Blanca hasta que, en 1674, se descubrieron los esqueletos de dos niños y se trasladaron a la abadía de Westminster. Para hacerse una idea de dónde iban a parar los prisioneros menos famosos, cuando, en 1830, se desecó el foso que Ricardo I había mandado construir utilizando el Támesis se revelaron una gran cantidad de huesos humanos.

Un beefeater

Un beefeater

Actualmente, en la Torre ya no hay ejecuciones (9), pero aún tenemos a los Beefeaters, que aparte de la etiqueta de las botellas de ginebra, también son guardas uniformados al estilo Tudor. Si alguien aún no tiene un buen motivo para acabar con la monarquía inglesa, ver a esta pobre gente paseando de esa guisa debería ser suficiente. Los beefeaters, en realidad llamados yeoman guards, fueron establecidos en 1485 por Enrique VIII como sus guardaespaldas y tuvieron que esperar hasta 1858 para que la reina Victoria se apiadara y les otorgara un uniforme azul diario. Parece ser que el nombre beefeaters se lo asignaron las clases bajas, haciendo referencia a que los guardias mimados del rey se ponían hasta las cejas de ternera, en inglés beef, mientras que a ellos les tocaba verdura y manteca un día si y otro también. Si esto puede hacer parecer al término despectivo, es porque sin duda lo es. En general, van armados con una pica denominada “la partisana” a excepción de su jefe, el Chief Warder, que porta un bastón coronado por una réplica de la Torre Blanca y el segundo al mando, el Yerman Gaoler, que tiene asignada un hacha ceremonial. Esto debería dar una idea bastante aproximada de quien se metería en los fregados en caso de tortas. Lo que si es competencia del Chief Warder es pasear en traje todas las noches a las 10 en punto un puñado de llaves por toda la Torre en lo que se ha venido a llamar “Ceremonia de las llaves”, que básicamente consiste en cerrar con mucha pompa las puertas exteriores de la fortaleza. Junto a los beefeaters, también son famosos en la Torre los cuervos locales. Parece ser que siempre hay el mismo número de cuervos y que además se les inutilizan las alas para que no tengan tentaciones de dejar de ser el mismo número (10). Eso justifica por si solo que los pajarracos sean bastante menos amistosos que sus homónimos en Dumbo y que sea mejor no tratar de tocarlos salvo que se considere interesante el desarrollar una nueva técnica experimental para tocar el piano. Se supone que esta manía con los cuervos data de una profecía de tiempos de Carlos II que establecía que cuando en la Torre ya no hubiese cuervos, sería el fin de la Torre y, ya puestos, de la Commonwealth. A día de hoy y salvo que los ingleses no puedan evitarlo, antes caerá un meteorito gigante en el Atlantico que la Commonwealth en cuestión.

El algo sosete puente de Londres

El algo sosete puente de Londres

Al salir de la Torre, puede verse el que todo el mundo cree que es el puente de Londres pero que, en realidad, es el Puente de la Torre o Tower Bridge. El puente de Londres, algo más al fondo y no tan llamativo, se construyó originalmente en piedra en 1176, a pocos palmos de donde el primer puente romano cruzaba el río. Este puente se derribó en 1739, ya que la construcción era tan estrecha que resultaba más rápido tomar un barco que esperar para cruzarlo. El siguiente también resultó muy pronto insuficiente, dado el rápido crecimiento del East End. Finalmente, en 1876, el mismo año en que Graham Bell inventó el teléfono, se comenzó la construcción de un nuevo puente, que duraría ocho años. El Tower Bridge, que puede visitarse por dentro (11), fue un trabajo de ingeniería muy adelantado para su época, ya que usando únicamente una máquina de vapor y acumuladores, conseguía abrirse completamente para dejar paso a los barcos en aproximadamente un minuto. Como curiosidad, cabe señalar que estuvo pintado de marrón hasta el 77 cuando, para conmemorar el jubileo de la reina, dando muestras del estupendo buen gusto británico se lo pintaron precioso de azul, rojo y blanco. En ese puente se han visto cosas tan raras como un autobús saltando de uno a otro lado cuando el puente empezó a abrirse con dicho autobús aún sobre él.

El mucho mas conocido Puente de la Torre

El mucho mas conocido Puente de la Torre

Desde Monument se puede girar unos cientos de metros a la derecha hasta la famosa catedral de St Paul. St Paul se construyó originalmente en madera en el 604 como hogar del primer obispo sajón, Mellitus. Como si de la arquitectura de los tres cerditos se tratase, ardió bastante y St. Erkenwald, otro obispo, tuvo que reconstruirla 70 años más tarde. Esta vez la destruyeron los vikingos como parte de sus rutinarias invasiones de la zona. Los normandos volvieron a construirla una vez más, pero esta vez se tomaron su tiempo: 150 añitos de nada. Los toques finales se dieron en 1313 y el edificio se convirtió en la tercera iglesia más alta de Europa con aproximadamente 190 metros. Por si no había tenido una historia agitada, llegó el protestantismo. En 1549 animaron a una turba (12) a que arrasaran la catedral, lo que hicieron con gran alegría y entrega. Por si no era suficiente, más adelante le cayó un rayo, no se sabe bien si porque habían dejado a los mercaderes se apoderaran del templo o por ese absurdo apego que muestran los rayos por cosas altas y delgadas. La falta de fondos evitó que se reconstruyera adecuadamente y, cuando durante la guerra civil inglesa las tropas del Parlamento la usaron para alojar a la caballería, la catedral se fue a pique definitivamente. Con la restauración de la monarquía en 1660, Charles II escogió a Christopher Wren, un joven arquitecto, para restaurar lo que quedaba del edificio. Sin embargo, parece que éste estaba condenado definitivamente. En 1666, un incendio iniciado en una panadería en Pudding Lane se extendió tan rápidamente gracias a la estrechez y a las calidades de las calles de la ciudad que ésta permaneció en llamas durante cuatro días. Cuando acabó el incendio, ya no quedaba nada que restaurar. Wren decidió que eso no era un problema. Si acaso, le daba más libertad para hacerse la catedral a su medida. El edificio de Wren es lo que puede verse actualmente. Si alguien quiere visitarlo, debería tener en cuenta, eso sí, que, al menos cuando yo estuve la última vez, en Londres ni siquiera rezar es gratuito y hay que apoquinar en la entrada. Si, por el contrario, avanzamos por la orilla norte del río, dejando atrás el puente de Londres se puede alcanzar la iglesia de Temple, otro de los restos medievales de la ciudad.

Para el que aún no se haya cansado de andar, siguiendo todavía un poco más se alcanza Westminster. La abadía de Westminster, junto a las casas del Parlamento, comenzó como abadía benedictina y todos los reyes desde Guillermo el Conquistador han sido investidos allí. De hecho, también los enterraban en la abadía hasta Jorge II, después del cual pasaron a ser enterrados en Windsor. El templo actual, de estilo gótico francés, se comenzó en 1245 bajo el reinado de Enrique III y fue construido sobre una antigua basílica de 1065, que a su vez se situó sobre un antiguo monasterio. Las torres del oeste de la abadía las añadirían ya en 1745 Nicholas Hawksmoor y John James. Las curiosidades más apetecibles de la abadía son tal vez la capilla de Enrique VII, donde está la tumba de éste, que puso fin a la guerra de las Dos Rosas dando un braguetazo con Isabel de York, y la de Eduardo el Confesor donde se guarda la silla de la coronación, construida para sostener la piedra Scone donde se coronaban los reyes escoceses hasta que Eduardo la chorizó en 1295 para dejarles bien claro quien mandaba en la isla. Esa piedra fue, supuestamente, la almohada del bíblico Jacob y, supuestamente, en la actualidad ha vuelto a Escocia, aunque debe devolverse a Westminster para coronar un nuevo rey. Carlos no parece que vaya a suponer un problema, claro está. Para los que somos de ciencias, en la parte central de la abadía tenemos enterrados a Isaac Newton y Charles Darwin, que tantos dolores de cabeza nos han dado a los estudiantes de secundaria y, en algunos casos, a las preclaras mentes de las menos tolerantes religiones yanquis. Por último, hay varios monumentos a ingleses relevantes como William Shakespeare u Oscar Wilde. Margaret Thatcher sigue viva, pero igual le acaban haciendo hueco, aunque el resto de los enterrados se desplace por voluntad propia.

La abadia de Westminster

La abadia de Westminster


(8) Las fuertes lluvias suelen tener este efecto, en particular cuando una, reina o no, acaba de salir de la peluquería.
(9) Como todo el mundo sabe, hoy en día la gente incómoda en Inglaterra se pone lencería femenina y se suicida oportunamente.
(10) Ya lo dice el refrán. Cría cuervos … y tendrás muchos.
(11) En Inglaterra parece ser que, habiendo pasta de por medio, puede visitarse por dentro hasta el cuarto de baño de la Reina Madre. Da escalofríos pensar que alguien pueda estar interesado en verlo.
(12) Como dijo Pratchett, las turbas son como las armas de fuego. Sólo hay que apuntarlas convenientemente.


Cuadernos de viaje: Camboya (I)

Estos bocetos son de un viaje a Camboya hace un par de años. A la frontera de Chom llegamos en coche y la cruzamos a pie, despues de que nos procesaran el pasaporte a mano, sin ordenador ni nada, en mitad de ninguna parte. Explicar que no llevabamos fotos para el sello (que tambien nos rellenaron a mano), no tuvo desperdicio. Hacia el final, ya sugerian que las fotos las dibujara yo 🙂

Frontera de Chom

Frontera de Chom

El resto son distintos templos cercanos a Angkor Wat que visitamos esos dias.

El templo del sol

El templo del sol

Bayon

Bayon


La torre Eiffel, dia y noche

Una de esas cosas que todo turista debe hacer en Paris es visitar la torre Eiffel, creada para la Exposición universal de 1889 en París.

La torre tiene 3 plantas, las primeras de las cuales se pueden alcanzar a pie, un puñado de escalones mediante. Lo propio, al menos la primera vez, es subir hasta la planta de arriba, 330 metros, para ver Paris entero desde lo alto. El viaje en ascensor tampoco tiene desperdicio.

Y, a pesar de que la decoracion de luces de la torre, al contrario que la del resto de la ciudad, puede parecer a veces la obra de un daltonico desquiciado, tambien hay que verla por la noche. Ademas, Trocadero esta justo enfrente y alli siempre hay algo divertido que hacer 🙂


Cuadernos de viaje: Cuba (III)

Matanzas, Cuba

Matanzas, Cuba

Universidad de la Habana

Universidad de la Habana

Vedado, La Habana

Vedado, La Habana

Vedado, La Habana

Vedado, La Habana


Reino Unido (V): La Rosa y la Espada

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Un buen plan para echar una mañana completa consiste en plantarse en la zona este y empaparse el Londres medieval. Llegar allí cuesta un buen rato, así que es mejor aprovechar el viaje y verlo todo del tirón. La vuelta al centro, con un poco de paciencia y buenas suelas, puede hacerse andando. Para los flojos terminales, no obstante, es mejor tirar de metro todo el tiempo. La primera parada es la Torre de Londres, hacia la que se puede tomar tanto la línea verde como la amarilla hasta Tower Hill.

William I

William I

La historia medieval de Londres viene a comenzar en la navidad del 1066, con la coronación del normando Guillermo I el Conquistador en la abadía de Westminster Abbey, justo tras su victoria sobre el sajón Harold II en la batalla de Hastings. El Londres mediaval era un laberinto de callejuelas donde se apretujaban casas de madera y tejados de paja, lo que explica bastante bien por qué no se conserva gran cosa de esta época. Además del fuego, las inexistentes condiciones de higiene hacían la ciudad especialmente atractiva para el tercer jinete del Apocalipsis, produciéndose un total de 16 brotes de Peste entre 1348, cuando la peste negra mató a la mitad de la población, y la gran plaga del 1665. La zona rica, donde se alojaban los terratenientes se conocía como el Strand. El resto de la clase alta, como los abogados, se alojaban en Temple y Fleet Street, que tomó su nombre del río Fleet, más conocido como el Holborn -línea roja o azul junto a Tottenham Court-. Este río era por entonces navegable, si bien se cubrió en el siglo XVIII. De acuerdo a un decreto de Ricardo I en 1191, la ciudad la regía un Lord Mayor, equivalente al alcalde, elegido entre los gremios de mercaderes, que para eso controlaban el comercio (7). Para hacerse una idea de hasta qué punto influían los gremios, sólo hay que observar calles como Threadneedle, Bread Street o Milk Street. Todavía puede visitarse la Sala de los Gremios o Guildhall, donde se reunían todos. Evidentemente, Guillermo comenzó por dar a los ciudadanos de Londres, que, a fin de cuentas, movían el dinero, privilegios especiales. No obstante, mostrando buen juicio y visión de futuro, también construyó la Torre de Londres para vigilarlos. El edificio original se erigió sobre el mismo lugar en que el emperador Claudio había erigido una fortaleza, de la cual todavía se ven restos, unos mil años antes. Posteriores reyes fueron añadiendo torres y otras estructuras cual si de un Exin Castillo se tratase hasta llegar a la configuración que se tiene hoy en día. La Torre tiene una forma aproximadamente cuadrada, centrada en la Torre Blanca, y está rodeada por dos filas de muros. El interior o Inner Ward posee trece torrecillas defensivas equiespaciadas, mientras que el externo dispone de seis de estas torres en la cara que da al río más dos torreones en las esquinas noreste y noroeste.

Torre de Londres

Torre de Londres

La Torre inicialmente sirvió de residencia real y de proyecto de zoo. Bastante más adelante, alojaría también las Joyas de la Corona, que datan del 1661, ya que las anteriores las mandó fundir el parlamento para hacer monedas en 1649. La Corona del Estado Imperial ha sido utilizada por casi toda la monarquía británica en sus coronaciones y luce gemas de la mayoría de las épocas, siendo la más antigua el zafiro de Eduardo el Confesor. Otra de estas gemas que nos toca más de cerca es el rubí del Príncipe Negro, supuestamente regalada por Pedro el Cruel de Castilla. Siguiendo con las joyas más representativas, tenemos los pendientes de la reina Isabel, dos perlas, el zafiro Stuart de la corona, la Segunda Estrella de Africa, cortada del diamante Cullinam y hasta un total de más de 3000 perlas, diamantes, zafiros, esmeraldas y rubíes. El cetro real con la cruz está hecho de oro y coronado por la Primera Estrella de Africa, sobre la que se encuentra una amatista con una cruz de diamante y esmeralda. La corona de la reina madre se hizo expresamente para la coronación de la reina Isabel en 1937 y está culminada por el famosísimo diamante Koh-i-noor, la montaña de la luz, en indio. Se cuenta que esta joya está embrujada y sólo trae desgracias a sus poseedores varones, mientras que las mujeres que lo posean dominarán el mundo, lo que hace de agradecer el que su dueña más reciente fuese la reina Isabel y no Margaret Thatcher. Una de las historias más curiosas de estas joyas fue su intento de robo a manos del coronel Thomas Blood. Blood, disfrazado de clérigo, consiguió labrarse la amistad del guardián, Talbot Edwards, que vivía allí con su familia y cuidaba la torre de Martin, donde por aquel entonces se encontraban las joyas. Con la excusa de querer casar a un sobrino con la hija de Edwards, Blood se presentó allí en 1671 con un socio y, mientras esperaban a la futura novia, pidió ver las joyas. En cuanto Edwards abrió la cámara, Blood lo atacó e hirió de gravedad y se escondió la corona, ojo al dato, debajo de la capa en un plan digno del mismísimo Willy E. Coyote. Un orbe fue a parar a los pantalones de su socio mientras él trataba de partir el cetro para hacerlo más fácil de transportar. El robo fue frustrado por el hijo de Edwards, que regresó del extranjero en ese inoportuno momento, y tras una persecución digna de una peli del oeste, los ladrones fueron arrestados. Vivir para ver. Blood consiguió una audiencia con Carlos II y esa misma monarquía que convertiría el divorcio en un arte determinó que, como poco, el hombre había tenido gracia y le otorgó una pensión y promesa de devolverle sus posesiones perdidas en Irlanda, mientras que Edwards fallecía de sus heridas al poco tiempo.


(7) Pueblos como Marbella demuestran que las cosas no han cambiado tanto como cabría esperar.


Cuadernos de viaje: Cuba (II)

¡Seguimos en Cuba, señores! Y a pesar de la tormenta tropical Helen y algunas otras cosillas que se reflejan en la famosa frase cubana de “es complejo”, yo segui dibujando 🙂

El giraldillo de la Habana

El giraldillo de la Habana

El Malecon

El Malecon

El museo de la Revolucion (La Habana)

El museo de la Revolucion (La Habana)

Parada del 190, La Habana

Parada del 190, La Habana


El gran cañon en helicoptero

Cris y hermana negandose a subir al Skywalk

Cris y hermana negandose a subir al Skywalk

Hace ahora casi un año, en un viaje a Estados Unidos hice un trato con mi hermana: unas noches en las Vegas a cambio de un dia en el Gran Cañon del Colorado. La experiencia fue un poco decepcionante, la verdad, porque alli lo llevan todo en plan parque de atracciones, con pulseritas de colores, vallas por todos lados y pocas posibilidades de ir a nuestra propia bola. No obstante, fuimos niñas buenas e hicimos el tour completo, incluyendo la excursion en barquito, el Skywalk y el paseo en helicoptero. Aqui van unos videos del cañon desde el helicoptero. A mi hermana, con su vertigo, le toco delante por ser la que menos pesaba, pero la vista desde atras tampoco era mala. Eso si, llegado el Skywalk, se planto en firme y no hubo quien la subiera en la plataforma, pero tampoco yo jugue en las maquinas, asi que todos conformes 🙂